Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito,Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamérica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.


Para hacer de este Blog un espacio compartido, agradeceremos los aportes de los lectores, ya sea para transcribir el mito de un país, como para expresar sus opiniones sobre la página o sobre algún mito en particular. En ambos casos pueden utilizar el vínculo de COMENTARIOS que hay al final de cada mito. ¡Ayúdenos a hacer de esta página un Banco de Mitos Latinoamericanos!

En agosto de 2019 ofrecimos unas estadísticas de Las 10 entradas más visitadas en 11 años.




Mostrando entradas con la etiqueta Creación por estado de ánimo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Creación por estado de ánimo. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de marzo de 2009

Argentina - Mito Tehuelche - Creación

Los tehuelches se dividen en dos grandes grupos: los del Norte y los del Sur. Los primeros vivían en una amplia área desde el río Chubut en la Patagonia, Argentina, hasta la región pampeana incluida; los segundos tenían sus territorios tradicionales al sur del río Chubut, hasta el Estrecho de Magallanes. Este mito tehuelche fue tomado y adaptado de la web page de La Leyenda:
.
El que siempre existió vivía rodeado por densas y oscuras neblinas allí donde se juntan el cielo y el mar, hasta que un día, pensando en su terrible soledad, lloró y lloró por un tiempo incontable... y así sus lagrimas formaron a Arrok, el mar primitivo... El eterno Kóoch al advertirlo dejó de llorar, y suspiró... Y su suspiro fue el principio del viento... Entonces Kóoch quiso contemplar la creación: se alejó en el espacio, alzó su mano y de ella brotó una enorme chispa luminosa que rasgó las tinieblas. Había nacido el Sol.
Con él la sagrada creación tuvo la primera luz y el primer fuego, y con él nacieron las nubes...
Y los tres elementos del espacio armonizaron entonces su fuerzas para admirar y proteger a la tierra de la vida perecedera que Kóoch había hecho surgir de las aguas primeras.
Andando el tiempo Elal, el héroe-dios, el nacido de la Nube cautiva y el cruel gigante Nóshtex, creó a los Chónek (hombres) de la raza tehuelche en las tierras del Chaltén... y fue su organizador, protector y guía.
Y entre otras muchas cosas, como Elal viera que sus criaturas tenían frío y oscuridad, cuando el Sol no estaba en el Cielo, les enseño a hacer fuego, el mismo que les permitiera vencer a la nieve y al frío en las laderas del Chaltén, el que brota cuando golpean ciertas piedras... Dicen que a partir de entonces los tehuelches ya no temieron a la oscuridad ni a las heladas porque eran dueños del secreto del fuego, y el fuego era sagrado para ellos porque se los había dado su padre creador...

martes, 17 de junio de 2008

Chile - Mito Mapuche - Creación


Los Mapuches han ocupado zonas de Chile y en Argentina en las Provincias de Neuquén y Río Negro. A la llegada de los conquistadores, superaban el millón de personas y nunca pudieron ser dominados por los españoles. Actualmente hay un movimiento de recuperación de sus aspectos culturales, su reconocimiento como etnia y de recuperación de sus tierras. La historia que acá se relata sobre la creación es tomada de la página web Mundoria, y es una variante y complemento de la historia narrada en Argentina - Mito Mapuche - El sol y la luna.
.
Hace infinidad de lluvias, en el mundo no había más que un espíritu que habitaba en el cielo. Solo él podía hacer la vida. Así decidió comenzar su obra cualquier día. Aburrido un día de tanta quietud decidió crear a una criatura vivaz e imaginativa, la cual llamó "Hijo", porque mucho le quiso desde el comienzo. Luego muy contento lo lanzó a la tierra. Tan entusiasmado estaba que el impulso fue tan fuerte que se golpeó duramente al caer. Su madre desesperada quiso verlo y abrió una ventana en el cielo. Esa ventana es Kuyén, la luna, y desde entonces vigila el sueño de los hombres.

El gran espíritu quiso también seguir los primeros pasos de su hijo. Para mirarlo abrió un gran hueco redondo en el cielo. Esa ventana es Antú, el sol y su misión es desde entonces calentar a los hombres y alentar la vida cada día. Así todo ser viviente lo reconoce y saluda con amor y respeto. También es llamado padre sol.

Pero en la tierra el hijo del gran espíritu se sentía terriblemente solo. Nada había, nadie con quién conversar. Cada vez más triste miró al cielo y dijo: ¿Padre, porqué he de estar solo? En realidad necesita una compañera, dijo Ngnechén, el espíritu progenitor. Pronto le enviaron desde lo alto una mujer de suave cuerpo y muy graciosa, la que cayó sin hacerse daño cerca del primer hombre. Ella estaba desnuda y tuvo mucho frío. Para no morir helada echó a caminar y sucedió que a cada paso suyo crecía la hierba, y cuando cantó, de su boca insectos y mariposas salían a raudales y pronto llegó a Lituche el armónico sonido de la fauna.

