Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito,Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamérica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.


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miércoles, 7 de mayo de 2014

Guatemala - Mito Maya - La creación

La primera versión escrita de este mito del Popol Vuh permaneció oculta hasta 1701, cuando los mayas de de la comunidad de Santo Tomás Chuilá, Guatemala, la mostraron al sacerdote dominico Fray Francico Ximénez. Las secciones que aquí comentamos proceden de las partes primera y tercera del Popol Vuh (que consta de cuatro partes). Se refieren a la creación del mundo, las migraciones y el asentamiento final de los antepasados del pueblo quiche. El siguiente mito fue tomado de la obra Guerreros, Dioses y Espíritus de la Mitología de América Central y Sudamérica, de Douglas Gifford.
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Fue aquél un tiempo en el que todo estaba en calma y en silencio, en el que no existía el movimiento, en el que la inmensidad del firmamento estaba vacía. No había hombres ni animales. No había pues ni pájaros, ni peces, ni cangrejos, ni árboles, ni piedras, ni cavernas, ni cañadas, ni hierba. Sólo existían el cielo inmenso y el mar tranquilo. No había tierra; nada que se moviera o que hiciese ruido; nada que sobresaliese rompiendo la línea del horizonte entre el cielo y el mar.

viernes, 25 de abril de 2014

México - Mito Azteca - La guerra de los Soles

El pueblo Azteca, antes llamado mexica, fue el último de los grupos nahuatlacos que llegaron a la cuenca de México, a finales del siglo XIII, cuando la mayor parte de los territorios centrales del país habían sido ocupados. Por tal motivo, se vieron obligados a luchar incansablemente para establecerse en el gran lago de México, en donde construyeron su espléndida capital, Tenochtitlán. El siguiente mito sucede en el contexto de los Cinco Soles aztecas y fue tomado de la obra Guerreros, Dioses y Espíritus de la Mitología de América Central y Sudamérica, de Douglas Gifford.
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Se cuenta que, hace muchísimos años, hubo dos soles, uno viejo y otro joven. Un día, el viejo Sol le dijo al joven:
—Vamos a buscar un poco de miel para comer.
—Sí, me gustaría tomar un poco de miel —dijo el joven—, pero me duele una pierna y no puedo subir a un árbol.
—No te preocupes —le dijo el viejo Sol—. Yo subiré al árbol.
—¿Y me darás un poco de miel?
—Por supuesto —dijo el viejo Sol—. ¿Por qué no?
Los dos soles se adentraron en el bosque y pronto encontraron un árbol que tenía miel. 
—Subiré y, desde lo alto, te tiraré parte del panal —dijo el viejo Sol. Y trepó al árbol, hasta llegar a una rama en la que las abejas habían hecho su panal. Enseguida empezó a atiborrarse del dulce líquido.
—¡Eh! ¿Y yo qué? —gritó el joven Sol desde abajo.
—Espera un poco. Enseguida te doy un poco —dijo el viejo Sol, desde la copa del árbol—. Abre la boca.
El joven Sol miró hacia arriba con la boca abierta, y entonces el viejo Sol le tiró un trozo de panal. Para desgracia del joven Sol, ya no quedaba ni una pizca de miel y aquello no era sino una masa de cera.
El joven Sol protestó, pero el viejo le dijo que él había comido exactamente lo mismo.
—Toma, prueba ese trozo —le gritó, arrojándole otro pedazo de cera. - El joven Sol se enfadó mucho.
—Ya te daré yo a ti cera, ya —murmuró; y comenzó a modelar figuras de animales con la cera, y a ponerlas alrededor del tronco del árbol.
Uno a uno, los pequeños animales de cera cobraron vida; hasta que, al fin, se convirtieron en una manada de agutís, que empezaron a roer la tierra y luego las raíces del árbol. El viejo Sol, que seguía trasegando miel, no se enteró de nada hasta que el árbol comenzó a resquebrajarse y a tambalearse.
—¿Qué pasa? —preguntó el viejo Sol—. Parece que el árbol se tambalea... ¡Socorro!
Y el árbol, en efecto, con gran estrépito, cayó al suelo. En ese instante el viejo Sol desapareció del mundo, pero en su lugar apareció una manada de cerdos, de los cuales descienden todos los cerdos y jabalíes que hoy día existen. Se cuenta que su carne es rica y dulce, pues nacieron del Sol que se había comido toda la miel de aquel panal.

