Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito,Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamérica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.


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lunes, 19 de noviembre de 2012

Chile - Mito Mapuche - El Diluvio


Los Mapuches (o araucanos) han ocupado zonas de Chile y en Argentina en las Provincias de Neuquén y Río Negro. A la llegada de los conquistadores, superaban el millón de personas y nunca pudieron ser dominados por los españoles. Actualmente hay un movimiento de recuperación de sus aspectos culturales, su reconocimiento como etnia y de recuperación de sus tierras. Este mito fue tomado de la obra Mitología Americana: selección de los mitos aborígenes de América. Madrid: Ediciones Guadarrama, del autor Mariano Izquierdo G., R.P. (1956). El mito dice:



Según la leyenda araucana, hace muchos siglos, las
cataratas del Calfú (cielo) se abrieron de un modo arrollador.
Rápidamente las aguas empezaron a inundar la tierra de Arauco
con furia incontenible, produciendo estragos de muertes y
destrucciones por doquier. El gran pueblo araucano comprendió
que se hallaban abocados a una catástrofe universal sin
precedentes.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Chile - Mito Mapuche - Cosmología

Los Mapuches han ocupado zonas de Chile y en Argentina en las Provincias de Neuquén y Río Negro. A la llegada de los conquistadores, superaban el millón de personas y nunca pudieron ser dominados por los españoles. Actualmente hay un movimiento de recuperación de sus aspectos culturales, su reconocimiento como etnia y de recuperación de sus tierras. La historia que acá se relata sobre el Ánima y la Muerte es tomada de la página web de Wikipedia.
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La etnia Mapuche representa al mudo con una forma como de naranja, de la cual solo la mitad se puede apreciar por quienes viven en este mundo. Puede resumirse de la forma siguiente:
- En el plano vertical (espiritual): Tanto la humanidad (che), como los espíritus de los antepasados, Pillán, participan de los dos mundos, manteniendo un equilibrio dinámico entre el bien y el mal. El mundo donde vive el hombre es llamado Mapu, y sobre este, el Ankawenu (cielo). Son tres las dimensiones que, interrelacionadas, conforman la estructura del universo Mapuche en el plano vertical:

Wenu Mapu: En el extremo superior de la Nag Mapu está la Wenu Mapu, la tierra de arriba, espacio sagrado e invisible donde habitan la familia divina, los espíritus del bien y los antepasados mapuche.
Nag Mapu: Se denomina así a la tierra central, también conocida como "la tierra que andamos", aquel espacio visible que es habitado por los hombres y la naturaleza.
Miñcge Mapu: En el extremo inferior de la Nag Mapu, está la Miñche Mapu, la tierra de abajo, donde se encuentra la fuerza del mal o espíritus malignos.
- En el plano horizontal (terrenal o Nag Mapu)
Al conjunto de relaciones espaciales y particularidades territoriales del mundo Mapuche en el plano del Nag Mapu, se le denomina Meli Witran Mapu.
Corresponde a la manera de entender la tierra pengei (visible) que habita el mapuche organizada a partir de los meli zuam (cuatro lados de la tierra), lados que definen particulares modos de vida a partir de la manera en que el Mapuche se relaciona en cada uno de ellos con la naturaleza y el medio que los rodea. Como puntos cardinales quedaría definido el mapu como: Este (Pwel Mapu): Lugar de los dioses, los espíritus benéficos, los antepasados, rogativa a los dioses, la ayuda divina.
Norte (Pikun Mapu): Lugar de Mala suerte.
Oeste (Lafken Mapu o Nau Mapu): Lugar de los espíritus del mal.
Sur (Willi Mapu): Lugar de Buena suerte.
Igualmente, es por ello que, en el aspecto ritual, la religiosidad mapuche no se expresa por medio de templos u otras construcciones con carácter de sacralidad. Al contrario, se traduce en un íntimo contacto con la naturaleza, los Ngen, y la tierra representada en la Ñuke Mapu. Por lo tanto un claro en el bosque, rodeado por árboles (ojalá canelos) y purificado a través de bailes rituales, se covierte en el templo más sagrado. La sola construcción que admiten es el rewe, un tronco de canelo en el que han sido labrados unos altos peldaños que permiten al oficiante, el Machi, el Ngenpin, subir a su ápice.
La cosmogonía mapuche ubica el origen de los mapuches en el mapu. Se dice que, antes de poblar la tierra, los espíritus miraban desde arriba y veían todo desierto, hasta que les fue permitido enriquecerla con innumerables formas distintas, hechas con el material de las nubes; luego bajaron los hombres del cielo, conociendo el lenguaje de la naturaleza, y trajeron el idioma mapuche, que es el mismo que se habla en el cielo. Los espíritus les prometieron que los harían regresar en el futuro.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Chile - Mito Mapuche - La muerte del ser humano

