Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito,Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamérica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.


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En agosto de 2019 ofrecimos unas estadísticas de Las 10 entradas más visitadas en 11 años.




jueves, 11 de septiembre de 2008

Perú - Mito Chimú - Origen Dioses

Los Chimú fueron un pueblo pre-incaico (1.000 - 1.470), de la costa del Norte de Perú, cuya cultura sustituyó a los mochicas. Se caracterizó por sus grandes ciudades amuralladas, como la capital, Chanchán. Contaba con una avanzada organización social, militar y política. Adoraban al Sol, la Luna, el viento y el mar. Fueron conquistados por los incas en 1.470. Esta relaci{on de dioses fue tomado de la página web Mitos Incas.
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Chimú tenía al dios Kon como su mediador entre la tierra y el cielo, en donde reinaba el dios Sol, Chatay, ayudado por la Luna, Quillapa Huillac, a la que muchos consideraban más poderosa que el Sol, ya que podía reinar en la noche y en el día era capaz hasta de cubrir al Sol y hacerlo desaparecer del cielo en los eclipses.
Alrededor de estos dioses mayores estaban los dioses celestiales, como los del relámpago y el trueno, la estrella de la mañana (Achachi Ururi) y la estrella de la tarde (Apadri Ururi), el demonio que vive en la estrella central de la constelación de Orión, precisamente la que marca el cinturón del cazador, y que está acompañada por otras dos estrellas (Patas), que son las enviadas por la diosa Luna para vigilarlo de cerca en su desierto y evitar, con su perpetuo presidio celestial, que siga haciendo el mal.
También había divinidades zoomórficas, como los felinos moteados.
El cielo no era más que una extensión de la tierra, y la vida que esperaba tras la muerte era tan sólo la prolongación de la primera terrena.

Argentina - Mito Mataco - Origen del fuego

Los matacos habitan en la Región del Chaco, en el norte de Argentina. Este mito del origen del fuego de este pueblo fue compilado por Buenaventura Terán en su obra El ciclo de Tokjuaj y otros mitos de los wichis. Fue tomado de la web Mitos Ancestrales. .

Aunque el hornero (un ave) era muy trabajador, le gustaba mucho reírse. Construía su casa, vivía allí un tiempo y luego la vendía.
Los otros animales hacían fiestas y no invitaban al hornero porque creían que se iba a reír de ellos. Estos animales eran la tortuga, el quirquincho, el pichi, el suri o ñandú, la chuña, el conejo, el coy y la abuelita araña. Todos iban a comer a lo del Itoj Pajla, el Hombre de Fuego.
Un día el hornero los alcanzó. Pero la avispa le pidío que por favor no se fuera a reír porque el Hombre de Fuego se enojaría.
El Itoj Pajla estaba sentado y cada uno de los animales le pasaba su olla. Él las ponía de a una sobre sus rodillas y de este modo el agua de la olla no tardaba en hervir.
El hornero estaba alrededor del Hombre de Fuego junto con los otros animales. El suri abrió sus alas y el Hornero, temeroso de que riera, aunque el hornero le había asegurado que no lo haría.
Había un gran silencio en el lugar. El hornero vio que el Hombre de Fuego tenía todo el cuerpo cubierto de fuego. Cuando vio los testículos con fuego, no pudo contener la risa.
-¿Quién se ríe de mí? -quiso saber el Itoj Pajla.
Ahora se va a quemar todo el mundo.
Y comenzó a largar fuego mientras todos huían. El fuego se extendió por todas partes, persiguiendo a los animales. La tortuga alcanzó a meterse en el agua y el fuego le pasó por encima. Los demás corrían hacia el mar. El suri y la chuña fueron los primeros en llegar. Parecía que el fuego ya alcanzaba a los otros, pero también llegaron a tiempo y pasaron al otro lado del mar.
El hornero tenía la culpa de eso, pero hasta hoy sigue riéndose.
La tortuga se quedó en el agua, convirtiéndose en tortuga de agua.
Antes la gente no tenía fuego. Sólo Itoj Pajla lo tenía. Pero luego del incendio el fuego quedó en los árboles. Si el hornero no se hubiera reído no tendríamos fuego.