lunes, 25 de agosto de 2008

Colombia - Mito Tikuna - Creación

La familia Tikuna habita el trapecio amazónico y tiene una población de 27.000 habitantes, siendo el grupo más numeroso del Amazonas. Se estima que en el Brasil habitan alrededor de 20.000 indígenas, mientras que en Colombia habitan 6.585 personas. Este relato sobre la Creación es un relato de Wilson Ramos y está tomado de la web del SINIC:
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Esta es la historia del principio del mundo, cuando la creación estaba incompleta, cuando no había agua, ni luz, ni hombre para que al menos cuidara de las cosas del mundo. Solo estaban la tierra, el cielo, algunos animales y frutas por conocer. Era una confusión, la oscuridad sobre la tierra dependía de un árbol inmenso que la cubría.
Así fue que llegó el momento en que Yoí, el primer padre existente en la tierra, reflexionara para dar y poner fin a las cosas. De esta manera habló a su hermano Ipí, pero éste era muy pícaro y todo lo que su hermano mayor decía, lo contradecía a pesar de que fuera su única compañía en la tierra.
El cielo estaba cubierto de oscuridad. Yoí llamó a su hermano y dijo:

- “Vamos a coger todas las frutas existentes en la tierra y llamamos a los animales existentes para convocarles que vamos a tumbar este árbol inmenso llamado Lupuna”
Entonces todos los animales existentes sobre la tierra comenzaron a picar, morder y raspar el árbol. Toda una multitud de animales que ya existían en la tierra estaban a punto de tumbar el árbol. Sin embargo, Yoi e Ipí se sorprendieron porque aún no lo conseguían. Entonces Yoí mandó a llamar a las dos especies de ardillas que existían en el mundo. Mandó subir a la ardilla golosa hasta el final del árbol para ver por qué no quería caer. La pequeña ardilla no consiguió llegar hasta la cima del árbol, solo pudo llegar hasta la mitad.
Entonces Yoí mandó subir a la otra especie de ardilla, que era la ardilla trepadora. Esta ardilla sí pudo trepar hasta la cepa del árbol y descubrió la razón de la sorpresa de Yoí e Ipí. Bajó enseguida y le dijo a Yoí que era un mico perezoso que con las manos tenía agarrado el cielo y con los pies tenia agarrada la copa del árbol y era por eso que no quería caer.
Yoí mandó nuevamente a la ardilla trepadora a la cima del árbol con ají para echarle al mico perezoso. Ella llegó hasta la cepa del árbol, le echó el ají en la boca al mico perezoso pero no le hizo nada. La ardilla volvió a bajar y dijo que el ají no le hacía nada al mico.
Entonces volvió a subir con unas hormigas pequeñas que en la zona se conocen como “twnw”, cuya picadura es muy fuerte. La ardilla llegó y esparció las hormigas en el cuerpo del mico. El dolor de las picaduras de las hormigas hizo que el mico perezoso fuera soltando el árbol que sostenía hasta que al fin lo hizo.
Este árbol cayó sobre el mundo formando relámpagos, truenos y haciendo brotar aguas. Un inmenso caudal se formó del tronco dando origen al río Amazonas y de las ramas se fueron formando las lagunas y afluentes.
Fue tanta la alegría de Yoí que se metió al agua y a medida que las gotas lo salpicaban fue convirtiéndose en una multitud de peces que llenaron los ríos. Entonces Ipí notó su soledad y vio que sobre el agua flotaba el corazón del árbol. Por curiosidad lo cogió, lo plantó y cuidó con mucho cariño estando siempre pendiente de él. Luego de algún tiempo se lo comió y sintió algo maravilloso, al botar la semilla vino una señorita muy hermosa y le dijo que lo quería mucho. En adelante, Ipí la consideró como su mujer. Esta fue la primera pareja que existió en el mundo.
Yoí volvió a la tierra donde su hermano Ipí que ya tenía esposa, pero al llegar, la esposa de Ipí desapareció y Yoí se sintió solo y triste. Un día se fue al puerto y se sentó a la orilla del río cuando de pronto se le apareció una joven muy hermosa que se quedó con él. Yoí consiguió pareja mientras su hermano se quedó solo de nuevo.
Yoí pensó en organizar todos los seres que había creado y organizarlos por clanes.
Yoí e Ipí estaban juntos cuando se les apareció una iguana. Yoí la mato y enseguida la cocinaron. Cuando estuvo preparada Yoí la repartió entre todos los animales creados por él. Cuando la iba repartiendo a cada animal iba mencionando el clan al que pertenecía: el muchilero, la garza, el tigre, la guacamaya, el tucán, la garza negra, la hormiga, el canangucho, en total catorce clanes. Así mismo instruyó a cada uno sobre con quién podía casarse dejando bien claro que por ejemplo, guacamaya con garza no se podía, al ser unión de dos plumas, pero que guacamaya con tigre, no era ningún problema, pues era piel con plumas. También estableció que los hijos heredarían el clan de su padre y pronunciando estas palabras volvió al tronco del palo y al río más grande, el río Amazonas.

