Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito, Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamerica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.



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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Colombia - Mito Huitoto - La Gran Boa

Los indígenas Huitoto (o witoto) habitan en la zona del sur del departamento del Amazonas de Colombia. Se estima que esta etnia tiene una población de 6.245 personas. Los Huitoto hablan diversos dialectos de acuerdo con la zona donde se asientan. Este relato está tomado Las palabras de origen, tomado de la Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia, del Ministerio de Cultura. El autor de este compendio es el filósofo colombiano Fernando Urbina. La narración es la siguiente:

Dïïjoma se puso a hacer remedios. Hizo remedio de boa. Pero no
guardó la dieta correspondiente y fracasó por no completar el estudio.
El espíritu de ese remedio se apartó de él en la orilla del río. Allá se
quedó colgado en la punta de una hoja.
Dïïjoma se fue a bañar y vio eso colgadito. Colocó la mano para
cogerlo, pero cuando caía le pasaba por entre los dedos. Como no lo
consiguió de esa manera, entonces la segunda vez dobló una hoja y la
colocó debajo de donde colgaba. En esas cayó, pero aun así no logró
capturarlo, porque se escurrió por un roto de la hoja. Así se escapó y
él quedó pensando la manera en cómo capturar esa boita.
Vino a la casa y llevó un cernidor. Lo puso debajo. Como el cernidor
era de hueco grande no le sirvió porque el animal se escurrió
por entre el tramado. Quedó pensando. Él no podía cogerlo porque
estaba relacionado con su fracaso. Se preguntaba una y otra vez con
qué podría capturarlo. Se fue a la casa y llevó una ollita y la puso
debajo. En eso sí cayó la boita, se deslizó y se amontonó allí y comenzó
a serpentear, a revolcarse. Él llevó el animalito a la maloca y se puso
a criarlo.
En la ollita donde estaba la cría se formó agua. Cuando se llenó
de líquido y ya no cabía el animal, lo pasó a una lagunita y lo dejo ahí
para continuar criándolo. En ese pocito se crió. Él se puso a meditar
en la forma en que lo iba a alimentar hasta que encontró la manera: le
daría almidón.
Encargó la preparación del alimento a la mujer. Fueron a traer
yuca, rallaron y colaron. De ahí en adelante se aprendió cómo es que
se obtiene el almidón. De ese rallado sacaba almidón en bolitas y le
daba de comer a la boa.
Entonces fue cuando él preguntó quién iría a darle de comer a la
boa. Le dijeron que quien iba a hacerlo era Ecofaiyaño, su propia hija.
Ella se fue a darle de comer, pero el animal no le recibía porque no
quería a esa muchacha. Entonces ella vino y dijo:
–Papá, nuestra cría no quiere comer.
–¡Ah! Lo que sucede es que tú no le gustas. Por eso no come lo que
tú le das. La que tiene que irle a dar al el almidón es mi hija Nibagïeño.
Ella se fue a darle de comer. A ella sí le recibía el alimento. Ella
vino y dijo:
–Papá, de lo que yo le di sí comió.
–Eso es porque sí le gustas –replicó el padre.
Nibaguïeño quedó encargada de cuidar de la alimentación de la
boa. Le daba y le daba almidón puro, hasta que ya se fue poniendo
grande y la laguna se fue ensanchando. Así ella le daba de comer hasta
que al hacerlo el animal metía en su jeta el brazo de la muchacha hasta
el codo. Ella le contaba al papá:
–Nuestra mascota tiene mucha hambre porque ya quiere comerse
mi mano y mi brazo.
Así el animal iba paladeando la mano y el brazo de la muchacha
cada vez que le daba de comer. La boa tomó el nombre de «Comedor
de almidón» porque comía solo almidón. Se llamó «Acuoso», porque
entre más y más días, aumentaba más y más el agua. Se nombró «Perforador
», porque hacía túneles para salir a otros ríos y «Boa del frío»
porque a veces llegaba en forma de fríaje.*
Así, ella daba de comer y así mismo el animal crecía y crecía. Cada
vez que le iba a dar de comer le mordisqueaba la mano. Ya era un
animal grandísimo. Cada vez la mordía más y más arriba.