Los Mapuches han ocupado zonas de Chile y en Argentina en las Provincias de Neuquén y Río Negro. A la llegada de los conquistadores, superaban el millón de personas y nunca pudieron ser dominados por los españoles. Actualmente hay un movimiento de recuperación de sus aspectos culturales, su reconocimiento como etnia y de recuperación de sus tierras. La historia que acá se relata sobre el Ánima y la Muerte es tomada de la página web de Wikipedia.
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Para el mapuche el ánima del ser humano siempre vive en íntimo contacto con la naturaleza y, sobre todo, con los árboles. De allí la razón de la celebración de todos sus rituales en los claros entre los árboles. Para ello, antes que todo, existe el Pu-Am, una ánima universal que permea todo lo viviente. De esta ánima universal se desprende la de cada hombre, el am, que acompaña su cuerpo hasta que muere. Pero no solamente el ser humano tiene su am; todo ser viviente posee su propia ánima. Solamente los wekufe no posee ánima.
En relación a la muerte carnal del hombre, cuando el hombre se muere, su am se convierte en tu pijá y se resiste a alejarse de su cuerpo. Pero el estado de tu pijä es muy peligroso, pues el wekufe puede adueñarse de esa ánima y esclavizarla o ser usada por los Calcu
. Para salvarse, ella tiene que viajar a la isla de Ngill chenmaiwe que los muertos pueden alcanzar con las ayuda de las Trempulcahue, en este lugar se convertirá en alwe. Por esto en el funeral los parientes y amigos del difunto tratan de ahuyentar su ánima con gritos y golpes. Bajo la forma de alwe, el ánima podrá regresar cerca de sus queridos sin que los wekufe puedan amenazarla, y así ayudar a sus descendientes, sobre todo a sus nietos. En algunos casos cuando el ser humano ha logrado alcanzar su superación; en la isla Ngill chenmaiwe, el pillü puede lograr transformarse en pillán o en wangulén.
Finalmente con el transcurrir del tiempo, cuando ya los descendientes del muerto han perdido la memoria del difunto, su alwe vuelve a reunirse al Pu-Am y así el ciclo alcanza su conclusión.
El fin del ser humano es terminar de recorrer un camino que le permita el conquistar el conocimiento en sus cuatro formas: la creatividad, la imaginación, la intuición, la comprensión. Si el ser humano logra cumplir con este camino, alcanza el conocimiento de su propio ser y de su rol, es decir, se adueña de su propio filew y en la conclusión de su vida terrenal puede convertirse en un pillán. Por lo tanto no hay una separación neta entre el espíritu divino y los seres humanos, no solamente porque los segundos han sido engendrados por los primeros, sino porque pueden ellos mismo convertirse en pillán si son hombres, o en wangulén si se trata la mujer; y llegar así a vivir en el wenumapu. De aquí la importancia extraordinaria que adquiere el respeto hacia los padres (y muy especialmente hacia los abuelos), lo cual es el primero entre todos los deberes del admapu, el conjunto de las tradiciones. Para que el ánima de un ser humano puede convertirse en pillán o en wangulén, debe de existir una gran decendencia que siga recordando al muerto y honrando su memoria. Por lo tanto tener numerosos hijos que a su vez engendren un gran número de nietos es una necesidad fundamental para cada mapuche. Por ello el no tener descendencia sería un verdadero drama, ya que queda comprometida la posibilidad de cumplir con su filew y de alcanzar al wenumapu.
Así, los espíritus de los antepasados, los Pillán, y también los numerosos Ngen intervienen muy a menudo en los asuntos humanos a través del dominio de las fuerzas naturales. Así mismo los hacen los Wekufe, por lo general con la ayuda de los Calcu
. Los primeros premian a los hombres que se mantienen fieles al admapu a través de los frutos de la naturaleza, mientras castigan (o permiten a los Wekufe de castigar) con la sequía o las inundaciones, los terremotos, las enfermedades.