martes, 3 de junio de 2008

Perú - Mito Jíbaro - Creación


Los Jíbaros son tribus indígenas encontradas en la región amazónica del Perú, en el este del Ecuador y en Colombia occidental. El Jíbaro era violentamente agresivo con otras tribus y extranjeros, luchando con lanzas, y cerbatanas. Las cabezas de sus enemigos caídos eran preservadas con humo y conservadas como trofeos. Los jíbaros eran reacios a todo tipo de influencias del exterior, ya fuera la subyugación Inca, la influencia europea (sobre todo española) y la cristianización. El mito que se relata a continuación, fue tomado de la página web Scribd: Medio ambiente y cultura.

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La tierra, al principio, estaba desnuda y fría. Yus, el dios creador, pensó en vestir la tierra seca con árboles gigantes y pequeñas plantas. Entre las ramas el viento silbaba, lo que recordó a Yus que necesitaba poblar su creación con pequeños animales que silbaran con el viento. Creó así a pequeños animales como las moscas y otros insectos, serpientes que también silbaban. Junto a ellos colocó pequeños animales que saltaban de rama en rama, muertos de sed.

Entonces se dio cuenta que éstos no tenían agua, por lo que tomó un jarro de oro y derramó el líquido sobre las copas de los árboles formándose entre ellos primeros manantiales y después enormes ríos, poblándose de inmediato de innumerables peces.

Miró entonces al cielo, y lanzando su pañuelo a las alturas, cubrió el cielo apareciendo entonces el sol, la luna y las estrellas.

Pero Yus no estaba satisfecho con su creación ya que sus criaturas eran demasiado simples para comprender la grandeza de su obra, por lo que tomó un puñado de barro y modeló una figura de hombre. Luego subió a un gran volcán y sobre su cráter se coció el hombre. Dios dio un soplo sobre la figura para enfriar el cuerpo, dándole así la vida y la inteligencia para que se extendiera por la tierra.