lunes, 25 de agosto de 2008

Colombia - Mito Guanano - El Sol y su hijo

Los Guanano, Kotíriâ o Decosirumara son una etnia indígena que habita a ambos lados del río Vaupés en el departamento de Vaupés, Colombia, y el estado de Amazonas, Brasil. Son unas mil personas. Este relato del Sol y su hijo es muy conocido por los grupos étnicos de la región y territorios aledaños: tukanos, desanos, tarianos, piratapuyos, y barazanos, entre otros. Es un mito tomado de la web del SINIC:
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Cerca de la Laguna de Tarira (Pez Dormilón) estaba internado Diádoe, a quien debe su nombre la laguna. Cerca del lugar vivía el mítico Sol con su hijo y algunas familias relacionadas con la maloka.
Diádoe era familiar del padre de los pescados, llamado Vaí Deyu, que en esa época vivía en Waracapurí, por el caño piña (ahora conocido como caño viña). Estando en caño sol, el Sol se iba de pesca a la laguna de Diá Doe Dijtara llevando siempre consigo su hijo, que estaba lleno de granos y heridas en la piel, pero que se pensaba fuese un estado normal en la época de la infancia.
Aunque parezca absurdo, el padre Sol, utilizaba al niño como carnada de pesca. A pesar de llevar siempre consigo arco y flecha, cuando llegaba a la laguna, colocaba al hijo encima de una camareta, lo tendía a ras del agua y con las uñas le pinchaba algunas de las heridas para que goteara la sangre. El olor de la sangre atraía a los peces, que se acercaban para comer o lamer la sangre y en ese momento el Sol los flechaba, aunque tenía la restricción de no matar más de cuatro o cinco pescados antes de regresarse a la maloca.
Cada vez que se iba de pesca hacía lo mismo. Sus compañeros de la maloca también se iban de pesca pero no conseguían nada, por lo tanto comenzaron a sospechar de la pesca de aquel y murmuraba la gente:
- “¿Por qué será que el Sol, sale para la pesca y coge pescados al ratico? – debe tener chundul (pusanga) para pescado...”.
Para aclarar sus dudas, la gente buscaba la manera para dialogar con el hijo del Sol; querían saber con qué carnada o de qué manera estaba pescando el Sol. Un buen día, el padre sol descuidó a su hijo y se fue para la chagra diciéndole al niño que si alguien venía a preguntar por él no respondiera ni dijera nada. Tan pronto los demás se dieron cuenta de que el Sol se había marchado, sin perder un segundo, se fueron a buscar al hijo y le preguntaron:
- “¿Su papá cómo hace para coger pescado tan rápido? ¡cuéntenos o si no lo matamos!”
De puro susto el niño fue contándoles cómo era que pescaba su papá. Les contó que cada vez que iba de pesca le llevaba a la laguna, que allá le dejaba encima de una camareta bien a ras del agua y le hacía salir sangre de las heridas, lo que atraía a los pescados.
- “Mi papá los flecha” les comentó el niño, inocentemente.
Entonces, al oír el relato del niño, los pícaros dijeron:
– “Llevemos al niño a la laguna a ver si es cierto...”.
Al llegar a la laguna le preguntaron:
- “¿Dónde está la camareta?”.
El niño la mostró indicándoles los pasos a seguir, y lógicamente, comenzaron a llegar los pescados atraídos por el olor de la sangre. Los hombres comenzaron a flechar los pescados sin saber cuántos tenían que matar cogiendo más de la cuenta. Descuidaron al niño y en el momento menos pensado llegó el papá de tariras, Diá Doe, y de repente se tragó al niño. Así, tuvieron que regresar a la maloka con muchos pescados pero sin el hijo del Sol.