martes, 19 de agosto de 2008

Chile - Mito Mapuche - Espíritus

Los Mapuches han ocupado zonas de Chile y en Argentina en las Provincias de Neuquén y Río Negro. A la llegada de los conquistadores, superaban el millón de personas y nunca pudieron ser dominados por los españoles. Actualmente hay un movimiento de recuperación de sus aspectos culturales, su reconocimiento como etnia y de recuperación de sus tierras. La historia que acá se relata sobre los Pillanes es tomada de la página web de Wikipedia, basado en la obra de Alberto Trivero (1999), Trentrenfilú, Proyecto de Documentación Ñuke Mapu.
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Al principio, cuando aun no existía el tiempo y el wenumapu era obscuro, en aquel lugar, a partir del Pu-am que despertó, se originaron los espíritus antiguos y entre ellos aparecierón los primeros pillanes. Así, los pillanes junto a los demás espíritus antiguos, habitaron el wenumapu desde antes que el tiempo tuviera su comienzo y lograron traer luz a aquel lugar. Ellos lograron traer la luz, ya que ellos son como estrellas resplandecientes de luces y de colores, porque la luz y el color son engendrados por los mismos espíritus antiguos.
Entre los pillanes estaba Antu
, quien es el más poderoso entre ellos; y como tal decidió tomar a una wangulén como su propia inandomo (esposa preferida). Eso fue al comienzo de los tiempos, y desde entonces ha transcurrido un tiempo tan largo que nadie puede medirlo.
Se dice que la decisión de Antu, de elegir a la wangulén llamada Kuyén como su propia inandomo, trajo problemas, ya que aunque las wangulén aceptaron la elección de Antu y se conformaron con su voluntad, también les trajo gran envidia hacia Kuyén. Como el descontento aumentaba con el paso del tiempo y otros pillanes estaban celosos del poder de Antu, estos últimos permitían y animaban a que las wangulén hablaran cada vez con más fuerza en contra de Antu.
Debido a los celos y la rivalidad que eran muy grandes, se empezó a perder la armonía en el wenumapu, y no se respetaba el admapu
. Todo este mal era alimentado por el pillán Peripillán, quién sentía envidia del poder y el color de Antu.
Al ver la actitud de Peripillán, Antu decidió castigarlo, y con ello comenzó la gran lucha entre los pillanes; y así el resto de los pillanes y las wangulén tuvierón que unirse a la lucha. Como las fuerzas de la naturaleza
aun no eran entregadas a los Ngen, los pillanes y las wangulén las utilizaron para combatir; lo cual trajo más desequilibrio al wenumapu y al resto del universo mapuche. Así el combate fue muy violento, y el efecto de esta lucha alcanzó a todo el mapu (tierra), que fue sacudido, y también alcanzó al minchemapu y al ankawenu, y lo revolvió todo. Esto último traería posteriormente como consecuencia que los wekufe y los laftrache, que hasta entonces habían quedado confinados en el minchemapu, puedan desde entonces recorrer también el mapu y el ankawenu.
La lucha entre los pillanes duraba tanto tiempo, que los hijos de los espíritus antiguos alcanzaron a crecer hasta ser mayores, para unirse a la batalla. Pero en medio de la batalla sus hijos decidieron que era tiempo de que ellos tomaran el lugar de sus padres. Así se convirtió en una lucha de cada hijo en contra de su padre, y de cada la hija en contra de su madre. Antu y Peripillán se enfurecieron al ver que no se les respetaba, y por ello agarraron a sus hijos, que eran unos gigantes, del cabello largo que coronaba sus cabezas; y luego con fuerza fueron lanzados por entre densas nubes sobre la pedregosa mapu (tierra), que recién estaba siendo creada por Elmapu