sábado, 23 de febrero de 2008

Colombia - Mito Huitoto - Creación y Origen nombres. Video



Este relato del mito de la Creación y del origen de los nombres está tomado del libro Primitivos relatos contados otra vez de Hugo Niño (1976). Los indígenas Huitoto (o witoto) habitan en la zona del sur del departamento del Amazonas de Colombia. Se estima que esta etnia tiene una población de 6.245 personas. Los Huitoto hablan diversos dialectos de acuerdo con la zona donde se asientan. La narración es la siguiente:
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Antes no había más que tinieblas. Una vez Juttíñamüi, padre creador, dominador del universo, conversó, a solas, con su espíritu, acerca de cómo formar el mundo. Después de reflexionar mucho, se decidió por hacer primero la superficie, luego los árboles y luego los animales.
Cuando hizo los animales, los examinó cuidadosamente y, como no quedó contento, resolvió modificarlos para que que­daran mejor a su imagen, a su deseo. Se dedicó, pues, a com­ponerlos; y cuando terminó la modificación de aquéllos cuya naturaleza era buena para tal, decidió:
—Voy a hacer Jitoma, pues no veo bien lo que he hecho.
Y el Sol apareció iluminando al mundo.
Pero como Juttíñamüi no los había modificado a todos, muchos quedaron con plumas, con colas, como los lagartos. Quedaron animales, porque no los alcanzó a crear bien; pues cuando Jitoma alumbró al mundo, dividió a los seres en dos clases: hombres y animales. De ahí que los animales que­daran envidiosos del hombre, porque debido al Sol no alcanzaron a ser creados bien. Por eso en la noche son mansos y al amanecer se tornan ariscos; ésa es su naturaleza. Quedaron, pues, los animales en un lado y en el otro los primeros creados, cuyos nombres fueron: Yinaka Puinaño, la primera madre, y Yinaka Kcinuya Puinoima, el primer padre.
Ellos, los primeros padres, vivieron mucho y tuvieron numerosos hijos entre quienes se contaron los cuatro más nota­bles, las raíces del género humano, cuyos nombres fueron: Monaya Nuroma, Monaya Jurama, Jajíoma Kojotía y Yinaka Dórak.
Cuando los primeros padres envejecieron y sus cuerpos los dejaron, sus espíritus quedaron flotando en el universo. Entonces las cuatro raíces, los jefes, reunieron a sus demás hermanos y dijeron:
—¡Vamos a buscar los rincones del mundo! —dicho lo cual, cada uno se fue con un grupo en las cuatro direcciones.
Llegados hasta los extremos del mundo, allí se estable­cieron. Comenzaron a multiplicarse, y su número aumentó en gran manera.
Pero Juttíñamüi pensó: «No tienen nombre; se fueron sin nombre.» Y arrancando del dedo grande de su pie un pelito, lo arrojó al mundo. El pelito cayó sobre una laguna; y he aquí que, cuando tocó el agua, se convirtió en una boa.
Al suceder esto, los espíritus de los primeros padres, que estaban flotando en el universo, acudieron a donde sucedía tan increíble hecho, y cuando llegaron a la laguna, fueron transformados en Jidéurui Pajnueni y Rama Takúnari, los enviados, los portadores de la palabra, del nombre. Ya transformados, iluminado su entendimiento, dijeron:
—Ese es el secreto de los nombres de las tribus; el secreto está en la boa.
—Sí, vamos a buscar a nuestros hijos.
Se fueron entonces a recorrer todo el mundo, llamando a la gente, a los que se habían ido sin nombre, para dárselo.
Cuando todos fueron llamados, cuando ya habían sido guiados de vuelta por las cuatro raíces, se reunieron en la laguna.
Jidéurui Pajnueni y Rama Takúnari se introdujeron en el agua para capturar la boa y obtener el secreto de los nombres; durante días y noches trataron inútilmente de apresarla. Cansados, acudieron a sus hijos para perseguirla entre todos; pero aún así, resultó imposible; intentaban e intentaban, mas no podían. Clamaban apesadumbrados:
—No podemos capturarla. No podremos tener el secreto de nuestros nombres.
Por lo cual Juttíñamüi, el padre creador, se compadeció de los hombres y envió un águila en su auxilio para capturar la boa.
El águila vino volando por los cielos, a gran velocidad; con mucha fuerza se dirigió a la laguna y, cuando ya iba a cogerla, la boa se escapó; el águila volvió a remontarse y fue descendiendo, como sin querer cazarla; cuando ya estuvo cerca se picó rápidamente y, agarrándola, voló con ella hasta la orilla.
Ya en su poder, dijeron los enviados:
—Y ahora, ¿qué haremos? —A lo que Juttíñamüi aclaró sus inteligencias, con la revelación de que debían cocinarla primero para dar nombre a la gente. Regocijados, exclamaron:
—Vamos a cocinarla y repartirla entre todos para darles nombre, para que puedan llamarse.
Así, pues, trajeron una olla de barro y en ella pusieron a cocinar la boa. Instruyeron luego a la gente:
—Id a buscar hojas en que recibir la comida. Id a buscarlas para que podáis llamaros, Todos, felices porque ya iban a tener nombre, fueron a buscar las hojas. Regresaron con ellas para recibir la comida de la boa; entonces los padres los fueron llamando, así sin nombre, sólo para que se acercaran a recibir la comida. El primero que se acercó tenía su plato formado con hojas de palo de chucha; los enviados le sirvieron y le dijeron, tal como les había sido revelado;
—De ahora en adelante tu nombre será Jeíya, palo de chucha; y tu tribu será la de los Jeíya i.
Del mismo modo, siguieron nombrando a cada uno y a su tribu, según las hojas del árbol que hubieran tomado; pero como unos no alcanzaron a bajar hojas, cogieron aves del monte para arrancarles las plumas y así quedaron también.