Cuando uno estuvo frente al otro, dijo ella: - Qué hermoso eres. ¿Cómo he de llamarte? . Yo soy Lituche el hombre del comienzo. Yo soy Domo la mujer, estaremos juntos y haremos florecer la vida amándonos -dijo ella-. Así debe ser, juntos llenaremos el vacío de la tierra -dijo Lituche.

Mientras la primera mujer y el primer hombre construían su hogar, al cual llamaron ruka, el cielo se llenó de nuevos espíritus. Estos traviesos Cherruves eran torbellinos muy temidos por la tribu. Lituche pronto aprendió que los frutos del pewén eran su mejor alimento y con ellos hizo panes y esperó tranquilo el invierno. Domo cortó la lana de una oveja, luego con las dos manos, frotando y moviéndolas una contra otra hizo un hilo grueso. Después en cuatro palos grandes enrolló la hebra y comenzó a cruzarlas. Desde entonces hacen así sus tejidos en colores naturales, teñidos con raíces.

Cuando los hijos de Domo y Lituche se multiplicaron, ocuparon el territorio de mar a cordillera. Luego hubo un gran cataclismo, las aguas del mar comenzaron a subir guiadas por la serpiente Kai-Kai. La cordillera se elevó más y más porque en ella habitaba Tren-Tren la culebra de la tierra y así defendía a los hombres de la ira de Kai-Kai. Cuando las aguas se calmaron, comenzaron a bajar los sobrevivientes de los cerros. Desde entonces se les conoce como "Hombres de la tierra" o Mapuches.

Siempre temerosos de nuevos desastres, los mapuches respetan la voluntad de Ngnechén y tratan de no disgustarlo. Trabajan la tierra y realizan hermosa artesanía con cortezas de árboles y con raíces tiñen lana. Con fibras vegetales tejen canastos y con lana, mantas y vestidos. Aún hoy en el cielo Kuyén y Antú se turnan para mirarlos y acompañarlos. Por eso la esperanza de un tiempo mejor nunca muere en el espíritu de los mapuches, los hombres de la tierra.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Argentina - Mito Tehuelche - Creación


Los tehuelches se dividen en dos grandes grupos: los del Norte y los del Sur. Los primeros vivían en una amplia área desde el río Chubut en la Patagonia, Argentina, hasta la región pampeana incluida; los segundos tenían sus territorios tradicionales al sur del río Chubut, hasta el Estrecho de Magallanes. Este mito tehuelche fue transcrito de la web page de CEIA - Identidad Aborigen, y dice así:

.
Dicen los tehuelches que en el principio de todos los tiempos no había nada: ni tierra, ni agua, ni cielo, ni nubes. El único que existía era Kóoch, que iba a ser el creador del mundo. Kóoch vivía solo, adentro de la oscuridad (porque no había sol) y parece que al final se fue sintiendo cada vez más triste y más triste porque estaba solo, y empezó a llorar y llorar cada vez más. Tanto lloró y tantas lágrimas soltó, que así fue como se formó el mar, que fue lo primero que hubo sobre la Tierra.


Entonces, Kóoch paró de llorar y suspiró (como suspira uno después de haber llorado mucho). Suspiró y ese suspiro fue el primer viento que hubo en el mundo, y ese viento, que era fuertísimo, barrió un poco la oscuridad pero todavía no se veía bien: era como cuando falta poco para amanecer. Como quería ver, Kóoch levantó una mano y sacó una chispa enorme, que se convirtió en el Sol. El Sol, por su parte, también se puso a inventar: hizo las primeras nubes. Pero como había viento, ese viento tan fuerte salido del suspiro de Kóoch, las pobres nubes iban de aquí para allá sin parar un momento, y en seguida se cansaron y se enojaron y empezaron a protestar con truenos y a tirar rayos para todas partes.