Así le daban. Y era muy grande. Según iba creciendo el animal, el
agua aumentaba y la laguna se hacía más y más grande.
Cada vez que ella iba a darle de comer traía la razón de que le boa
le mordisqueaba ya todo el brazo. Como era laguna el lugar donde él
estaba, perforaba túneles. Le daban y le daban, y así mismo él abra y
abra hueco. Hacía esos túneles para él andar por ahí, y ya salía de la
laguna al río. Solo regresaba cuando le venían a dar de comer. Cada
vez que le mordisqueaba la mano y el brazo ella le contaba al papá y
ya la cocha era más y más honda.
Ya era Excavador, Profundizador, era Acuoso, porque producía
agua, era «Resbalador», porque se deslizaba por los túneles.
Entonces Dïïjoma, como su cría había crecido tanto, resolvió invitar
a toda la gente a un baile para que viera la boa y la admirara. Ya era
muy grande. Cada vez que le daban de comer flotaba.
Llegó la gente. Él preparó a la hija: la vistió, la arregló, le puso
chaquira y pulsera y le entregó una gran bola de almidón.
En presencia de todas las tribus invitadas ella fue con esa bola
de almidón en la mano. Se puso a golpear el agua. En ese momento
apareció la boa. Ahí tomó el nombre de «Zumbido de bañero». Cuando
la muchacha golpeó el agua con la palma de la mano, la serpiente se
vino. Ella le dio la bola de almidón.
Ahí fue cuando el animal se la tragó con todo y se fue para el río.
Y ya no volvió Nibagïeño, la hija más bella del cacique.
Se preguntaba Dïïjoma por qué su hija no regresaba; entonces le
dijo a Ecofaiyaño:
–Vete a mirar y averigua por qué no ha vuelto tu hermana.
La muchacha se fue a mirar. Se paró en la orilla pero no vio a nadie.
Después de que se fue la boa la laguna esa se secó.* Regresó otra
vez a la maloca y dijo:
–Ahí no está mi hermana Nibagïeño. Yo no vi a nadie. La laguna
está seca.
Él se puso a pensar. Se emborrachó con tabaco y dijo:
–Mi hija se fue a traer la boa.
Pero resulta que la boa es el propio espíritu de Dïïjoma. Él se puso
a llorar y al verlo los bailarines se fueron cada uno para su casa.
Dïïjoma llamaba a la boa golpeando el agua a ver si la boa salía,

pero esta no aparecía. Se había ido. La boa se fue tomando agua después
de tragarse a la muchacha. Se llamó, «El bebedor», se nombró «El
escurridizo», se apellidó «El que se resorta». Como estaba en eso no
venía y se fue tragando agua por todos los ríos.
Dïïjoma se puso a pensar y dijo:
–Tengo que ensartar las cuentas del collar de mi hija.
Con ese fin mandó a rallar yuca a la mujer con el fin de sacar
harto almidón. Se colgó de su cuello el ambil, se puso en la cabeza
una olla de barro y llevó en la mano otro hilo de cumare con el objeto
de ensartar las cuentas. Le entregaron la bola de almidón. Ya se fue
y golpeó el agua llamando a la boa: golpeó y golpeó. Ya vino la boa.
Como era Acuoso, al llegar se llenó de agua la lagunita.El hombre
estaba listo con el almidón en la mano. Golpeaba el agua. La boa se
lo tragó con todo y almidón. Después de devorarlo la boa se alejó.
Era el mismo espíritu que se había tragado a su hija. Era él mismo.