Jipikuénne, caimito, de la tribu de los Jipikuennei.
Künennéj, canangucho,
de la tribu de los Künenne.
Ejpagái, palo de guacamaya, de la tribu de los
Ejpagái.
Meénaga, pluma de azulito, de la tribu de los Meénagai.
Mwitóipeye, pluma de pava, de la tribu de los Mwitóipeyei.
Inyeréyai,
palma de techar, de la tribu de los Inyeréyai.
Ñekúube, palma de chambira,
de la tribu de los Ñeküranne.
Ennókape, de la tribu de los Ennókayai.
Yarebe, ortiga, de la tribu de los Yoria.
Wíguupe, de la tribu de los
Wiguúyai.
Ekúube, barbasco, de la tribu de los Ekuuréjitai.

Todas las tribus tomaron, recibieron sus nombres de las hojas, de las plumas, sin ser ellas su origen, sino el instrumento de que se valió la sabiduría de Juttíñamüi, con el mandato de que cada clan fuera guardián de su planta, de su ave.
Acontecido esto, las cuatro raíces, los primeros conductores, cumplida su larga misión en la Tierra, dijeron:
—Muy bien, ya cada tribu tiene su nombre, ha formado su clan. De manera que podéis elegir vuestro lugar, podéis cazar, pescar, sembrar y reproduciros. Ahora nosotros nos vamos a gobernar los reinos.
Cumplida su misión, los cuatro se dirigieron a gobernar cada uno de los principales reinos del universo: el Reino Negro o de las Tinieblas, el Reino Blanco o de la Luz, el Reino Verde o de la Selva y el Reino Rojo, el de la Sangre.
Sucedió que, cuando ya se había repartido todo, después de la partida de las cuatro raíces a gobernar los reinos; cuando habían sido asignados los nombres a todas las tribus y no quedaban más que débiles rastros de la boa, se llegaron hasta Jidéurui Pajnueni y Rama Takúnari dos grupos retrasados, que no habían alcanzado a acudir a la repartición; pidieron los del primer grupo:
—Por favor, dadnos algo, que queremos nuestros nombres.
Ellos vieron si quedaba algo todavía y, como así era, con los débiles rastros de la sangre de la boa les humedecieron sus cuerpos y les dijeron:
—Vuestro nombre será Mwinane, el de los humedecidos con la sangre de la boa. Buscad también vuestro lugar para vivir, formad vuestro clan, vuestra tribu, que también habéis alcanzado a ser parientes de los witotos.
Los Mwinanes se retiraron felices y muy agradecidos porque habían alcanzado a recibir su nombre.
Pero para el otro grupo no había quedado nada, ningún rastro; ellos dijeron preocupados:
—¿Y nosotros? ¿No nos dais nada? ¡Oh!, dadnos algo.
Con pesar en sus corazones, debieron responderles:
—Hijos, habéis llegado muy tarde, y no tenemos nada para daros vuestros nombres— .A lo que ellos palidecieron de angustia sin saber qué hacer, sin nombre, sin poder tomar espíritu. Ablandado su corazón, Rama Takúnari les dijo:
—No os aflijáis, que no moriréis; por ahora tendréis que ir al norte, muy lejos, pero después podréis volver y uniros a los witotos.
Así fue que el generoso corazón de Rama Takúnari les permitió continuar viviendo a ellos, los palidecidos, hasta cuando un día se cumpliera él tiempo, la profecía de poder regresar donde los witotos.
Así fue también el origen de las tribus witotos de sus nombres y de sus raíces.

