Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito, Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamerica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.

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sábado, 26 de abril de 2008

Colombia - Mito Desana - Creación de los seres


Los Desana se encuentran ubicados al noroeste del departamento del Amazonas. Su territorio está localizado en el Resguardo Parte Oriental del Vaupés. Cuenta con una población de 2.457 personas y su lengua corresponde a la familia linguistica Tucano Oriental. Este mito de la creación de los seres humanos que transcribimos fue recogido de la obra Desana: simbolismo de los indios Tukano del Vaupés, del antropólogo autro-colombiano Gerardo Reichel-Dolmatoff:
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El Sol había creado la tierra, con sus animales y plantas, pero aún no había gente. Luego decidió poblar la tierra y para eso hizo un hombre de cada tribu del Vaupés; hizo un Desana y un Pira-Tapuya, un Uanano, un Tuyuka y otros más, de cada tribu uno. Entonces, para enviar la gente a la tierra, el Sol se sirvió de un personaje llamado Pamurí-maxse. Era un hombre, un creador de gente, a quien el Sol envió a poblar la tierra. Pamurí-maxse estaba en Axpikon-diá y allí se embarcó en una gran canoa.
Era una canoa viva pues en realidad era una gran culebra que nadaba por el fondo de las aguas. La piel de esta canoa-culebra estaba pintada de amarillo y de rayas y rombos negros. En su interior, que era rojo, venía la gente: un Desana, un Pira-Tapuya, un Üanano, de cada tribu uno. Junto con la Canoa-culebra venían los peces, pero no en el interior sino afuera, en las agallas; también venían los cangrejos, agarrados de la cola. Fue un viaje muy largo y la Canoa-culebra estaba subiendo los ríos porque Pamurí-maxse iba a establecer la humanidad en las cabeceras. Al llegar a los grandes raudales, la Canoa-culebra hacía crecer las aguas para poder pasar y hacía que el agua se amansara. Así seguían por largo tiempo y la gente ya estaba cansada.
En este entonces aún no se conocía la noche y así viajaron con luz, siempre a la luz amarilla del Sol. Cuando los primeros hombres se habían embarcado, el Sol le dio a cada uno alguna cosa, algún objeto, para que lo llevara con mucho cuidado. A uno de ellos le había dado una pequeña bolsa negra, bien amarrada, y ahora con el viaje tan largo, el hombre se puso a mirar la bolsa. No sabía qué había adentro. Se puso a abrirla y de pronto salió de la bolsa una multitud de hormigas negras, tantas que taparon la luz y todo se oscureció. Eso fue la primera noche.
Pamurí-maxse dio a cada hombre un cocuyo para que se alumbrara, pero la luz fue muy poca. Las hormigas se multiplicaron y los hombres trataban de invocarlas para que volvieran a la bolsa, pero todavía no conocían las invocaciones. Entonces vino el mismo Sol y con una varita azotó la bolsa e hizo entrar otra vez las hormigas. Pero las que no cupieron se quedaron en la selva y hacían sus hormigueros. Desde entonces hay hormigas. Una vez que las hormigas estaban dentro de la bolsa, volvió la luz pero desde entonces también existe la noche. Eso fue la primera noche, la Noche de la Hormiga.
Seguían viajando en la Canoa-culebra pero al llegar a Ipanoré, sobre el río Vaupés, tropezaron con una gran roca horadada que yacía allá en la orilla. La gente salió a tierra porque estaban cansados del largo viaje y pensaban que ya iban llegando a su destino. Salieron por un hueco en la punta de la canoa. Pamurí-maxse no quería que desembarcasen allá pues los pensaba llevar a las cabeceras de los ríos y así tapó el hueco con el pie. Pero la gente ya había salido, ya había brotado de la Canoa-culebra e iban dispersándose por ríos y montes. Pero antes de irse ellos, Pamurí-maxse dio a cada uno los objetos que habían traído desde Axpikon-diá y que, de ahí en adelante, iban a indicar las futuras actividades de cada tribu. Al Desana le dio arco y flecha; al Tukano, Pira-Tapuya, Waiyára y Neéroa les dio la vara de pesca; al Kuripáko dio el rallo de yuca; al Makú dio la cerbatana y un canasto y al Cubeo una máscara de tela de corteza. A cada uno le dio un cubresexo, pero al Desana le dio sólo una cuerda. Fijó los lugares donde cada tribu debía establecerse, pero cuando iba a indicar al Desana su futuro hogar, éste ya había huido para buscar refugio en las cabeceras. El Uanano también se había ido pues subió a las nubes del cielo. Entonces Pamurí maxse se embarcó nuevamente y volvió a Axpikon-diá.