. Al caer, los enormes cuerpos de los hijos de los pillán se destrozaron. Productos de esos impactos se arrancaron tremendos fragmentos de montañas y destruían las cumbres de los cerros y dejaron huellas en la superficie de la tierra. y los restos de sus macizos cuerpos formaron montañas o se enterraron profundamente, dejando inmensas profundidades que serían los numerosos lagos que existen en Chile.
Posteriormente y posiblemente debido a estos hechos, Antu y sus aliados lograron prevalecer; y así pudieron dominar a las fuerzas de Peripillán. Debido a la furia que tenía Antu, Peripillán y sus aliados fueron arrojados al mapu (tierra). Luego Antu pisoteó los cuerpos de los pillanes derrotados y tendidos sobre la superficie del mapu, hasta que se hundieron en la superficie de la tierra, hasta que alcanzaron la profundidad del mapu. Sin embargo la ira de Antu todavía no había cesado. Entonces levantó las piedras, y las rocas, y las montañas, y las echó encima de donde estaban sepultados los cuerpos; y así se formaron grandes cadenas de cerros encima de los pillán vencidos. Como Peripillán era el más poderoso de todos ellos, Antü echó sobre su cuerpo las rocas más grandes, formando de este modo lo que sería el volcán Osorno
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Este castigo casi apagó la multitud de luces de estos pillanes, quedando todas sus luces convertidas en una: la luz del fuego
, similar a la de Peripillán. Debido a que desde entonces tratan inútilmente de arrancarse, ocasionan con ello que el mapu entero se sacuda por sus movimientos; y si sus cuerpos de llamas logran atravesar las montañas hasta alcanzar las cumbres más elevadas, por allí logran sacar un brazo o una mano que se resbala por los costados del volcán, como unas enormes culebras de fuego (lava). Pero todo es inútil, ya que no se puede evitar el castigo de Antü; y sus cuerpos, en lugar de convertirse en luz y llegar al wenumapu, se apagan y se convierten en piedra.
Luego, al querer Antu castigar a las wangulén vencidas en ambas batallas, éstas se pusieron a llorar y a implorar su perdón, y lloraron tanto, que sus lágrimas se convirtieron en toda el agua que existen en el mapu. Debido a ello, Antu se apiadó de ellas y como castigo sólo les disminuyó sus luces, dejándolas como el brillo de simples estrellas.
Luego de la batalla y los castigos dados, las madres lloraron cuando vieron los cuerpos despedazados de sus hijos, y empezaron a lamentarse y a llorar. Debido a ello el Pu-am se conmovió y además decidió recuperar el equilibrio. Por ello decidió primeramente que los cuerpos volvieran a llenarse de vida. Si bien Pu-am permitió que volvieran a ser seres completos y habitaran el mapu, no permitió que recuperaran su forma antigua, y los castigó reencarnándolos en otras formas. Así fue como el hijo de Peripillán fue convertido en una inmensa culebra cuyo nombre es Kaykayfilú y el hijo de Antü fue convertido en otra inmensa culebra cuyo nombre es Trentrenfilú. Posteriormente, Pu-am decidió que cada espíritu quedara en su lugar y cumpliera su propósito, y que todos cumplieran con el admapu. Producto de esta orden, Elche decidiría posteriormente crear al hombre; y, como este pueblo mapuche está relacionado con los pillanes y las wangulén, el mapuche tiene la posibilidad de poder llegar a ser uno de ellos.