martes, 19 de febrero de 2008

Argentina - Mito Guaraní - Creación

Los guaraníes son un grupo de pueblos sudamericanos, cuyos habitantes viven en el actual territorio de Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia.
El siguiente relato mítico fue tomado de la web del CEIA - Identidad Aborigen, que lo transcribe del libro Cuentos que cuentan los guaraníes del autor Miguel Angel Palermo.
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Cuentan los Guaraníes que en el principio de los tiempos estaba solo el Dios Creador, que ellos llaman Ñanderú. Ñanderú se había creado a sí mismo, de a poco.
En ese entonces no había ni árboles ni montañas, ni gente, ni nada. En su soledad, Ñanderú empezó a crear. Creó primero el lenguaje de los hombres, las palabras. Y entonces quiso que alguien más pudiera hablar y creó a otros dioses, cuatro parejas de dioses que a su vez iban a tener hijos también dioses.
Después, Ñanderú hizo que la punta del bastón que siempre llevaba en la mano empezara a engordar, más y más. De allí salió la Tierra, de a poquito.
Para que la Tierra no se moviera, creó una palmera. Era una palmera que iba a durar para siempre y estaba justo en el medio de la Tierra. Después creó otra palmera igual en el Este (que es por donde sale el sol), otra en el Oeste, otra en el Norte y otra en el Sur. Y así, con esas cinco palmeras que iban a vivir siempre, sin secarse nunca, la Tierra quedó como clavada, bien firme.
Al cielo lo dejó apoyado sobre cuatro columnas, cuatro postes de madera iguales a su bastón
Fue entonces cuando hizo los primeros animales y las primeras plantas. Uno de los primeros que voló por ahí fue el Colibrí; la Víbora fue la primera que se arrastró. La primera en cantar fue la Cigarra.
Los Guaraníes dicen que, de entrada, Ñanderú había hecho la Tierra toda tapada por una selva que no se acababa más; parece ser que después pensó que era mejor que hubiera también campos sin árboles, y ahí creó a la Langosta. La Langosta iba por todos lados, a los saltos, y en algunos lugares clavaba la cola en el suelo (igual que hacen hoy todas las langostas para poner sus huevos). En ese lugar crecía el pasto y desaparecían los árboles y es así que las llanuras aparecieron después que vino la Langosta. Cuando estuvieron listos esos campos, llegó la Perdiz, que se alegró, cantó de contenta y se quedó a vivir ahí.
Después Ñanderú inventó el Tatú, que se puso enseguida a escarbar la tierra.
La Lechuza quedó como dueña de la oscuridad; por eso, sale nada más que de noche y duerme de día.
Después vinieron otros muchos animales y también los primeros hombres y mujeres.
Entonces, Ñanderú se volvió al cielo y les dejó encargado a los otros dioses que cuidaran bien de todo.
Pasó el tiempo; algunas personas se habían vuelto muy buenas pero otras se habían vuelto muy malas: no todo andaba bien, así que los dioses decidieron que era mejor hacer arreglos.
Pero para no dejar las cosas a medias, mandaron un diluvio: toda la Tierra se inundó. La gente buena pudo subir al cielo con Ñanderú pero los que eran malos se transformaron en animales: ranas, peces y otros bichos.
Después, Ñanderú le pidió a otro de los dioses, que se llamaba Jakaira, que se encargara de hacer de nuevo la tierra. Jakaira, a su vez, le dio trabajo a su hijo Pa-pa Mirí.
Pa-pa Mirí trabajó mucho. Hizo nuevas plantas, nuevos animales; fue amasando la tierra nueva y llenándola de árboles y pasto. Hizo ríos y arroyos. Pero parece que antes de que terminara lo llamó la madre, porque lo quería ver, y Pa-pa Mirí dejó las cosas como estaban. Y dicen los Guaraníes que por eso hay montañas que no son sino montones de tierra y piedras que le sobraron al dios y que a la gente no le sirven de nada.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Colombia - Mito Chibcha- Creación 1

Los Chibchas o Muiscas, son un pueblo amerindio perteneciente a la familia lingüística chibcha que habitaron las riberas del río Magdalena, cerca de Bogotá, Colombia. En el pasado ocupaban parte de la actual Panamá y los altiplanos de la cordillera Oriental de Colombia. Este mito chibcha sobre la creación de la vida y la luz por obra de Nemequene lo hemos recogido del libro Latinoamerica Indígena, de Carlos Alzate:
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En el comienzo era la oscuridad. Todo estaba sumido en las tinieblas. La tierra era blanda y fría y nada crecía en ella. No había ni plantas, ni animales, ni belleza. Todo era desolación. No había hombres. Los únicos seres vivos sobre la tierra eran el dios Nemequene, su mujer y su hijo.

Nemequene quiso crear la vida y la belleza sobre la faz de la tierra. Así, tomando un poco de barro blando y frío modeló las figuras de los hombres y de los animales. Tra­bajó muchos días en su obra, pero los muñecos que ha­cía no tenían vida. No podían moverse ni respirar. Pa­saron años y más años, y todavía no había sobre la tierra más que Nemequene y su familia.
Por último Nemequene llamó a su hijo y lo envió al cielo para que iluminara la tierra. El hijo de Nemequene llegó al cielo y se convirtió en Súa, el sol, para iluminar de pronto el mundo oscuro. Los brillantes rayos de Súa inundaron la tierra. El frío barro se calentó. Comenzaron a crecer hierbas, árboles y plantas. En donde antes había habido desolación, hubo lozanía y verdor. Comenzó a co­rrer el agua, formando ríos y lagos.

