Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito, Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamerica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.



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lunes, 25 de agosto de 2008

Colombia - Mito Guanano - El Sol y su hijo

Los Guanano, Kotíriâ o Decosirumara son una etnia indígena que habita a ambos lados del río Vaupés en el departamento de Vaupés, Colombia, y el estado de Amazonas, Brasil. Son unas mil personas. Este relato del Sol y su hijo es muy conocido por los grupos étnicos de la región y territorios aledaños: tukanos, desanos, tarianos, piratapuyos, y barazanos, entre otros. Es un mito tomado de la web del SINIC:
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Cerca de la Laguna de Tarira (Pez Dormilón) estaba internado Diádoe, a quien debe su nombre la laguna. Cerca del lugar vivía el mítico Sol con su hijo y algunas familias relacionadas con la maloka.
Diádoe era familiar del padre de los pescados, llamado Vaí Deyu, que en esa época vivía en Waracapurí, por el caño piña (ahora conocido como caño viña). Estando en caño sol, el Sol se iba de pesca a la laguna de Diá Doe Dijtara llevando siempre consigo su hijo, que estaba lleno de granos y heridas en la piel, pero que se pensaba fuese un estado normal en la época de la infancia.
Aunque parezca absurdo, el padre Sol, utilizaba al niño como carnada de pesca. A pesar de llevar siempre consigo arco y flecha, cuando llegaba a la laguna, colocaba al hijo encima de una camareta, lo tendía a ras del agua y con las uñas le pinchaba algunas de las heridas para que goteara la sangre. El olor de la sangre atraía a los peces, que se acercaban para comer o lamer la sangre y en ese momento el Sol los flechaba, aunque tenía la restricción de no matar más de cuatro o cinco pescados antes de regresarse a la maloca.
Cada vez que se iba de pesca hacía lo mismo. Sus compañeros de la maloca también se iban de pesca pero no conseguían nada, por lo tanto comenzaron a sospechar de la pesca de aquel y murmuraba la gente:
- “¿Por qué será que el Sol, sale para la pesca y coge pescados al ratico? – debe tener chundul (pusanga) para pescado...”.
Para aclarar sus dudas, la gente buscaba la manera para dialogar con el hijo del Sol; querían saber con qué carnada o de qué manera estaba pescando el Sol. Un buen día, el padre sol descuidó a su hijo y se fue para la chagra diciéndole al niño que si alguien venía a preguntar por él no respondiera ni dijera nada. Tan pronto los demás se dieron cuenta de que el Sol se había marchado, sin perder un segundo, se fueron a buscar al hijo y le preguntaron:
- “¿Su papá cómo hace para coger pescado tan rápido? ¡cuéntenos o si no lo matamos!”
De puro susto el niño fue contándoles cómo era que pescaba su papá. Les contó que cada vez que iba de pesca le llevaba a la laguna, que allá le dejaba encima de una camareta bien a ras del agua y le hacía salir sangre de las heridas, lo que atraía a los pescados.
- “Mi papá los flecha” les comentó el niño, inocentemente.
Entonces, al oír el relato del niño, los pícaros dijeron:
– “Llevemos al niño a la laguna a ver si es cierto...”.
Al llegar a la laguna le preguntaron:
- “¿Dónde está la camareta?”.
El niño la mostró indicándoles los pasos a seguir, y lógicamente, comenzaron a llegar los pescados atraídos por el olor de la sangre. Los hombres comenzaron a flechar los pescados sin saber cuántos tenían que matar cogiendo más de la cuenta. Descuidaron al niño y en el momento menos pensado llegó el papá de tariras, Diá Doe, y de repente se tragó al niño. Así, tuvieron que regresar a la maloka con muchos pescados pero sin el hijo del Sol.
El Sol, al regresar de la chagra, no encontró a su hijo. Sospechando que los parientes habían hecho algo indebido. Al saber la verdad se puso muy furioso y decidió ir a matar al papá de tariras, pero el mítico había decidido huir del lugar antes de que sucediera algo en contra de su voluntad. El Sol planeó ponerle trampas en varios lugares y en Las Cachiveras del río Vaupés para que, al huir, cayera en ellas. A partir de esta tragedia y por la huida de Diádoe, se originaron varias cachiveras con sus respectivos nombres, consideradas como lugares sagrados existentes en diferentes partes del río Vaupés y sus afluentes.
Diádoe huyó río abajo del Vaupés y para que no se escapara, el Sol puso una trampa de matapí (trampa para atrapar pescado) en la cascada o cachivera, que hoy en día se conoce con el nombre de Matapí. Diádoe no cayó en la trampa y pudo escapar desviándose por otro lado. Seguía bajando y el sol le seguía con la trampa; llegaron a otra cachivera y el padre de tarira se convirtió en cuerpo de arara, pasó volando y a la cachivera le colocaron de nombre Arara (que en lengua yeral quiere decir guacamayo). Siguió bajando Diádoe y llegó a otra cachivera donde el Sol ya tenía puesta otra trampa... al verla, se transformó en un pescado grande, pasó por encima de la trampa y esa cachivera quedó con el nombre de Carurú, que en lengua yeral significa pescado.
Diádoe siguió bajando enfrentando varias circunstancias hasta llegar a la cachivera de tapíra yerao, donde había otra trampa del Sol. Allí se transformó en un pescado pequeño de la familia guaracú blanco, éste brincó a un lado de la trampa formando una guachinacán, que significa pez blanquillo en tukano. Siguió bajando hasta llegar a la cachivera de Yavaraté (yaí poeva) y entró por el río Papurí, subiendo hasta llegar donde su primo, Waí deyu, donde hoy en día es la cachivera de Waracapuri, en la cabecera del caño viña, ubicado en la jurisdicción de Acaricuara. Cuando llegó, el padre de los pescados Waí deyu, se encontraba preparando la fiesta del ofrecimiento de dabucurí con el cuñado Araña, en tukano bujpu. Ya estaba por empezar la fiesta cuando discutieron y salieron peleando. Wai deyu se fue para empezar la música de la fiesta y al sacar la caja de instrumentos que había sido empacada por araña, se produjo una explosión de plumas. Al regresar a la fiesta Wai deyu le pegó una paliza a Araña porque estaba enojado. Araña, maltratado y furioso con Wai deyu, se encontró con el Sol que buscaba a Diadoe para vengarse por haberse tragado a su hijo, y decidieron ponerse de acuerdo para desquitarse echándole barbasco a los dos después de la fiesta, ya que seguramente estarían amanecidos pasando guayabo. Waí deyu y Diádoe se despertaron entre la vida y la muerte pero ninguno de los dos murió; salieron espantados río abajo con todos sus hijos. Llegaron a Piracuara y el padre de los pescados con todos sus hijos, como por arte de magia, lograró pasar bajo un conducto subterráneo y desde allí partieron hacia el río Apaporis, llegando al lugar sagrado de Jirijirimo (piedra Ñi) a la Cachivera la playa. Por esta razón el río Papurí es en este momento pobre de pescado.
El personaje mítico Diádoe siguió su trayecto río abajo del Vaupés y una parte de río negro hasta llegar en San Gabriel (Brasil). En éste lugar sagrado, el Sol le tendió la última trampa mortal, en sociedad con las demás familias de allí. Su cuerpo fue despedazado, las carnes y las escamas de la mitad para arriba del pez fueron lanzadas río abajo y las carnes y escamas de la cola fueron lanzadas río arriba, como señal de la existencia de peces dormilones grandes y pequeños. Sus carnes se convirtieron en diferentes pescados que actualmente nutren el río Vaupés.

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