Ya adentro, él llegó y se aposentó en la misma tripa donde había
sido tragada la hija. Rasgó las costillas e iba botando y botando trozos
de carne. Ahí donde él escarbó la carne, él se sentó, quedó como en un
nicho, y se puso a ensartar las cuentas del collar de la hija que estaban
desperdigadas en la barriga de la gran culebra.
La boa fue viajando. Pasó por el «Río de agua caliente», pasó por
el «Río de aguas barrosas»; se fue por todas partes tomando el agua de
todos los ríos. Nada podía contra Dïïjoma porque la boa era el espíritu
del mismo Dïïjoma. El vengador iba cortando y cortando a la culebra,
y cortaba y cortaba y botaba y botaba. Él iba matando el espíritu de él
mismo. Sufría por ello. No pudo hacer nada: él se mataba así mismo.
La boa tomó el nombre de «El Bebedor».
Ya la boa se fue debilitando. Dïïjoma la fue dominando. Por los
ríos por donde pasaba tragaba gente. Tragó «gente de canangucho»;
tragó «gente de yuca». Así andaba y el hombre se decía: «Ya lo tengo
dominado».
Y así la fue matando y matando, quitándole la carne, dejándole
solo el cuerito. La boa, al no poder matar a Dïïjoma, se fue a la punta
de un río a donde la abuela Jaïare Buinaiño y le dijo:
–Abuela, a ti vengo.
–¿A qué se vino?
–Pues yo me vine porque me tragué a la hija de Fereña Fïkai y mi
corazón arde, está débil.
–Yo te dije que no tocaras eso porque era muy poderoso; él es
Dïïjoma.
La abuela le dio como remedio un palito para vomitar pero después
de meterlo y batir el estómago, no pudo expulsar a Dïïjoma,
no lo pudo trasbocar. Como no se pudo curar, la abuela lo reprendió
diciendo:
–¿Por qué tocaste eso si yo te dije que no lo hicieras? ¡Vete! Márchate
al sitio donde vivías y defiéndete como puedas.
Ya se regresó la boa. Ya estaba muy enferma, débil. Entonces el
mismo Dïïjoma se quejó en la barriga de su mismo espíritu. Le dio
fiebre, escalofrío, se quejaba.
La boa iba viniendo, viniendo. Hay un punto que se llama Menaiji,
«Agua de Milpés», allí llegó. Después, cuando su cuerpo se debilitó,
cuando su cuerpo estaba magullado y adolorido, el lugar donde sintió
eso se llamó Jibegïi; el lugar donde se le reventó la hiel y se volvió
amargo su aliento se llamó Erïñoi. Ya la boa llegó al bañadero de Dïïjoma.
Ya el espíritu le avisó a Dïïjoma que habían llegado a ese lugar,
que se apresurara a romper el cuero y saliera. Cuando llegó, la boa se
deslizó y se volteó. En ese momento Dïïjoma salió fuera del animal. La
boa se revolcó y murió. Ahí Dïïjoma sufrió porque el que moría era su
propio espíritu, por eso tenía escalofrío y se quejaba.
Del sitio a donde llegó en esa boa él trajo la variedad de yuca dulce
que se llama nuyogï nobï. Él fue subiendo por la ribera despacio, enfermo.
Más acá de la casa encontró a su hija Ecofaiyaño y dijo:
–¡Hija!
–¡Quién me dice hija si mi papá se perdió hace tiempo! ¿Quién eres
tú para que me engañes así?
Así le dijo la muchacha porque no lo reconoció de lo puro demacrado
que estaba. Él le contestó:
–Soy yo, Dïïjoma. Tu padre. Haz candela porque tengo mucho
frío.
Le pidió que amontonara palitos debajo de él y prendiera fogón
para calentarse. Ella lo hizo así, ponía y ponía palitos debajo del
papá.
Entonces Dïïjoma, después de calentarse cogió el palo de yuca
dulce y lo clavó en el patio de la casa. Puso el espíritu de esa yuca con
forma de huevo en el cogollo, para que se volviera una criatura.