Y el cálido sol puso vida en los muñecos de barro que Nemequene había hecho. Algunos de ellos se convirtieron en pájaros, que volaron y anidaron en los árboles de los bosques; otros se convirtieron en peces, que nadaron por las aguas; otros se convirtieron en animales y. otros en seres humanos.

Sin embargo, las gentes creadas por Nemequene no eran del todo felices, pues la luz y el calor que Súa les prodigaba les llegaban solamente algunas horas. Cada noche, mientras Súa descansaba, volvía a reinar la oscuridad. Entonces las gentes acudieron a Nemequene y le pidieron ayuda.

Nemequene amaba a los seres que había creado y quería ayudarlos. De manera que subió al cielo y se convirtió en Chía, la luna. Así compartió la tarea de iluminar el mundo con su hijo Súa. Súa derramaba sus rayos de luz sobre la tierra de día, y Chía de noche. Desde entonces, las gentes creadas por Nemequene quedaron contentas, y nunca olvidaron de darle las gracias.
Además celebraban fiestas en honor de Súa y de Chía y a veces dedicaban sus hijos al sol y a la luna llamando a tales niños "Suachias" antes de darles nombres propios.
Así fue como se produjo la vida en el mundo, según lo recuerdan los chibchas, es decir, el pueblo de Nemequene.

Colombia - Mito Wayúu - Creación

El pueblo Wayú habita la península de la Guajira al norte de Colombia y noroeste de Venezuela, sobre el mar Caribe. Según los censos realizados, su población está constituida por 144.003 personas y constituyen el 48 % de la población de la Península de la Guajira. La mayor densidad de su asentamiento se presenta en Nazareth. El relato es el siguiente:

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Al principio solo vivía Maleiwa, allí arriba muy lejos, cerquita de Caí (sol) y al lado de Kachi (luna); también vivía con ellos Juya (lluvia) y aquí a bajo estaba Mma (Tierra), muy sola.
El sol Kaí tenia una hija llamada Warattui (Claridad) y la luna (Kashi) una hija llamada Pluushi (oscuridad). Shulliwala (estrellas) eran hijas de Pluushi.
Un día Juya empezó a caminar y se encontró a Mma y brotó con ella, se enamoró de ella y en su alegría cantó y su canto fue un Juka Pula Juka (Rayo) que penetró en Mma y brotó de ella un Ama Kasutai (caballo blanco) que se convirtió en Ali Juna y fue papá de todos los Ali Juna Blanco.
Mma quería más hijos y entonces Juya siguió cantando y muchos rayos cayeron y Mma parió a Wunu Lia (plantas) que brotaban en su vientre; tenían muchas formas y tamaños, pero todas eran quietas y no se movían. Mma seguía triste porque ella quería hijos que caminaran, se movieran, y fueran de un lugar a otro.
Maleiwa no quería ver triste a Mma, por eso vino a Wotkasairu, aquí en la Alta Guajira y tomó pootchi: -Ustedes serán los Wayuu (hombres), hablarán y caminarán por todas partes, esta tierra será suya. Siguió haciendo figuras pero a ellas les dijo: -A ustedes no las dejo hablar, ustedes serán Muru-ulu (Animales). Los hizo de diferentes tamaños y formas, unos grandes y otros pequeños, unos con cuatro patas y otros con dos. A unos les dio brazos para volar, a otros los dejo aquí caminando. Maleiwa es el Julaulashi (jefe o autoridad superior). Les ordeno a los Wayuu que no podían pelearse, tenían que vivir en paz y respetarse.
No puedes matar a ningún Wayuu porque será vengado y pagará toda tu familia, no derrames sangre porque en ella está la vida. Por eso cuando la derrames, cóbrala. No cojas lo ajeno. No es tuyo, si lo haces tendrán que pagar tres veces más el daño hecho.
Esas son las ordenes de Maleiwa y nosotros la respetaremos y la cumplimos. Todos lo han hecho, nuestros antepasados y nosotros ahora.
Este mito fue tomado de: