Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito,Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamérica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.


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jueves, 5 de junio de 2008

Argentina - Mito Toba - Origen de las mujeres


Toba es el apelativo en guarani, con el cual se conoce a una etnia del grupo pámpido que hacia el siglo XVI habitaba gran parte del Chaco Grande y del Chaco Austral. Este mito sobre la aparición de las mujeres fue tomado y adaptado de la página web El Hilo de Ariadna:
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Cuando recién comenzó a existir la tierra, había algunas personas, pero eran muy poquitas, y no había ninguna mujer. Solamente había hombres, pero no eran seres humanos como nosotros porque no habían nacido de mujeres. Por eso aquellos hombres para poder reproducirse dijeron: Vamos a usar calabazas secas. Entonces tomaban calabazas secas (como las que se usan para tomar el mate) y depositaban en ellas los reproductores y las tapaban muy bien con cera que sacaban de los panales de avispas. Pero cuando llegaba el nacimiento de las criaturas, ellas querían alimentarse y comenzaban a chupar la tierra porque no tenían leche para mamar y luego se morían por alimentarse solamente de tierra.

Esos hombres iban mucho al río, a pescar para comer. Después se volvían a sus casas y comenzaban a prepararse la comida. Comían cosas crudas, pues no había fuego tampoco. Un día que fueron a pescar, dejaron a uno de ellos para cuidar la comida que tenían en sus casas. Cuando ya estuvieron lejos, el que dejaron de casero escucho risas y percibió que las risas venían de lo alto. Entonces levanto la mirada y vio que venían unas cuantas mujeres, bajando del cielo. Cuando él se fue hacia ellas, queriendo enfrentarlas, ellas lo golpearon en la boca con un pedazo de braza y él no pudo hablar más. Entonces le robaron la comida y se fueron de nuevo para arriba.

Ese hombre que fue dejado como casero era un Loro, y pasó mucho tiempo hasta que regresaron los otros hombres, sus compañeros. Ellos venían muy cargados de peces. Y delante de ellos venían uno llamado el Zorro Sagaz, todo enrojecido por la sangre de una presa, y caminaba delante de ellos. Y cuando llegaron a sus casas comenzaron a prepararse su comida. En ese momento vieron que les habían robado la comida que dejaron antes. Entonces le preguntaron el Loro:- ¿De donde venían los que robaron la comida? Entonces el loro indicó con la mano hacia el cielo, porque el no podía hablar, ya que su boca había sido golpeada con un tizón de fuego.

Al otro día, esos hombres se fueron a pescar de nuevo. Esta vez dejaron de casero a uno llamado Aguila, que era un águila chiflón, que chiflaba de esta manera: “Viuf, viuf”. Y si alguien venia, el Aguila iba a chiflarles y les iba a avisar.

Cuando sus compañeros se habían alejado, el Aguila se escondió. Poco después escuchó que venían las mujeres, y mientras venían, se reían todo el tiempo. Entonces él se dijo: -Ellas son las que vinieron antes. Las mujeres cada vez se acercaban más a la tierra, bajando en una soga desde el cielo, y cada vez que bajaban un poco más, les salía un resplandor que iluminaba el lugar. Cuando la soga tocó la tierra, ese hombre llamado Aguila quedó enceguecido, y las mujeres le echaron brazas encima. Él pegó un salto para escaparse, pero ya había sido quemado. Ellas volvieron a robarles la comida que guardaban en las casas.

Más tarde volvieron los otros hombres aquellos, y el Aguila les explicó lo sucedido. Y agregó: -Yo digo que solamente el compañero Chiiquí (el Carancho) pueda saber la manera de atraparlas. Entonces el Carancho dijo: - Sí, mañana voy a hacer mi plan, cuando ellas aparezcan. Porque primero tengo que verlas y saber bien de dónde provienen. Entonces el llamado Chiiquí quedó de casero. Y dejaron convenida una señal. Si él las estaba capturando, tenia que chiflar “Viuf, viuf”. En caso de que no pudiese contra ellas, tendría que escaparse.

Al otro día, ellos se fueron otra vez a pescar. Y cuando ya se habían alejado bastante, el Chiiquí escuchó que venían las mujeres. Cuando estuvieron cerca de la tierra, el Chiiquí se dijo dentro suyo: - Ellas son poderosas. Pero yo también soy poderoso, como ellas. Y las miraba para arriba. Con toda rapidez voló hacia el cielo, y cuando ya estuvo en medio del cielo, agarró la soga y la cortó. Las que estaban abajo de la soga cortada se cayeron, y las que estaban arriba del corte se escaparon, volviéndose hacia el cielo.

Entonces, aquel llamado Chiiquí con toda rapidez se fue hacia donde se hallaban los otros, que estaban pescando, y dio unos fuertes chiflidos “Viuf, viuf” (que era la señal convenida). Los otros se dijeron: - Rápido, vamos para allá, seguro que Don Chiiquí las está capturando. El que era el jefe, el más grande en estatura, llamado Tuyango, se fue adelante. Toda su ropa era roja. Pero el Zorro Sagaz corrió más rápido y llego primero que todos ellos, que tenían alas (únicamente el Zorro Sagaz no tenia alas ni plumas). El zorro observó hacia todos lados y vio una mujer, la más bonita de todas, y se apoderó de ella y la metió dentro de su casa y sin perder tiempo la cubrió con su cuerpo y copuló.

Pero la mujer le cortó su miembro reproductor y se lo comió con la vulva, y el zorro Sagaz salió corriendo de su casa, mostrándose muy dolorido. Los otros le preguntaron: - ¿ Que le pasó, que le pasó? Y él respondió:- No tengo más el miembro viril, es como si ella tuviese dientes en la vulva, que me arrancaron el miembro. Ahora no lo tengo más. Así fue accidentado el Zorro Sagaz, y los otros le decían: - ¿Acaso no puede resolver su problema? Entonces él dijo:- Voy a buscar la manera de arreglarlo. Se fue a caminando por adentro de un monte hasta que encontró un árbol Garabato, y le saco una ramita, y la limpió muy bien, y luego se la injertó en el lugar del miembro que había perdido. Por eso, hasta el día de hoy se puede notar que los zorros tienen una cicatriz por causa de ese defecto. Después del Zorro Sagaz, todos agarraron para sí mujeres.

Argentina - Mito Guaraní - Origen del fuego

La subfamilia de lenguas guaraní es un conjunto de lenguas amerindias que se hablan en la Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Guayana Francesa, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. El siguiente mito argentino sobre el Origen del fuego está referido en la obra Mitos y leyendas guaraníes, de Girala Yampey, Universidad Nacional del Nordeste, Resistencia (Chaco, Argentina), 2003. Fue tomado y adaptado de la página web El Hilo de Ariadna:
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Los guaraníes habían perdido el fuego pero lograron hacerse nuevamente del valioso elemento. Los Mellizos lo recuperaron de los cuervos, seres despreciables y egoístas, que se habían apoderado del indispensable factor y lo guardaban celosamente, custodiándolo en todo momento para que nadie pudiera utilizarlo. Las negras aves carroñeras se habían convertido en sus exclusivas dueñas.

Ñanderyke'y, planeó un artilugio para rescatarlo de sus detentadores, pues resultaba esencial para el desarrollo de la vida. El fuego tiene una aureola sagrada que atrae a todo los seres vivientes. Siendo capaz de destruir la existencia, a la vez, ofrece condiciones de fatalidad tan poderosas que la vida no podría desarrollarse sin él. En los fogones, las miradas se encandilan en la danzas de sus llamas que cobijan las imaginaciones de la mente. Su energía es la que cuece los alimentos. Su fuerza provee tibieza para el hogar y purifica de todo el mal. Su calor protege del crudo invierno y madura las ideas y los sentimientos.

Esperando lograr que su plan sea exitoso, Ñanderyke'y, se hizo acompañar de su hermano menor a la zona donde moran las grandes aves de rapiña. Al avistarlas, ocultó a Tyvra'i entre unos arbustos y, simulando estar muerto, se echó en el suelo, emitiendo nauseabundamente olores. Los cuervos descubrieron enseguida la presencia del supuesto cadáver. Sus finos olfatos percibieron muy pronto el olor del alimento y sus penetrantes miradas ubicaron rápidamente la presa. Con prudencia, rondaron el lugar sobrevolando al bulto tumbado. Al notar que todo estaba tranquilo y comprobar la ausencia de otros poderes, trajeron el fuego.

Una vez dispuestos los encendidos carbones sobre el cuerpo tendido, se posaron en las ramas de unos árboles cercanos y esperaron que se cocinara la presa. Repentinamente, el mayor de los Gemelos, se incorporó y, sacudiéndose enérgicamente, arrojó una multitud de brasas a su alrededor. En ese momento, un sapo, implicado en la artimaña, saltó desde su escondite sobre las ascuas desparramadas y tragó varias de ellas. Los engañados cuervos recogieron prestamente sus fuegos y emprendieron una veloz huida despavorida.

Entonces, Ñanderyke'y, ordenó al sapo que le entregara lo que había recogido pero este se resistió y queriendo engañarlo, dijo no haber tomado ninguno. Ante la insistencia y la amenaza de castigo, optó por vomitar varios carbones encendidos. Cuentas que, desde aquel tiempo, el sapo quedó con la piel rugosa, como ampollada, debido a la lumbre que había tragado.
Al recuperan el fuego, el héroe guaraní lo deposito dentro del tronco de varios árboles cuyas ramas, hasta hoy, contienen la fuerza ígnea que se les entregó en custodia. Ñanderyke'y, conservó ése secreto y conoce cómo obtener el fuego. Sabe cómo usarlo y controlarlo. Él, lo preservó al almacenarlos en esos gajos que, cuando están bien secos, frotados unos con otros, reproducen el valioso elemento.

Ese conocimiento lo transmitió a la descendencia guaraní que aprendió cómo generarlo desde esas ramas. Es uno de los legados que Ñanderyke'y, ha dejado para uso perenne.

martes, 3 de junio de 2008

Perú - Mito Jíbaro - Creación


Los Jíbaros son tribus indígenas encontradas en la región amazónica del Perú, en el este del Ecuador y en Colombia occidental. El Jíbaro era violentamente agresivo con otras tribus y extranjeros, luchando con lanzas, y cerbatanas. Las cabezas de sus enemigos caídos eran preservadas con humo y conservadas como trofeos. Los jíbaros eran reacios a todo tipo de influencias del exterior, ya fuera la subyugación Inca, la influencia europea (sobre todo española) y la cristianización. El mito que se relata a continuación, fue tomado de la página web Scribd: Medio ambiente y cultura.

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La tierra, al principio, estaba desnuda y fría. Yus, el dios creador, pensó en vestir la tierra seca con árboles gigantes y pequeñas plantas. Entre las ramas el viento silbaba, lo que recordó a Yus que necesitaba poblar su creación con pequeños animales que silbaran con el viento. Creó así a pequeños animales como las moscas y otros insectos, serpientes que también silbaban. Junto a ellos colocó pequeños animales que saltaban de rama en rama, muertos de sed.

Entonces se dio cuenta que éstos no tenían agua, por lo que tomó un jarro de oro y derramó el líquido sobre las copas de los árboles formándose entre ellos primeros manantiales y después enormes ríos, poblándose de inmediato de innumerables peces.

Miró entonces al cielo, y lanzando su pañuelo a las alturas, cubrió el cielo apareciendo entonces el sol, la luna y las estrellas.

Pero Yus no estaba satisfecho con su creación ya que sus criaturas eran demasiado simples para comprender la grandeza de su obra, por lo que tomó un puñado de barro y modeló una figura de hombre. Luego subió a un gran volcán y sobre su cráter se coció el hombre. Dios dio un soplo sobre la figura para enfriar el cuerpo, dándole así la vida y la inteligencia para que se extendiera por la tierra.

domingo, 18 de mayo de 2008

México - Mito Azteca - Héroe Civilizador


El pueblo Azteca, antes llamado mexica, fue el último de los grupos nahuatlacos que llegaron a la cuenca de México, a finales del siglo XIII, cuando la mayor parte de los territorios centrales del país habían sido ocupados. Por tal motivo, se vieron obligados a luchar incansablemente para establecerse en el gran lago de México, en donde construyeron su espléndida capital, Tenochtitlán. Los Mexicas honraban a Huitzilopochtli, y el mito que traemos cuenta sobre su origen. Aparece en el libro Una aproximación a Coyolxauhqui de Justino Fernández, y fue tomado de la página web del INAH.
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En Coatepec, por el rumbo de Tula, había estado viviendo, allí habitaban una mujer de nombre Coatlicue. Era madre de los 400 Surianos y de una hermana de éstos de nombre Coyolxauhqui.
Y esta Coatlicue allí hacía penitencia, barría, tenía a su cargo el barrer, así hacía penitencia, en Coatepec, la Montaña de la Serpiente, y una vez, cuando barría Coatlicue, sobre ella bajó un plumaje, como una bola de plumas finas.
En seguida lo recogió Coatlicue, lo colocó en su seno. Cuando terminó de barrer, buscó la pluma, que había colocado en su seno, pero nada vio allí. En ese momento Coatlicue quedó encinta.
A ver los 400 Surianos que su madre estaba encinta, mucho se enojaron, dijeron:
- "¿Quién le ha hecho esto? ¿Quién la dejó encinta? Nos afrenta, nos deshonra".
Y su hermana Coyolxauhqui les dijo:
-"Hermanos, ella nos ha deshonrado, hemos de matar a nuestra madre, la perversa que se encuentra ya encinta. ¿Quien le hizo lo que lleva en el seno?
Cuando supo esto Coatlicue, mucho se espantó, mucho se entristeció.
Pero su hijo Huitzilopochtli, que estaba en su seno, le confrontaba, le decía:
-"No temas, yo sé lo que tengo que hacer”.
Habiendo oído Coatlicue las palabras de su hijo, mucho se consoló, se calmó su corazón, se sintió tranquila.
Y entre tanto, los 400 Surianos se juntaron para tomar acuerdo, y determinaron a una dar muerte a su madre, porque ella los había infamado.
Estaban muy enojados, estaban muy irritados, como si su corazón se les fuera a salir. Coyolxauhqui mucho los incitaba, avivaba la ira de sus hermanos, para que mataran a su madre.
Y los 400 Surianos se aprestaron, se ataviaron para la guerra.
Y estos 400 Surianos eran como capitanes, torcían y enredaban sus cabellos, como guerreros arreglaban su cabellera. Pero uno llamado Cuahuitlíac era falso en sus palabras.
Lo que decían los 400 Surianos, en seguida iba a decírselo, iba a comunicárselo a Huitzilopochtli.
Y Huitzilopochtli le respondía:
-"Ten cuidado, está vigilante, tío mío, bien sé lo que tengo que hacer".
Y cuando finalmente estuvieron de acuerdo, estuvieron resueltos los 400 Surianos a matar, a acabar con su madre, luego se pusieron en movimiento, los guiaba Coyolxauhqui. Iban bien robustecidos, ataviados, guarnecidos para la guerra, se distribuyeron entre sí sus vestidos de papel su anecúyotl, sus brazaletes, sus colgajos de papel pintado, se ataron campanillas en sus pantorrillas las campanas llamadas oyohualli.
Sus flechas tenían puntas barbadas. Luego se pusieron en movimiento, iban en orden, en fila; en ordenado escuadrón, los guiaba Coyolxauhqui.
Pero Cuahuitlícac subió en seguida a la montaña, para hablar desde allí a Huitzilopochtli, le dijo:
-"Ya vienen."
Huitzilopochtli le respondió:
- "Mira bien por dónde vienen."
Dijo entonces Cuahuitlícac:
-"Vienen ya por Tzompantitlan"
Y una vez más le dijo Huitzilopochtli:
-"¿Por dónde vienen ya?"
Cuahuitlícac le respondió:
-"Vienen ya por Coaxalpan."
Y de nuevo Huitzilopochtli preguntó a Cuahutlícac:
-"Mira bien por dónde vienen."
En seguida le contestó Cuahuitlícac:
-"Vienen ya por la cuesta de la montaña."
Y todavía una vez más le dijo Huitzilopochtli:
-"Mira bien por dónde vienen."
Entonces le dijo Cuahuitlícac:
-"Ya están en la cumbre, ya llegan, los viene guiando Coyolxahuqui."
En ese momento nació Huitzilopochtli, se vistió sus atavíos, su escudo de plumas de águila, sus dardos, su lanzadardos azul, el llamado lanzadardos de turquesa. Se pintó su rostro con franjas diagonales, con el color llamado "pintura de niño". Sobre su cabeza colocó plumas finas, se puso sus orejeras.
Y uno de sus pies, el izquierdo, era enjuto, llevaba una sandalia cubierta de plumas, y sus dos piernas y sus dos brazos los llevaba pintados de azul. Y el llamado Tochancalqui puso fuego a la serpiente hecha de teas llamadas Xiuhcóatl, que obedecía a Huitzilopochtli. Luego con ella hirió a Coyolxauqui, le cortó la cabeza, la cual vino a quedar abandonada, en la ladera de Coatépetl, montaña de la serpiente.
El cuerpo de Coyolxauhqui que rodando hacia abajo, cayó hecho pedazos, por diversas partes cayeron sus manos, sus piernas, su cuerpo.
Entonces Huitzilopochtli se irguió, persiguió a los 400 Surianos, los fue acosando, los hizo dispersarse desde la cumbre de Coatépetl, la montaña de la culebra.
Y cuando los había seguido hasta el pie de la montaña, los persiguió, los acosó cual conejos, en torno de la montaña.
Cuatro veces los hizo dar vueltas. En vano trataban de hacer algo en contra de él, en vano se revolvían contra él al son de los cascabeles y hacían golpear sus escudos.
Nada pudieron hacer, nada pudieron lograr, con nada pudieron defenderse. Huitzilopochtli los acosó, los ahuyentó, los destrozó, los aniquiló, los anonadó. Y entonces los dejó, continuaba persiguiéndolos. Pero ellos mucho le rogaban, le decían:
-"¡Basta ya!"
Pero Huitzilopochtli no se contentó con esto, con fuerza se ensañaba contra ellos. Los perseguía. Sólo unos cuantos pudieron escapar de su presencia, Pudieron liberarse de sus manos. Se dirigieron hacia el sur se llaman 400 Surianos, los pocos que escaparon de las manos de Huitzilopochtli. Y cuando Huitzilopochtli les hubo dado muerte, cuando hubo dado salida a su ira, les quito sus atavíos, sus adornos, su anecúyotl, se los puso, se los apropió, los incorporó a su destino, hizo de ellos sus propias insignias.
Y este Huitzilopochtli, según se decía, era un portento, porque con sólo una pluma fina, que cayó en el vientre de su madre Coatlicue, fue concebido.
Nadie apareció jamás como su padre. A él lo veneraban los mexicas, le hacían sacrificios, lo honraban y servían. Y Huitziiopochtli recompensaba a quien así obraba. Y su culto fue tomado de allí, de Coatépec, la montaña de la serpiente, como se practicaba desde los tiempos antiguos.

Colombia - Mito Achagua - Origen de los seres


Los Achaguas se ubican en la margen derecha del río Meta, comunidad de Umapo en el municipio de Puerto López, Colombia. La población estimada es de 280 personas, repartidas en un perímetro de 3.318 hectáreas. Su lengua pertenece a la familia lingüística Arawak. El siguiente mito de los Achaguas sobre el origen de los caribes, fue tomado del libro Colombia: Mitos y Leyendas del autor Luis María Sánchez.
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En el mundo de los achaguas hubo una serpiente que no sólo los mataba a ellos sino a los habitantes del Orinoco, y como estaba acabando con todos, imploraron a Purú, su dios creador, para que los socorriera, y como hasta él llegaron y fueron escuchadas las plegarias, un día les envió a su hija, la cual mató el animal y lo arrojó lejos.
Los indios, felices por el acontecimiento, realizaron grandes festividades en honor de Purú y de su hija, y mientras bailaban y bebían, la culebra se podría a la intemperie y de su cuerpo en descomposición brotaban por doquier gusanos que una vez tocaban con su cuerpo en tierra se convertían en indios caribes, sus posteriores mortales enemigos.

Cuenta la leyenda que así como la serpiente fue tan feroz y sangrienta con los achaguas, así también el hombre y mujer en que cada gusano se volvía, se convirtieron en los indios pertenecientes a esa tribu sanguinaria que más tarde tantos daños les causó, y creen que esta fue la manera como la serpiente se vengó.

Ecuador - Mito Cañari - Diluvio y origen de los seres


Después de conquistar Ecuador, Huayna Capac del imperio Inca adoctrinó varias tribus y les impuso el quechua, su lengua, la cual todavía se habla extensamente en Ecuador. Los Cañaris eran el grupo más fuerte y feroz, por lo que opusieron gran resistencia al imperio Inca. El mito del diluvio y del origen de los Cañaris fue inicialmente escrito por el sacerdote cuzqueño Fray Cristóbal de Molina, en 1.573, recogiendo lo narrado por nativos en el Cuzco. Fue tomado de la Enciclopedia de Mitología Universal, compilada por Arthur Cotterell.
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Luego del diluvio, dos hermanos escaparon de la gran inundación subiendo a la montaña llamada Huacayñan, la cual aumentaba de tamaño cada vez que las aguas amenazaban con sepultarla. Cuando las aguas retrocedieron, los hermanos fueron en busca de alimento, algo que resultó muy difícil.

Un día, tras una búsqueda infructuosa, regresaron a la cabaña que habían construido y vieron que había una comida preparada y chicha (cerveza de maíz). Esto pasó durante 10 días consecutivos hasta que, ocultándose para ver quién traía todo eso, el hermano mayor divisó a dos guacamayas que, al llegar, comenzaron a preparar la comida. Al ver que las aves tenían rostro de mujer, salió del escondrijo, pero los pájaros se enojaron y se fueron volando sin dejar nada de comer.

El hermano pequeño regresó y, al no ver comida, decidió ocultarse y espiar. Al cabo de tres días, las aves regresaron. Cuando la comida ya estaba hecha, cerró la puerta de la cabaña y logró coger el pájaro pequeño, pero el grande escapó. Vivió con la guacamaya muchos años y tuvo seis hijos e hijas. Se dice que de estos hijos descienden todos los cañarí. Consideran la montaña como sagrada y adoran a la guacamaya.