Entró nuevamente a su casa y se acostó en la hamaca ubicada cerca
del fuego. La muchacha atizaba la candela.
Ese corazón se formó en huevo y se lo comió la hija. Ella decía
solita: «¡Ay! ¡Qué bueno está el huevo de ese pájaro!».
Así comentaba ella y atizaba el fogón.
Dïïjoma se fue calentando, se fue abrigando y se fue mejorando
con el calor de esa candela que ella llamó «candela que sana», «candela
que alivia».
Resulta que cuando a Dïïjoma se lo tragó la boa, ella se enyuntó
con un hombre de la misma gente de ella. Cuando Dïïjoma regresó le
preguntó a la hija:
–¿Dónde está tú mamá?
–Mi mamá se juntó con gente de su propia tribu.*
–Pues déjalos que vivan. Ahora tú vete y trae la hoja y la raíz del
yarumo.
Ella se fue y trajo eso. Entonces Dïïjoma convirtió la hoja en ala y las
raíces en garras, transformándose así en una formidable águila. Le dijo
a la hija que se pusiera en su cabeza hoja de yarumo para distinguirla.
Dïïjoma cogió el carbón y lo deshizo en la mano. Con ese polvo se
pintó los ojos. Todo quedó negro en esa parte. Y él se sentó y miraba
con esos ojos. La hija volviéndose hacia él le dijo:
–¡Ay papá! ¡Tú así te ves miedoso!
–¿Verdad que aterrorizo? ¿Te parece realmente que soy espantoso?
Le dijo que se pusiera hoja de yarumo blanco en la cabeza y salió
de la maloca posándose luego en la cumbrera. Ahí ya cantó como
májaño.
Fififififififiiiii…
De allí voló y se posó en un palo alto, un palo de merïsiguï. En
ese palo hizo el nido. Después vino a llevar el huevo que tuvo que
reemplazar porque la hija se lo había comido.
Cuando nació el pollo, él le daba de comer. Le traía toda clase de
animales: pericos, culebras, pájaros. Así él traía y traía hasta que empezó
a agarrar y traer gente. Empezó con la gente que se había enyuntado
con la mujer de él. Esto ya era por venganza. Por eso es malo que uno
le quite la mujer a otro porque siempre llega el fracaso y la venganza.
Él terminó trayendo gente de todas partes, pues ya casi había acabado
con su propia tribu. Cuando los sorprendía, los atontaba con
aletazos y después se los cargaba. La gente se estaba acabando, hasta
que cayeron en la cuenta. Entonces el jefe se dijo: «¿Por qué será que
nos estamos acabando? ¿Qué será lo que nos está pasando?».
Al ver que la gente estaba mermando reunió a los que quedaban
en la maloca. Y se puso a buscar por medio de borrachería*** la causa
de esas desapariciones. Entonces, a través del ensueño que produce el
tabaco sagrado, vio y habló así:
–Dïïjoma nos está acabando por haberse emparejado alguien con
la mujer de él.
Les pidió que cuando salieran lo hicieran en parejas y cortaran y
trajeran varas. Con eso arreglaron la maloca dejándola bien cerrada,
de tal manera que no quedara ni un agujero. Pidió que dejaran abierta
solamente la puerta para hacer ahí una trampa. Pusieron a la cría de
Dïïjoma al otro lado de la trampa para que él entrara a cogerla.
Así fue que cuando entró se le disparó la trampa. Él cayó en la
propia trampa, porque él inició eso de exterminar a todos y terminó
con el mismo invento de él, que es la venganza. Lo cogieron e hicieron
en el patio una especie de pasera. Ahí lo colocaron y lo fueron desgarrando.
Le sacaron todas las plumas; la que es como algodón se utiliza
para pegarla en las pantorrillas con leche de caucho. En el Baile de
Okima se usa todavía. Las garras las disecaron. Dïïjoma fue comido
por Juzíñamui.
Así acabó la vida de él.

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