Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito,Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamérica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.


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sábado, 8 de agosto de 2009

Colombia - Mito Catío - Origen del maíz



Los Catíos, que habitan actualmente el occidente de Antioquia, pertenece a la comunidad de los Chocó, y el hecho de que sean conocidos con el nombre de la antigua tribu Catía se debe probablemente a que vinieron en siglos posteriores a ocupar su región. Este mito sobre la muerte y sobre el origen del maíz, fue tomado y adaptado de la obra Mitología Americana, del R.P. Mariano Izquierdo, C.M.F.:
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Murió una señora, y su familia lloraba mucho. Entonces no había maíz en este mundo. Una señora ya muy aburrida salió a una montaña, miró al sol y habló así a su compañera:
«Llegará el día de morir también».
Al rato se apareció Ancastor, ave blanca, que se volvió hombre:
«¿Por qué lloran tanto?» —les preguntó—
Ellos le respondieron que por la muerte de su hermana. Ancastor les dijo que no lloraran, porque ella estaba en el Bajía (cielo); y ellas manifestaron que querían ir a verla.
«Yo las llevo», les dijo.
«Pero, ¿cómo?»
«Cierren los ojos».
Y abrió las alas y las hizo montar en cada ala, pero les advirtió que no abrieran los ojos, y las llevó al aire y llegaron al Bajía. Allí se desmontaron y siguieron a pie. Llegaron a una casa grande y encontraron a unas negras con unos senos tan grandes, que les llegaban a las rodillas.
Ancastor les dijo que no les hablaran, y así siguieron hasta que encontraron mucha gente conocida, que ya se había muerto, entre los cuales vieron a la hermana y también a un hermano que lo habían matado. Lo iban a abrazar pero Ancastor les dijo que no. Dos días estuvieron en el Bajía.
A la vuelta vieron maíz y chonta-duro que les pareció muy bueno; Ancastor les dijo que no llevaran ninguna fruta, porque era muy peligroso para bajarlas; pero una de ellas guardó en la boca un grano de maíz y la otra una fruta de chonta-duro y Ancastor las bajó.
Cuando bajaron al mundo, contaron a los indios que uno se muere, pero en el Bajía se encuentra, y que traían frutas de maíz y chonta-duro; las sembraron, y sacaron la semilla y después comieron. A todo el mundo le pareció bueno y todos sembraron y cosecharon.

sábado, 7 de marzo de 2009

Colombia - Mito Catío - La escalera al cielo


Los Catíos, que habitan actualmente el occidente de Antioquia, pertenece a la comunidad de los Chocó, y el hecho de que sean conocidos con el nombre de la antigua tribu Catía se debe probablemente a que vinieron en siglos posteriores a ocupar su región. Este mito sobre la escalera al cielo fue tomado y adaptado de la obra Mitología Americana, del R.P. Mariano Izquierdo, C.M.F.:

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Tenía Caragabí una maravillosa escalera, muy distinta de las que labran los indios, la cual llegaba desde .la tierra al cielo, para que los catíos pudieran subir a conversar con él siempre que quisieran. Tan rara escalera era toda como de finísimo cristal, y tenía defendidos los flancos por unos pasamanos y barandas hechos como de un metal muy bruñido, a fin de vitarles el vértigo a cuantos subieran o bajaran, y descansaba en tierra sobre dos extrañas y hermosísimas flores.
Cuando los primeros indios pecaron, Caragabí les quitó la escalera, para que no volvieran a subir al cielo. Les pasó su mano creadora por los ojos, como sobándoselos, y les quitó aquella prodigiosa potencia visiva que primero tenían. Les derramó agua de coco en la cabeza, para que envejecieran.
El pecado, que acarreó a los hombres tamaño castigo, fue la fornicación. Algunos agregan ciertas circunstancias a la narración de la caída de los primeros hombres, diciendo que,
como una mujer pecadora, se dispusiese a subir por la escalera del cielo para conversar con Caragabí; el niño, fruto del pecado, tocó con sus manecitas inquietas una de las misteriosas flores sobre que descansaba la escalera, y en el mismo instante se derrumbó de los aires la escalera: los que iban ya subiendo por lo alto de ella, lograron entrar en el cielo; los demás cayeron a tierra.
Cuentan también los catíos que los primitivos indios oían muy bien desde la tierra los cantos y músicas del cielo, pues en aquel tiempo no estaba el cielo tan distante como ahora. Engolosinados los hombres por tan deliciosas melodías, proyectaron construir una escalera que llegara hasta el cielo; pero Caragabí se opuso a ello. Los indios persistieron en su intento y llevaban ya muy arriba su escalera, cuando. Caragabí, indignado por su rebeldía, los derribó de lo alto y se llevó mucho más lejos los pabellones del cielo, para que no volvieran los hombres a intentar la construcción de otra escalera.
Después de la muerte, el alma humana se presenta a Caragabí, quien la recibe en una antesala del cielo. Si el alma ha pecado, comparece negra; pero de lo contrario, se ve blanca. Caragabí somete al alma pecadora a la prueba del martillo, con el cual la va golpeando en la cabeza, como para hacerle saltar la roña del pecado, hasta que quede blanca del todo.
Allí tiene provistos dos baldes, uno de agua hirviendo y otro le agua fría. Pasa el alma, ya blanca, por estos dos baños sucesivos y queda en disposición de entrar en el cielo, a su Baha. Pero hay pecados para los cuales no son suficientes unas purgaciones tan expeditivas, como las dichas, sino que Caragabí somete a las almas pecadoras a trabajar, como jornaleros, por un mes, un año y hasta quince o veinte años. Una vez que han pagado el castigo que merecían, Caragabí las llama al cielo.
Todavía hay otros pecados mucho más graves, que no admiten remisión ni purgación en la otra vida, según los catíos. Esos pecados son la fornicación de indio con civilizado, el incesto y el homicidio. A las almas que comparecen en la otra vida cargadas con estos pecados y delitos, Caragabí las conviene en peces y las echa al infierno