El Sol, al regresar de la chagra, no encontró a su hijo. Sospechando que los parientes habían hecho algo indebido. Al saber la verdad se puso muy furioso y decidió ir a matar al papá de tariras, pero el mítico había decidido huir del lugar antes de que sucediera algo en contra de su voluntad. El Sol planeó ponerle trampas en varios lugares y en Las Cachiveras del río Vaupés para que, al huir, cayera en ellas. A partir de esta tragedia y por la huida de Diádoe, se originaron varias cachiveras con sus respectivos nombres, consideradas como lugares sagrados existentes en diferentes partes del río Vaupés y sus afluentes.
Diádoe huyó río abajo del Vaupés y para que no se escapara, el Sol puso una trampa de matapí (trampa para atrapar pescado) en la cascada o cachivera, que hoy en día se conoce con el nombre de Matapí. Diádoe no cayó en la trampa y pudo escapar desviándose por otro lado. Seguía bajando y el sol le seguía con la trampa; llegaron a otra cachivera y el padre de tarira se convirtió en cuerpo de arara, pasó volando y a la cachivera le colocaron de nombre Arara (que en lengua yeral quiere decir guacamayo). Siguió bajando Diádoe y llegó a otra cachivera donde el Sol ya tenía puesta otra trampa... al verla, se transformó en un pescado grande, pasó por encima de la trampa y esa cachivera quedó con el nombre de Carurú, que en lengua yeral significa pescado.
Diádoe siguió bajando enfrentando varias circunstancias hasta llegar a la cachivera de tapíra yerao, donde había otra trampa del Sol. Allí se transformó en un pescado pequeño de la familia guaracú blanco, éste brincó a un lado de la trampa formando una guachinacán, que significa pez blanquillo en tukano. Siguió bajando hasta llegar a la cachivera de Yavaraté (yaí poeva) y entró por el río Papurí, subiendo hasta llegar donde su primo, Waí deyu, donde hoy en día es la cachivera de Waracapuri, en la cabecera del caño viña, ubicado en la jurisdicción de Acaricuara. Cuando llegó, el padre de los pescados Waí deyu, se encontraba preparando la fiesta del ofrecimiento de dabucurí con el cuñado Araña, en tukano bujpu. Ya estaba por empezar la fiesta cuando discutieron y salieron peleando. Wai deyu se fue para empezar la música de la fiesta y al sacar la caja de instrumentos que había sido empacada por araña, se produjo una explosión de plumas. Al regresar a la fiesta Wai deyu le pegó una paliza a Araña porque estaba enojado. Araña, maltratado y furioso con Wai deyu, se encontró con el Sol que buscaba a Diadoe para vengarse por haberse tragado a su hijo, y decidieron ponerse de acuerdo para desquitarse echándole barbasco a los dos después de la fiesta, ya que seguramente estarían amanecidos pasando guayabo. Waí deyu y Diádoe se despertaron entre la vida y la muerte pero ninguno de los dos murió; salieron espantados río abajo con todos sus hijos. Llegaron a Piracuara y el padre de los pescados con todos sus hijos, como por arte de magia, lograró pasar bajo un conducto subterráneo y desde allí partieron hacia el río Apaporis, llegando al lugar sagrado de Jirijirimo (piedra Ñi) a la Cachivera la playa. Por esta razón el río Papurí es en este momento pobre de pescado.
El personaje mítico Diádoe siguió su trayecto río abajo del Vaupés y una parte de río negro hasta llegar en San Gabriel (Brasil). En éste lugar sagrado, el Sol le tendió la última trampa mortal, en sociedad con las demás familias de allí. Su cuerpo fue despedazado, las carnes y las escamas de la mitad para arriba del pez fueron lanzadas río abajo y las carnes y escamas de la cola fueron lanzadas río arriba, como señal de la existencia de peces dormilones grandes y pequeños. Sus carnes se convirtieron en diferentes pescados que actualmente nutren el río Vaupés.

