Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito, Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamerica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.



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viernes, 7 de noviembre de 2008

México - Mito - Origen del Fuego

El presente mito sobre el origen del fuego, proveniente del norte de México, es relatado por Jáuregui y Neurath, y fue tomado y adaptado de la página Arqueología Mexicana:
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El Abuelo Fuego es un ser extraordinario al que debe cazarse y domesticarse: una especie de animal luminoso, ser muy brilloso cuyo secreto guardan los lobos, luz que aparece en el oriente. Primero, nació la luna, su abuela, y tenían su luz. Pero ella los engañó. Ocurrió que en la noche se produjo un ardor en medio de las rocas rojas y azules y de allí surgió una luz, desapareció, brilló de nuevo y luego se apagó. […]

En el fondo del peñasco, un hombre viejo estaba acostado; era una roca azul de aspecto horrible. Tenía sus flechas, una pulsera, sandalias y un bastón emplumado del cual emanaba una luz brillante”.
Tatevali (el Abuelo Fuego) salió de una roca cerca del rumbo del mar. El Fuego volaba cada noche a uno de los cinco puntos o rumbos, creciendo cada noche: desde el tamaño de una luciérnaga hasta el tamaño de un disco de dios… Se cuenta también el proceso de domarlo y amansarlo para que el abuelo atempere su fuerza destructiva.
- “Yo soy muy sagrado (‘delicado’). No puedo apartarme de este lugar, pues incendiaría todo el mundo. Por lo tanto, deberán traer un incensario, un morral y un cuenco de calabaza. Cuando estén en camino, humedézcanse las manos con agua y traigan también cinco piedras pequeñas sobre las cuales pueda sentarme como brasas de carbón”.
Cuando las trajeron, los carbones de fuego saltaron sobre ellos, quemándolos a todos. Entonces todos supieron que el Abuelo Fuego era todavía muy sagrado. Él dijo:
- “Yo soy, ciertamente, el más ‘delicado’ de todos los dioses. No puedo moverme sin quemar todo lo que haya a la vista”.
Entonces el Fuego les dijo a los hombres que cogieran cinco teapali (discos de dios) y cinco plumas. Si les rezaban a esos objetos, las plumas se encenderían. De esa manera, la gente podría tener fuego siempre que lo necesitaran.
Pero, a pesar de eso, el Abuelo Fuego continuaba siendo todavía tan delicado, que el mundo se incendió. Los hombres-dioses le rezaron a Nakawé para que salvara al mundo. Nakawé se soltó su redecilla y ésta empezó a inundar la tierra con lluvia. […]
El Fuego fue domesticado y dejó de ser delicado. Pero hubo que vigilarle durante cinco noches, pues todavía no podía entrar en todas partes. Cuatro noches transcurrieron en paz, por lo que la gente descuidó su vigilancia. A la noche siguiente la zarigüeya, Iaúsu Tewíali, robó el fuego, ocultándolo en su pecho. La gente la persiguió y cuando lograron atraparla, la mataron y le arrancaron su corazón de fuego. La zarigüeya revivió, pero le quedó el agujero en el cuerpo en el lugar donde había ocultado al fuego.


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