sábado, 4 de octubre de 2008

Colombia - Mito Kurripako - Origen de la muerte

Los Kurripako son un pueblo indígena que habita en las cuencas de los ríos Isana y del Guainía, así como del bajo Inírida y el alto Orinoco en el departamento colombiano de Guainía, el estado venezolano de Amazonas y en el Aliary y São Gabriel da Cachoeira, estado de Amazonas, Brasil, donde se les conoce como Banivá o Baniwa. El presente mito sobre el origen de la muerte fue tomado de la web del SINIC:
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Ñapiríkuli, después del juego de la pelota, regresó a su casa en Waitjipan, un cerro a orillas del Guainía. Allí encontró una mujer con su hijo, al que llamó Kuwai, el secreto. Este nombre se le daba para que no muriera nunca. Ñapiríkuli no sabía todavía como iba a quedar el hombre, pero esperaba que éste nunca muriera, quería que la humanidad fuera eterna. Tenía planeado que cuando un hombre llegara a cierta edad avanzada, entonces debía meterse tres días en una pieza en memoria del seso, de la voz y del pensamiento. Los tres principios de la existencia humana. De allí saldría como nuevo. La pieza ya la había preparado Ñapiríkuli en su casa, en Waitjipan; entonces, Kuwai murió.
Ñapiríkuli pensaba: “No, no voy a dejar entrar la muerte a este mundo”. Así que metió a Kuwai en una pieza y le dijo a la mamá: esté tranquila, a su hijo no le va a pasar nada, en tres días él va a salir de la habitación. Ñapiríkuli quería probar a la mujer, quería ver que tan obediente era. Le dijo: pero estos tres días la puerta va a estar cerrada, usted no la puede abrir, ni llamar a su hijo para que salga. Ñapiríkuli dejó entonces a Kuwai en la pieza.
Su madre lloraba y se quejaba amargamente: “Kuwai… Noooo…”. Pasaron así dos días, ahora sólo faltaba uno para que Kuwai saliera de la habitación “Ñapiríkuli no está”, pensaba la mujer que lo había visto irse con su cerbatana, así que le entró una gran desconfianza, ¿Qué será lo que pasa en esa pieza? Se preguntaba, y la curiosidad no la dejaba tranquila. Desobedeciendo, fue hasta la puerta y llamó a su hijo. Ñapiríkuli no se había ido; escondido, miraba todo lo que hacía la vieja.
- ¿Kuwai…? Llamaba
- Ahhh… Le respondió una voz lejana.
- Hijo, ¿cómo estás? ¿Bien?
- Síiiii…
La mujer hacía un gran esfuerzo para no entrar al cuarto donde estaba su hijo; se aguantaba; mientras tanto Ñapiríkuli la observaba. Hasta que no pudo más y, por un hueco que había por encima de la puerta, se encaramó y entró. Kuwai estaba parado en la mitad de la habitación, pálido, muy pálido, casi sin pelo y con tierra en la coronilla. La vieja conmovida, no pudo aguantar el llanto y las lágrimas salieron de sus ojos. Pero Kuwai, al mojarse con las lágrimas de su madre, se deshizo, quedando nada más un montoncito de huesos. La habitación quedó en silencio.
“Mal hecho; esto no debió haber pasado, ahora la muerte reinará para siempre, ahora el que nace tendrá que morir”, la reprendía Ñapiríkuli enfurecido. "Usted tiene la culpa, por haber llorado. Y por haber llorado ahora, llorará siempre".
Sacó tabaco y lo sopló, el humo ascendió suavemente. Fabricó una casa muy oscura, Yarudati, donde van los espíritus de los hombres muertos. En Naken Caranacoa -Río Guainía-, hay una casa de esas y otra en Kuyarí.
Ñapiríkuli le mostró los despojos del hijo por última vez a la mujer, para que llorase para siempre. Después con tiras de macanilla, bien tejidas y amarrándolas dos veces, hizo la puerta para la casa de los espíritus. Por esa puerta entran pero nunca salen. “Aquí va a vivir usted”, dijo Ñapiríkuli, dirigiéndose a los restos de Kuwai, y lanzándolos a través de la puerta que después sé cerro emitiendo un fuerte bramido.
Cada vez que alguien muere se oye, por ahí a las seis de la tarde, el eco de una puerta cerrándose y los bramidos; el espíritu de un muerto acaba de ser encerrado.