martes, 17 de junio de 2008

Chile - Mito Mapuche - Creación


Los Mapuches han ocupado zonas de Chile y en Argentina en las Provincias de Neuquén y Río Negro. A la llegada de los conquistadores, superaban el millón de personas y nunca pudieron ser dominados por los españoles. Actualmente hay un movimiento de recuperación de sus aspectos culturales, su reconocimiento como etnia y de recuperación de sus tierras. La historia que acá se relata sobre la creación es tomada de la página web Mundoria, y es una variante y complemento de la historia narrada en Argentina - Mito Mapuche - El sol y la luna.
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Hace infinidad de lluvias, en el mundo no había más que un espíritu que habitaba en el cielo. Solo él podía hacer la vida. Así decidió comenzar su obra cualquier día. Aburrido un día de tanta quietud decidió crear a una criatura vivaz e imaginativa, la cual llamó "Hijo", porque mucho le quiso desde el comienzo. Luego muy contento lo lanzó a la tierra. Tan entusiasmado estaba que el impulso fue tan fuerte que se golpeó duramente al caer. Su madre desesperada quiso verlo y abrió una ventana en el cielo. Esa ventana es Kuyén, la luna, y desde entonces vigila el sueño de los hombres.

El gran espíritu quiso también seguir los primeros pasos de su hijo. Para mirarlo abrió un gran hueco redondo en el cielo. Esa ventana es Antú, el sol y su misión es desde entonces calentar a los hombres y alentar la vida cada día. Así todo ser viviente lo reconoce y saluda con amor y respeto. También es llamado padre sol.

Pero en la tierra el hijo del gran espíritu se sentía terriblemente solo. Nada había, nadie con quién conversar. Cada vez más triste miró al cielo y dijo: ¿Padre, porqué he de estar solo? En realidad necesita una compañera, dijo Ngnechén, el espíritu progenitor. Pronto le enviaron desde lo alto una mujer de suave cuerpo y muy graciosa, la que cayó sin hacerse daño cerca del primer hombre. Ella estaba desnuda y tuvo mucho frío. Para no morir helada echó a caminar y sucedió que a cada paso suyo crecía la hierba, y cuando cantó, de su boca insectos y mariposas salían a raudales y pronto llegó a Lituche el armónico sonido de la fauna.

Cuando uno estuvo frente al otro, dijo ella: - Qué hermoso eres. ¿Cómo he de llamarte? . Yo soy Lituche el hombre del comienzo. Yo soy Domo la mujer, estaremos juntos y haremos florecer la vida amándonos -dijo ella-. Así debe ser, juntos llenaremos el vacío de la tierra -dijo Lituche.

Mientras la primera mujer y el primer hombre construían su hogar, al cual llamaron ruka, el cielo se llenó de nuevos espíritus. Estos traviesos Cherruves eran torbellinos muy temidos por la tribu. Lituche pronto aprendió que los frutos del pewén eran su mejor alimento y con ellos hizo panes y esperó tranquilo el invierno. Domo cortó la lana de una oveja, luego con las dos manos, frotando y moviéndolas una contra otra hizo un hilo grueso. Después en cuatro palos grandes enrolló la hebra y comenzó a cruzarlas. Desde entonces hacen así sus tejidos en colores naturales, teñidos con raíces.

Cuando los hijos de Domo y Lituche se multiplicaron, ocuparon el territorio de mar a cordillera. Luego hubo un gran cataclismo, las aguas del mar comenzaron a subir guiadas por la serpiente Kai-Kai. La cordillera se elevó más y más porque en ella habitaba Tren-Tren la culebra de la tierra y así defendía a los hombres de la ira de Kai-Kai. Cuando las aguas se calmaron, comenzaron a bajar los sobrevivientes de los cerros. Desde entonces se les conoce como "Hombres de la tierra" o Mapuches.

Siempre temerosos de nuevos desastres, los mapuches respetan la voluntad de Ngnechén y tratan de no disgustarlo. Trabajan la tierra y realizan hermosa artesanía con cortezas de árboles y con raíces tiñen lana. Con fibras vegetales tejen canastos y con lana, mantas y vestidos. Aún hoy en el cielo Kuyén y Antú se turnan para mirarlos y acompañarlos. Por eso la esperanza de un tiempo mejor nunca muere en el espíritu de los mapuches, los hombres de la tierra.

martes, 11 de marzo de 2008

Chile - Mito Mapuche - Creación


Los Mapuches han ocupado zonas de Chile y en Argentina en las Provincias de Neuquén y Río Negro. A la llegada de los conquistadores, superaban el millón de personas y nunca pudieron ser dominados por los españoles. Actualmente hay un movimiento de recuperación de sus aspectos culturales, su reconocimiento como etnia y de recuperación de sus tierras.

La historia que acá se relata es referida por Miguel Angel Palermo en el libro Cuentos que cuentan los Mapuches, y fue tomado de la página web CEIA - Centro de Identidad Aborigen.

