Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito,Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamérica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.


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viernes, 16 de agosto de 2019

Argentina - Mito Ona - Creación

Los selk'nam u onas​ son un pueblo amerindio que hasta principios del siglo XX vivía en el norte y centro de la isla Grande de Tierra del Fuego, en el extremo austral del continente americano en Argentina y Chile. Originalmente eran nómadas terrestres, cazadores y recolectores. Luego de un genocidio a principios del siglo XX y un proceso de transculturación que operó por más de un siglo, los selknam que continúan viviendo en la porción argentina de la isla se encuentran aculturados por completo. Este mito fue tomado del artículo La religión de los Onas del escritor argentino Ricardo Rojas
.

Los Onas llamaban Timaukel a un Ser Supremo. Aquel ser inefable, invisible, era la más antigua "persona", anterior al hombre y a la montaña, el poderoso en quien nacen y perecen las formas. Dentro de este ser viven los otros seres visibles del Universo. Todas las cosas de la tierra, del cielo y del mar son también "personas"; lo mismo el hombre que la roca, el lobo, el árbol, la nube, la nieve, el viento, la estrella.

Cada forma tiene un doble espiritual llamado mehn que la moldea, sostiene y anima. ... Llamaban Omeling al espíritu del cielo y Jalpen al de la nube, cuyo vestido es blanco y vuela sin ruido, como ciertas aves. Uno es el "mehn" del árbol verde, otro el del árbol seco, otro el del árbol quemado, y otro, impalpable y diáfano, llamado Josha, el del aire que vive entre los árboles, y éste es el verdadero espíritu del bosque. La montana, Huepen, y el lago, Cahme, son hombre y mujer; espiritualmente, sus "mehnes" procrean.

Los onas dieron asimismo el nombre de "mehn" al "doble" o espíritu de los que han muerto. Algunos "rnehnes" son ahora estrellas y constelaciones. Los héroes, por su condición divina son hijos del Cielo y se transformaron en los más lucientes astros de la noche fueguina. Aquel campo de fuego que se ve arriba, es el "mehn" de Kuanip (o Kenos), el héroe civilizador de los onas...

Cada ser es una persona y tiene un "mehn" diferente. El Universo es una esencia en que no se distingue lo natural de lo sobrenatural. La realidad se presenta como un escenario de fuerzas espirituales. El pensamiento se transfería al mundo externo, tanto como las imágenes del contorno se proyectan por los sentidos en la mente. La visión onírica era tan corpórea como la experiencia sensible. Todo era mágico en estos pueblos y su ambiente. Su religión estaba implícita en la vida porque ella misma era la vida, quizá no imaginada como algo diferente de la muerte. Careció de artes ornamentales porque el paisaje era el mejor ornamento. Careció de culto idolátrico porque su liturgia era cosmogónica. Careció también, por eso mismo, de ritos mortuorios. La muerte y la vida, como el sueño y vigilia, eran un solo fluir espiritual en las formas del tiempo y del espacio. Condenaban el homicidio voluntario, para salvar la integridad biológica de la familia y la concordia entre los clanes. La muerte natural no tenía mayor importancia porque el "mehn" del difunto sobrevivía y su cadáver se desintegraba lentamente, acaso sin putrefacción, cremado o depositado en la nieve, pero sin tumba. Los hijos no nombraban a sus padres fallecidos para no evocarlos, porque se creía en una transmigración de los espíritus; idea análoga a la de Egipto, aunque sin sarcófagos ni momias. La muerte era una perfecta desmaterealización, pero no un perecer. ...Dentro de esas raras concepciones, que no son metafísica panteísta, ni politeísmo antropomorfo, sino magia primordial y biología del espíritu, concibieron ese Dios Supremo al que dieron nombre, aunque sin darle forma y sin rendirle cultos ceremoniales, puesto que los hombres vivían en Él y Él en ellos. Poblaron el universo de tantas "personas" como seres existen; en lo esencial, no diferentes de la persona humana. Lo divino y lo humano y lo natural carecieron de distinciones. Semejante cosmosofía formó la religión, la ciencia, el arte, y una moral formulada en sabias normas y hermosos mitos que dramatizaban la vida y exaltaban el heroísmo, para la subsistencia de la raza que así venció al medio hostil, en una selección milenaria.

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