Colombia - Mito Tikuna - Creación

La familia Tikuna habita el trapecio amazónico y tiene una población de 27.000 habitantes, siendo el grupo más numeroso del Amazonas. Se estima que en el Brasil habitan alrededor de 20.000 indígenas, mientras que en Colombia habitan 6.585 personas. Este relato sobre la Creación es un relato de Wilson Ramos y está tomado de la web del SINIC:
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Esta es la historia del principio del mundo, cuando la creación estaba incompleta, cuando no había agua, ni luz, ni hombre para que al menos cuidara de las cosas del mundo. Solo estaban la tierra, el cielo, algunos animales y frutas por conocer. Era una confusión, la oscuridad sobre la tierra dependía de un árbol inmenso que la cubría.
Así fue que llegó el momento en que Yoí, el primer padre existente en la tierra, reflexionara para dar y poner fin a las cosas. De esta manera habló a su hermano Ipí, pero éste era muy pícaro y todo lo que su hermano mayor decía, lo contradecía a pesar de que fuera su única compañía en la tierra.
El cielo estaba cubierto de oscuridad. Yoí llamó a su hermano y dijo:

- “Vamos a coger todas las frutas existentes en la tierra y llamamos a los animales existentes para convocarles que vamos a tumbar este árbol inmenso llamado Lupuna”
Entonces todos los animales existentes sobre la tierra comenzaron a picar, morder y raspar el árbol. Toda una multitud de animales que ya existían en la tierra estaban a punto de tumbar el árbol. Sin embargo, Yoi e Ipí se sorprendieron porque aún no lo conseguían. Entonces Yoí mandó a llamar a las dos especies de ardillas que existían en el mundo. Mandó subir a la ardilla golosa hasta el final del árbol para ver por qué no quería caer. La pequeña ardilla no consiguió llegar hasta la cima del árbol, solo pudo llegar hasta la mitad.
Entonces Yoí mandó subir a la otra especie de ardilla, que era la ardilla trepadora. Esta ardilla sí pudo trepar hasta la cepa del árbol y descubrió la razón de la sorpresa de Yoí e Ipí. Bajó enseguida y le dijo a Yoí que era un mico perezoso que con las manos tenía agarrado el cielo y con los pies tenia agarrada la copa del árbol y era por eso que no quería caer.
Yoí mandó nuevamente a la ardilla trepadora a la cima del árbol con ají para echarle al mico perezoso. Ella llegó hasta la cepa del árbol, le echó el ají en la boca al mico perezoso pero no le hizo nada. La ardilla volvió a bajar y dijo que el ají no le hacía nada al mico.
Entonces volvió a subir con unas hormigas pequeñas que en la zona se conocen como “twnw”, cuya picadura es muy fuerte. La ardilla llegó y esparció las hormigas en el cuerpo del mico. El dolor de las picaduras de las hormigas hizo que el mico perezoso fuera soltando el árbol que sostenía hasta que al fin lo hizo.
Este árbol cayó sobre el mundo formando relámpagos, truenos y haciendo brotar aguas. Un inmenso caudal se formó del tronco dando origen al río Amazonas y de las ramas se fueron formando las lagunas y afluentes.
Fue tanta la alegría de Yoí que se metió al agua y a medida que las gotas lo salpicaban fue convirtiéndose en una multitud de peces que llenaron los ríos. Entonces Ipí notó su soledad y vio que sobre el agua flotaba el corazón del árbol. Por curiosidad lo cogió, lo plantó y cuidó con mucho cariño estando siempre pendiente de él. Luego de algún tiempo se lo comió y sintió algo maravilloso, al botar la semilla vino una señorita muy hermosa y le dijo que lo quería mucho. En adelante, Ipí la consideró como su mujer. Esta fue la primera pareja que existió en el mundo.
Yoí volvió a la tierra donde su hermano Ipí que ya tenía esposa, pero al llegar, la esposa de Ipí desapareció y Yoí se sintió solo y triste. Un día se fue al puerto y se sentó a la orilla del río cuando de pronto se le apareció una joven muy hermosa que se quedó con él. Yoí consiguió pareja mientras su hermano se quedó solo de nuevo.
Yoí pensó en organizar todos los seres que había creado y organizarlos por clanes.
Yoí e Ipí estaban juntos cuando se les apareció una iguana. Yoí la mato y enseguida la cocinaron. Cuando estuvo preparada Yoí la repartió entre todos los animales creados por él. Cuando la iba repartiendo a cada animal iba mencionando el clan al que pertenecía: el muchilero, la garza, el tigre, la guacamaya, el tucán, la garza negra, la hormiga, el canangucho, en total catorce clanes. Así mismo instruyó a cada uno sobre con quién podía casarse dejando bien claro que por ejemplo, guacamaya con garza no se podía, al ser unión de dos plumas, pero que guacamaya con tigre, no era ningún problema, pues era piel con plumas. También estableció que los hijos heredarían el clan de su padre y pronunciando estas palabras volvió al tronco del palo y al río más grande, el río Amazonas.