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Hace mucho, mucho tiempo –hace casi sesenta mil años –había dos víboras enormes: una se llamaba Treng – Treng y la otra, kai – Kai. Treng – Treng era enorme de veras, grande como una montaña; era muy buena y quería a la gente. Kai – Kai era también grandísima, igual que la otra, pero no quería a las personas.
Un día, Kai – Kai quiso destruir todo: empezó a mover su corpachón y así hizo crecer el agua de los lagos y del mar. Todo se empezó a inundar.
Pero Treng – Treng vino enseguida para ayudar a los Mapuches: se puso a pelear con la otra víbora gigante y, como el agua crecía y crecía, arqueó el lomo para arriba, silbó fuerte y la gente, al escuchar su silbido, vino corriendo y empezó a subir por su cuerpo para escaparse de la inundación.
Treng – Treng y Kai – Kai peleaban y peleaban: una seguía subiendo el lomo más y más para que las personas no se ahogaran y la otra seguía meta dar coletazos para que el agua creciera y creciera. Así se pasaron días enteros.
La gente no la pasaba muy bien: algunos, los que eran más miedosos, por el susto se convirtieron en piedras (por eso en las montañas a veces se ven rocas que tienen forma de hombre o mujer); otros se enojaron tanto porque la inundación no paraba que se acabaron transformando en pumas y yaguaretés; a otros, que eran más lentos en subir, los alcanzó el agua y se volvieron peces y sapos.
Treng – Treng arqueó tanto el lomo para que no los tapara el agua, que casi tocó el cielo. Así fue como de las pocas personas que quedaban sin transformarse, a algunos se les quemó el pelo con el sol, y por eso ahora hay gente pelada.
Al final, Kai – Kai se cansó de pelear y de sacudirse, se quedó quieta, el agua empezó a bajar y Treng – Treng fue aplastando el lomo.
Cuando el agua volvió a los lagos y al mar, los pocos Mapuches que habían quedado recorrieron la tierra y vieron que ahora les gustaba más que antes: estaba limpia y linda, con los árboles verdes y el pasto crecido y tierno, y el aire más puro. En fin, la Tierra estaba rejuvenecida.
Entre la gente, ya no había más miedosos (se habían quedado convertidos en piedras) ni furiosos (ahora eran fieras); todo era mejor.
Esos Mapuches tuvieron hijos, y estos hijos se casaron y tuvieron más hijos, y en poco tiempo todo estaba lleno de gente, como antes; de ellos desciende todos los Mapuches de hoy.
Y ellos dicen que cada muchos miles de años, cada vez que la Tierra se pone vieja y cansada, aparece Kai – Kai y arma la inundación, pero que siempre Treng – Treng está atenta a lo que pasa (aunque parezca dormida y se la confunda con una montaña donde crecen árboles y todo) y viene enseguida para salvar a los buenos, a los que saben ser corajudos pero pacientes.


jueves, 28 de febrero de 2008

Chile - Mito Mapuche - Origen del fuego

Pueblo originario del actual Chile. Ocupó desde la región de Coquimbo, hasta el sur en la zona de Puerto Montt. A la llegada de los conquistadores, superaban el millón de personas y nunca pudieron ser dominados por los españoles. Actualmente hay un movimiento de recuperación de sus aspectos culturales, su reconocimiento como etnia y de recuperación de sus tierras. El presente relato fue recogido y adaptado de Cuentos y Leyendas Americanas:
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Los dioses y demonios eran luminosos. Entre estos, el poderoso Cheruve. Cuando se enojaba, llovían piedras y ríos de lava. A veces el Cheruve caía del cielo en forma de aerolito. Los antepasados reviven en la bóveda del cielo nocturno. Cada estrella es un antiguo abuelo iluminado que caza avestruces entre las galaxias. El Sol y la Luna dan vida a la Tierra como dioses buenos. Son el Padre y la Madre. Se les saluda cada vez que salen. La Luna, cada veintiocho días, divide el tiempo en meses.

En una gruta vivía una familia: Caleu, el padre, Mallén, la madre y Licán, la hijita. Una noche, Caleu se atrevió a mirar el cielo de sus antepasados y vió un signo nuevo, extraño, en el poniente: una enorme estrella con una cabellera dorada. Preocupado, no dijo nada a su mujer y tampoco a los indios que vivían en las grutas cercanas. Aquella luz celestial se parecía a la de los volcanes, ¿traería desgracias?, ¿quemaría los bosques?. Aunque Caleu guardó silencio, no tardaron en verla los demás indios. Hicieron reuniones para discutir qué podría significar el hermosos signo del cielo. Decidieron vigilar por turno junto a sus grutas.

