Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito, Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamerica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.



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jueves, 15 de noviembre de 2012

Panamá - Mito Guaimí - Origen del mundo y del hombra

Guaimí o Ngäbe es un pueblo indígena que habita en el occidente de Panamá, principalmente en la Comarca Ngobe-Buglé, en las provincias de Veraguas, Chiriquí y Bocas del Toro. En Costa Rica, viven en cuatro reservas indígenas: Altos de San Antonio (Coto Brus), Abrojos-Montezuma (cantón de Corredores), Conteburica y Guaymí de Osa. Son más de 200 mil personas y hablan el Ngäbere, un idioma de la familia chibcha. La frontera entre Panamá y Costa Rica se definió sin consultar a este pueblo, por lo que quedó partido en dos. Aunque se les conoce más como guaymí, ellos prefieren llamarse a sí mismos Ngäbe (que en español se pronuncia «nobe»). Este hermoso relato fue tomado del Blog Cuasran de un documento escrito por Carmen Rojas Chaves. Dice así la narración:

 
Ngöbö, el dios padre, es el creador de todo lo que existe. Es atemporal y no se le conoce su origen ni su parentesco con otros seres.
Al inicio de los tiempos, el mundo que había era de piedra y a partir de la piedra, en cuatro días, Ngöbö creó todos los elementos de la naturaleza, todo lo necesario para que la vida humana fuera posible. Por último creó al ser humano.
Primero sólo había piedra. Luego Ngöbö creó el agua y con esta cubrió todas las piedras. Quiso crear al hombre, pero vio que aún no estaban dadas las condiciones para su existencia. Entonces creó el barro, el lodo, pero vio que ahí tampoco podían nacer sus semillas, las personas. Entonces decidió crear el mundo como una gran casa de cañas con techo de palma, o como una gran totuma, según otras versiones. El mundo, entonces, tiene la forma de una gran casa, cuyo techo es sostenido por Uli Kran.
En la construcción de esta casa participaron cuatro personajes: el dueño del mapache, el dueño de la libélula, el dueño de las gallinas y el dueño de los pájaros carpinteros. Este último fue fundamental: él terminó de construir la casa, porque los demás no quisieron hacerlo.
Una vez creada la gran casa que constituye el mundo, Ngöbö creó al hombre, a partir de cuatro diferentes clases de maíz: el blanco, con el que se creó a la gente blanca; el negro con el que crearon los negros; el morado, con el que crearon a los indígenas y el amarillo, del que se crearon los extranjeros. Estas semillas de maíz las había dejado Ngöbö en la tierra, bajo el cuidado de Tibi Tolero, el dueño de los cornezuelos.
Inicialmente, todos los elementos del entorno tenían características humanas: hablaban y sentían. Luego estas facultades quedaron sólo para los humanos. Los animales querían seguir viviendo entre las sociedades humanas, ser parte de ellas. Con el tiempo la gente se fue separando de los animales y contó con la prohibición de Ngöbö de vivir juntos, de establecer parejas mixtas y de procrearse. No contentos con esta decisión de Ngöbö, los animales intentaban atraer a las personas, engañándolas de diferentes formas, principalmente tomando figura humana, como se muestra en los múltiples relatos que presentan este motivo.
Una vez que el proceso de creación de la tierra se había completado y la población aumentó, comenzaron a darse muchos conflictos entre las personas, muchas peleas. Ngöbö hizo varias advertencias a los humanos, pero estos no obedecieron. Entonces mandó un espíritu maligno, Ngiba Kogi para que recogiera todo lo que había para comer. A partir de este hecho se sucedieron una serie de cataclismos: una gran hambruna, un largo eclipse que oscureció el mundo y finalmente un diluvio que ocurrió porque Ngiba Kogi rompió la cumbrera de la casa y se metió la lluvia.
Estos fenómenos destruyeron la mayor parte del mundo creado y causaron la muerte de toda la población que había.
Pero Ngiba Kogi había guardado una semilla de maíz de dos granos. Se la quitaron y la sembraron y nuevamente hicieron la gran casa, el mundo. La semilla germinó y creció, con lo que reapareció la humanidad.
Pero de nuevo hubo conflictos entre las personas, por lo que Ngöbö, después de haber advertido en vano, mandó una prolongada sequía. Murió mucha gente y la humanidad estuvo a punto de desaparecer. Entonces la golondrina fue a buscar la lluvia y la trajo, evitando así la extinción de los pocos humanos que habían quedado.
Esta vez, Ngöbö encargó a Murie Däguien, 'El Dueño del Viento', que vigilara a sus semillas, a los humanos. Para entonces, éstos coexistían con seres muy grandes, con poderes especiales, a los que Murie Däguien se llevó para Kä Nägue, “La Ciudad de los Espíritus”. El clima se normalizó y esto permitió el desarrollo de una nueva humanidad, la actual.



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