domingo, 24 de agosto de 2008

Brasil - Mito Sateré-Mawe - Origen de plantas

Los Sateré-Mawé, como se autodenominan, son un pueblo indígena, creadores del cultivo del guaraná, particularmente son los inventores del proceso la extracción del fruto de la trepadora silvestre. Están relacionados al tronco Tupí, y de la familia de los Tupí-Guaraníes. Los Sateré-Mawés se localizan en medio del río Amazonas, en Pará, Brasil. Este mito fue tomado y adaptado de la Rede Brasileira:
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En el comienzo de todas las cosas, había tres hermanos, dos eran hombres y la hermana era una muchacha bonita llamada Uniaí. Uniaí era la dueña de Nocoquém, un lugar encantado, uno de los mas hermosos de la Tierra. Solo ella conocía todas las plantas que había allí: las que servían para comer, las medicinales, las buenas para hacer jícaras y las que servían para hacer cuentas de collar. Todo lo que necesitaban sus hermanos, ella se los enseñaba poco a poco. Fue ella quien plantó en Nocoquem un árbol de castaño que creció como ninguno. Uniaí no tenía marido.
En aquel tiempo los animales eran también personas y todos tenían un solo deseo: casarse con ella. Pero los hermanos de Uniaí no querían: era mejor que su hermana se quedara con ellos, consiguiéndoles todo lo que necesitaban. Entre los animales, la viborita fue la primera en manifestar su deseo. Todos los días esparcía en el camino un perfume que alegraba y enternecía el corazón. Uniaí pasaba por ahí y exclamaba:
- Qué rico perfume!
La viborita que siempre andaba ahí cerca, acabó por animarse con esos cumplidos:
- Le gusto a Uniaí! Lo sabía.
Y fue a tenderse más adelante en medio del camino. Cuando llegó Uniaí, la viborita la miró fijamente a los ojos y deseó que fuera su esposa. Con ese simple encantamiento, cualquier animal, planta o persona estaba ya casado y engendraba un hijo. De esta forma, con el encantamiento del perfume, Uniaí quedó embarazada y sus hermanos se pusieron furiosos:
- Ahora Uniaí va a cuidar de su hijo y ya no nos va a ayudar en nada - dijeron.
Por ningún motivo querían ver a su hermana con su hijo.
Por eso Uniaí se marchó de Nocoquém. Entre tanto, el árbol de castaño se había hecho tan grande y frondoso que parecía un cielo verde y de sus ramas pendían unos erizos que, como cajitas de sorpresa, guardaban adentro las castañas.
Uniaí construyó su casa muy lejos, cerca de un río. El niño nació fuerte y bonito. Su madre lo bañaba entre las mariposas que acostumbraban volar junto a las riberas. Allí fue creciendo el niño cada vez mas fuerte y hermoso. Uniaí le contaba historias de Nocoquem, le contaba de las plantas, de sus tíos y del árbol de castaño. Cuando el niño aprendió a hablar, exclamó:
- Yo también quiero comer castañas. Yo también quiero comer esas frutas que tanto les gustan a mis tíos.
- No es fácil, hijo mío. Ahora tus tíos son los dueños de Nocoquém y nosotros no podemos entrar allí.
Pero el niño insistía en que quería comer esas frutas tan deliciosas.
- Es peligroso, hijo mío, tus tíos pusieron como guardianes al tepescuintle, el periquito y a la guacamaya.
- Pues de todos modos quiero ir.
Quería porque quería. A Uniaí no le quedó mas remedio que contentarlo, así que se pusieron en camino. Poco después, en Nocoquém, el tepescuintle vio debajo del árbol de castaño las cenizas de una hoguera en donde alguien había asado castañas. En seguida fue a contárselo a los hermanos de Uniaí. Uno de los hermanos sacudió la cabeza y dijo:
- Cómo es posible? ¿No será que el tepescuintle se equivocó?
Pero también el periquito vio lo mismo y también la guacamaya. Así que los dos hermanos decidieron mandar al chango para que vigilara el castaño y le ordenaron:
- Si ves a alguien, una persona o un niño, lo matas.
Al día siguiente el hijo de Uniaí quería comer más castañas y como conocía el camino a Nocoquem, se marchó solo. Esta vez el chango lo vio subir al árbol; entonces, escondiéndose en la espesura, sacó su arco y le disparó una flecha. Cayeron un montón de castañas y junto con las castañas, el niño.
Apenas Uniaí se dio cuenta de la ausencia de su hijo, salió corriendo hacia Nocoquem. Corrió y corrió sin parar. Cuando llegó, encontró su hijo muerto. Sopló y volvió a soplar pero nada! entonces lloró, lloró desesperadamente, no dejaba de llorar!
Pero de tanta tristeza brotó la fuerza:
- Tus tíos te hicieron esto. Querían verte muerto. Pero vas a ver, haré de ti la semilla de la planta mas poderosa que jamás se ha visto!
Y plantó a su hijo en la tierra y cantó de esta manera:
- Grande serás, curador de los hombres!Todos tendrán que acudir a ti para acabar con las enfermedades, para tener fuerza en la guerra y fuerza en el amor. Grande serás!
Entonces, del ojo izquierdo del niño nació una planta que no era fuerte. Era el falso guaraná, que todavía existe y que los indios llaman "uaraná-hôp". Después, del ojo derecho nació el guaraná verdadero que los indios llaman "uaraná-cécé". Por eso el fruto del guaraná se parece al ojo de las personas.
Unos días después, Uniaí fue a ver la planta que había criado. El guaraná estaba ya grande y lleno de frutos y debajo de él encontró a su hijo, alegre, fuerte y hermoso. Ese niño que nació de la tierra como una planta, fue el primer indio Maué. Es la fuerza y la vitalidad y es el origen de la tribu.

Santo Domingo - Mito Taíno - Origen de los seres humanos


Los arahuacos Taínos fueron una oleada de indígenas procedentes del área de lo que ahora es Venezuela, que a lo largo de los siglos fueron poblando las distintas islas del arco antillano. Cuando los taínos llegaron al Caribe, éste ya estaba habitado por otros pueblos. Este mito que recuerda el origen de los primeros hombres y mujeres, fue tomado y adaptado del relato de la web Premium Caribe:
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En el principio hubo un hombre llamado Yaya, del que no se sabe el nombre y su hijo se llamaba Yayael, que quiere decir hijo de Yaya. Yaya es el Ser supremo, el Gran espíritu, origen de toda creación.
Todo iba bien hasta que un día Yayael se rebela contra su padre. Este lo destierra cuatro meses. A su regreso siguen las diferencias y Yaya lo mata, coloca sus huesos en una calabaza o higüera que cuelga del techo de su bohío. Un día, Yaya y su mujer quisieron ver los restos de su hijo y cuál fue la sorpresa cuando lo que encontraron fueron peces, los cuales decidieron comer.
Mientras tanto, una mujer, Itiba Cahubaba, la paridora Madre tierra, moría al dar a luz a cuatro gemelos, gemelos creadores, símbolos de los cuatro puntos cardinales, la creación expandida, y de los cuatro elementos: fuego, agua, tierra y aire. El primero en salir era caracaracol (piel áspera) y se llamaba Deminán. No se sabe cuál fue el padre. Probablemente los cuatro gemelos divinos son el resultado de la unión entre la Madre Tierra y el Padre Cielo, Yucahu o Yucahuguamá, el Ser de la Yuca, deidad inmortal y celestial que nadie podía ver y cuya madre se llamaba Atabey, Madre de las Aguas.
Un día, mientras Yaya estaba viendo sus conucos de maiz y yuca, llegaron al bohío los cutro gemelos divinos y Deminán Caracaracol descolgó la calabaza llena de peces. Mientras los comían, sintieron los pasos de Yaya. En la huída se les cayó la calabaza de higüera rompiéndose en el acto. Dicen que fue tanta el agua que salió de aquella calabaza que llenó toda la tierra, y con ella salieron muchos peces; y de ahí dicen que haya tenido origen el mar. La rotura de la calabaza mítica hace alusión a la creación del mar, pero también al posible diluvio universal.
Los gemelos divinos, en su huída, se encuentran con el mudo Conel y llegan a la puerta del anciano Bayamanaco (Dios del Fuego), quien guardaba celosamente el cazabe (pan de yuca) y la cohoba (droga alucinógena). Deminán le pide al viejo un poco de cazabe. Bayamanaco se indigna y le lanza a la espalda un escupitazo de cohoba (guanguayo). Entonces sus hermanos le miraron la espalda, y vieron que la tenía muy hinchada; y creció tanto aquella hinchazón, que estuvo a punto de morir. Entonces procuraron cortarla, y no pudieron; y tomando un hacha de piedra se la abrieron, y salió una tortuga viva, hembra; y así se fabricaron su casa y criaron la tortuga.
Con el nacimiento de la tortuga hembra, símbolo de la creación de la primera mujer que engendraría a los humanos culmina el ciclo de los dioses creadores e iniciar la creación del mundo sensible.
El sol, la luna y la humanidad surgieron de lo profundo de una cueva, símbolo del útero de la Madre Tierra, llamada Iguanaboína, la cueva de la Serpiente Parda, localizada en el Este, la región del cacique Mautiatihuel, el Señor de la región del alba.
Cuenta el mito y no acaba que en el Oeste de la Española había una montaña mágica llamada Cauta con dos cuevas: Cacibajagua, de la cual salieron los taínos, y Amayaúna de la que salió el resto de la humanidad no taína. A la entrada de la cueva unos vigilantes hacían guardia para que nadie saliera durante el día, pues se creía que los rayos del sol los transformarían. Un día Mácocael se entretuvo fuera de la cueva, tardó en volver a la puerta, dicen que se lo llevó el Sol y fue convertido en piedra. A otros les pasó lo mismo, convirtiéndose en árboles de jobos (árbol divino).
Yahubaba salió a recoger hierba poco antes del amanecer, le sorprendió el Sol a mitad camino y se convirtió en pájaro que canta por la mañana, como el ruiseñor, y se llama Yahubayael.

Un día, Guahayona se rebela en la cueva de origen y arenga a las mujeres que se vayan ellas y sus hijos con él. Guahayona, las mujeres con sus hijos y su cuñado el cacique Anacacuya, emprendieron el viaje mítico en una canoa a una legión lejana. Durante el viaje, Guayahona se deshace primero de todos los niños junto a un arrollo y luego de su cuñado. Dicen que los niños lloraban y llamaban a sus madres que se habían ido… Y llorando así, y pidiendo teta, diciendo 'toa, toa', como quien pide una cosa con gran deseo y muy despacio, fueron transformados en pequeños animales, a manera de ranas, que se llaman tona. La rana es símbolo de las lluvias. Guahayona enseña un cobo o caracaracol a su cuñado Anacacuya. Cuando miraba el agua para ver el cobo, su cuñado Guahayona lo tomó por los pies y lo tiró al mar, y así tomó todas las mujeres para sí, y las dejó en Matininó, donde se dice que hoy día no hay más que mujeres. Y el se fue a otra isla, que se llama Guanín, y se llama así por lo que se llevó de él, cuando fue allá.
Los hombres apesadumbrados, sin mujeres y sin niños, fueron un dia lluvioso a lavarse en un rio. Pero aquel día, lavándose, dicen que vieron caer de algunos árboles, bajándose por entre las ramas, una cierta forma de personas, que no eran hombres ni mujeres, ni tenían sexo de varón ni de hembras, las cuales fueron a cogerlas; pero huyeron como si fuesen anguilas. Entonces buscaron cuatro hombres caracoles, de piel áspera que lograron sujetarlas. E igualmente tomaron a aquellas mujeres sin sexo de varón ni de hembra, y las ataron los pies y las manos, y trajeron el pájaro inriri (pájaro carpintero), y se lo ataron al cuerpo. Y éste creyendo que eran maderos, comenzó la obra acostumbrada, picando y agujereando en el lugar donde ordinariamente suele estar el sexo de las mujeres. Y de este modo dicen los indios que tuvieron mujeres, según cuentan los más viejos. Desde aquel día, el pájaro carpintero lleva una cinta roja en su pecho o en su cabeza