El verano estaba llegando a su fin y las mujeres subieron una mañana muy temprano a buscar frutos de los bosques para tener comida en el tiempo frío. Mallén y su hijita Licán treparon también a la montaña.

-Traeremos piñones dorados y avellanas rojas -dijo Mallén.

-Traeremos raíces y pepinos del copihue -agregó Licán

La niña acompaño otras veces a su madre en estas excursiones y se sentía feliz.

-Vuelvan antes de que caiga la noche -les advirtió Caleu.

-Si nos sorprende la noche, nos refugiaremos en una gruta que hay allá arriba, en los bosques -lo tranquilizó Mallén.

Las mujeres llevaban canastos tejidos con enredaderas. Parecía una procesión de choroyes, conversando y riendo todo el camino. Allá arriba había gigantescas araucarias que dejaban caer lluvias de piñones. Y los avellanos lucían sus frutas redondas, pequeñas, rojas unas, color violeta y negras otras, según iban madurando.
No supieron cómo pasaron las horas. El Sol empezó a bajar y cuando se dieron cuenta, estaba por ocultarse. Asustadas, las mujeres se echaron los canastos a la espalda y tomaron a sus niños de la mano.

-¡Bajemos, bajemos! -se gritaban unas a otras.

-No tendremos tiempo. Nos pillará la noche y en la oscuridad nos perderemos para siempre -advirtió Mallén.

-¿Qué haremos entonces? -dijo la abuela Collalla, que no por ser la más vieja, era la más valiente.

-Yo sé donde hay una gruta por aquí cerca, no tenga miedo, abuela -dijo Mallén.

Guió a las mujeres con sus niños por un sendero rocoso. Sin embargo, al llegar a la gruta, ya era de noche. Vieron en el cielo del poniente la gran estrella con su cola dorada. La abuela Collalla se asustó mucho.
-Esa estrella nos trae un mensaje de nuestros antepasados que viven en la bóveda del cielo -exclamó.

Licán se aferró a las faldas de su madre y lo mismo hicieron los demás niños.

-Vamos, entremos a la gruta y dormiremos bien juntas para que se nos pase el miedo -dijo Mallén.

-Eso sería lo mejor, murmuró Collalla, temblorosa.

Ella conocía viejas historias, había visto reventarse volcanes, derrumbarse montañas, inundaciones, incendios de bosques enteros.

No bien entraron a la gruta, un profundo ruido subterráneo las hizo abrazarse invocando al Sol y la Luna, sus espíritus protectores. Al ruido siguió un espantoso temblor que hizo caer cascajos del techo de la gruta. El grupo se arrinconó, aterrorizado. Cuando pasó el terremoto, la montaña siguió estremeciéndose como el cuerpo de un animal nervioso. Las mujeres palparon a sus hijos, no, nadie estaba herido. Respiraron un poco y miraron hacia las boca blanquecina de la gruta: por delante de ella cayó una lluvia de piedras que al chocar echaban chispas.

-¡Miren! -gritó Collalla. ¡Piedras de luz! Nuestros antepasados nos mandan este regalo.

Cómo luciérnagas de un instante, las piedras rodaron cerro abajo y con sus chispas encendieron un enorme coihue seco que se erguía al findo de una quebrada. El fuego iluminó la noche y las mujeres se tranquilizaron al ver la luz.

-La estrella con su espíritu protector mandó el fuego para que no tengamos miedo -dijo la abuela Collalla riendo.

Niños y mujeres también rieron, aplaudiendo el fuego. El grupo silencioso contempló las llamas como si fueran el mismo Padre Sol que hubiera venido a acompañarlas. Se sentaron junto a la gruta, oyendo crepitar las llamas como música desconocida. Al rato, llegaron los hombres desafiando las tinieblas por buscar a sus niños y mujeres. Caleu se acercó al incendio y cogió una llama ardiente; los otros lo imitaron y una procesión centelleante bajó de los cerros hasta sus casas. Por el camino iban encendiendo otras ramas para guiarse. Al otro día, oyéndo el relato de las piedras que lanzaban chispas, los indios subieron a recogerlas y al frotarlas junto a ramas secas lograron encender pequeñas fogatas.

Habían descubierto el pedernal. Habían descubiero cómo hacer el fuego. Desde entonces, los Mapuches tuvieron fuego para alumbrar sus noches, calentarse y cocer sus alimentos.