Al final, Kóoch tuvo que intervenir para que el viento dejara un poco en paz a las nubes y así ellas se tranquilizaron y pararon de tronar y relampaguear todo el tiempo como antes. Desde entonces, las nubes se enojan solo de vez en cuando y así vienen las tormentas. Después, Kóoch hizo una isla grande en medio de ese mar enorme, y fue creando la vida; así aparecieron los peces en el mar y los demás animales en esa primera tierra. Entonces, Kóoch inventó la Luna, para que de noche no estuviera tan oscuro. El Sol era hombre y la Luna mujer. Al principio nunca se veían, porque él salía de día y ella de noche; es más, ni sabían que el otro andaba por ahí. Pero las nubes, que se quedaban todo el tiempo en el cielo, les contaron y a ellos les dio curiosidad por conocerse. Tanta curiosidad les dio, que un día el Sol se apuró y salió más pronto que siempre para poder espiar a la Luna antes de que se fuera, y otra vez fue ella que salió antes de tiempo, para ver al Sol.


Al final, se casaron.Kóoch creó algunas otras cosas, hizo la Patagonia y como ya le pareció bastante, se fue a descansar a algún lugar en el horizonte. Si quedaban un montón de cosas por inventar y acomodar, ya se iba a ocupar otro, que estaba justo por nacer, y al que Kóoch hizo poderoso. Era Elal, el héroe. Pero de Elal vamos a hablar después.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Colombia - Mito Tikuna- Creación


La familia Tikuna habita el trapecio amazónico y tiene una población de 27.000 habitantes, siendo el grupo más numeroso del Amazonas. Se estima que en el Brasil habitan alrededor de 20.000 indígenas, mientras que en Colombia habitan 6.585 personas.
Están integrados por 15 resguardos extendidos en los municipios de La Chorrera, Leticia, Puerto Nariño y Tarapaca. Su patrón de asentamiento es la concentración en pequeñas aldeas, siguiendo el curso de los ríos.
El relato del mito de la Creación está tomado del libro Primitivos relatos contados otra vez de Hugo Niño (1976). La narración es la siguiente:
.

Yuche vivía desde siempre, solo, en el mundo. En compañía de las perdices, los paujiles, los monos y los grillos había visto envejecer la Tierra. A través de ellos se daba cuenta de que el mundo vivía y de que la vida era tiempo, y el tiempo... muerte.
No existía en la tierra sitio más bello que aquel donde Yuche vivía: era una pequeña choza en un claro de la selva y muy cerca de un arrollo, enmarcado en playas de arena fina. Todo era tibio allí; ni el calor ni la lluvia entorpecían la placidez de aquel lugar.
Dicen que nadie ha visto el sitio, pero todos los tikunas esperan ir allí algún día.
Una vez Yuche fue a bañarse al arroyo, como de costumbre. Llegó a la orilla y se fue introduciendo en el agua hasta que estuvo casi enteramente sumergido. Al lavarse la cara, se inclinó hacia adelante mirándose en el espejo del agua; por primera vez notó que había envejecido.
El verse viejo le entristeció profundamente.
- Estoy ya viejo.... y solo. ¡Oh!, si muero, la Tierra quedará más sola todavía.
Apesadumbrado, despaciosamente emprendió el regreso a su choza.
El susurro de la selva y el canto de las aves lo embargaban ahora de infinita melancolía.
Yendo en camino, sintió un dolor en la rodilla, como si lo hubiera picado algún insecto; no pudo darse cuenta, pero pensó que hubiera podido ser una avispa. Comenzó a sentir que un pesado sopor lo invadía.
- Es raro cómo se siento. Me acostaré tan pronto llegue.
Siguió caminando con dificultad y al llegar a su choza se recostó, quedando dormido.
Tuvo un largo sueño. Soñó que entre más cosas soñaba, más se envejecía y más débil se ponía y que de su cuerpo agónico se proyectaban otros seres.
Despertó muy tarde al otro día. Quiso levantarse, pero el dolor se lo impidió. Entonces se miró la inflamada rodilla y notó que la piel se había vuelto transparente. Le pareció que algo en su interior se movía. Al acercar más los ojos, vio con sorpresa que, allá en el fondo, dos minúsculos seres trabajaban; se puso a observarlos.
Las figuras eran un hombre y una mujer: el hombre templaba un arco, y la mujer tejía un chinchorro.
Intrigado, Yuche les preguntó:
- ¿Quiénes son ustedes? ¿Cómo llegaron ahí?
Los seres levantaron la cabeza, lo miraron, pero no le respondieron y siguieron trabajando.
Al no obtener respuesta, hizo un máximo esfuerzo para ponerse de pie, pero cayó sobre la tierra. Al golpearse, la rodilla se reventó y de ella salieron los pequeños seres que empezaron a crecer rápidamente, mientras él moría.
Cuando terminaron de crecer Yuche murió.
Los primeros tikunas se quedaron por algún tiempo allí, donde tuvieron varios hijos; pero más tarde se marcharon, porque querían conocer más tierras, y se perdieron.
Muchos tikunas han buscado aquel lugar, pero ninguno lo ha encontrado.