Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito,Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamérica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.


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miércoles, 16 de julio de 2008

Ecuador - Mito Jíbaro - Origen del Fuego


Los Jíbaros o Shuar son tribus indígenas encontradas en la región amazónica del Perú, en el este del Ecuador y en Colombia occidental. El Jíbaro era violentamente agresivo con otras tribus y extranjeros, luchando con lanzas, y cerbatanas. Las cabezas de sus enemigos caídos eran preservadas con humo y conservadas como trofeos. Los jíbaros eran reacios a todo tipo de influencias del exterior, ya fuera la subyugación Inca, la influencia europea (sobre todo española) y la cristianización. El mito que se relata a continuación, fue tomado del bolg Glorfindel y transcribe el relato registrado por Rafael Karsten en la obra Mitos de los indios jibaros (Shuara) del Oriente del Ecuador (1919):
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Los ancestros Jíbaros no conocían el fuego, y acostumbraban tomar los alimentos manteniéndolos durante buen tiempo entre sus mandíbulas cerradas, para lograr entibiarlos. También aquellos antiguos dejaban la comida en los claros de la selva para que el Dios Padre Sol, «Etsa» lo calentara con su divina alma ardiente.
En esos tiempos tan lejanos, los Jíbaros no tenían forma humana, sino que eran Pájaros, y sólo uno de ellos, de nombre Takea, conocía el secreto para producir fuego, frotando dos palos entre sí. Takea era envidioso. No quería que nadie más supíera hacer lumbres, y su alma temebrosa lo hacía estar al pendiente de los intentos que hacían los otros Jíbaros para robarle el fuego, así que en el momento en que escuchaba aleteos de Pájaros acercándose a su guarida, esperaba el momento justo para destrozar al ave intrusa, cercenándola con el filo de la puerta y el muro de su madriguera.
Sin embargo un día llega un minúsculo Pájaro-Mosquito y les propone a los demás Jíbaros una estratagema para hurtar a Takea el secreto del fuego. Todos consienten. El Pájaro-Mosquito moja sus pequeñas alas, y se pone a simular temblores de escalofrío cuando mira acercarse a la mujer de Takea. Esta siente compasión por el pajarillo y lo introduce a la casa, acercándolo al fuego. Como el Pájaro-Mosquito es demasiado pequeño para cargar uno de los troncos ardientes, finge todavía más su falsa enfermedad, y engaña a la mujer de Takea, quien lo coloca a la misma orilla de las chispeantes ramas. Entonces el Pájaro-Mosquito acerca las plumas de su cola a las lumbres, se le encienden y antes de otra situación, escapa rumbo al bosque.
En esa parte las “almas” de los árboles son ancianas, de manera que sus cortezas están llenas de rugosidades y están prestas a arder. Las chispas de sus plumas traseras queman, en efecto a unas ramas, y el ingenioso ladrón la toma con el pico para de inmediato dirigirse al escondite donde lo aguardaban sus secuaces. Les grita: «Ahora ya tenéis el Fuego. Tomadlo y llevádselo lejos de Takea. En adelante, no tendréis necesidad de calentar vuestros alientos debajo de los brazos y dentro de sus mandíbulas».
Takea mientras tanto reclama enfurecido a su mujer: «¿Por qué dejaste entrar a ese ladrón Pájaro-Mosquito? ¡El miserable nos ha robado nuestro fuego y ahora todo mundo podrá tenerlo! ¡Y tú mujer, tú eres la responsible de esta fechoría!».
Desde entonces, los Shuar son dueños del secreto del Fuego, y saben producirlo al frotar reciamente a dos trozos de madera de algodón, uno contra el otro.

viernes, 11 de julio de 2008

Chile - Mito Atacameño - Creación


Los atacameños son una etnia indígena de Sudamérica que habitó en el interior del desierto de Atacama, en el Norte de Chile, Argentina y Sur de Bolivia, en torno al curso del río Loa hasta Copiapó. Sus descendientes actuales en gran parte viven en las tierras ancestrales aunque muy mixogenizados formando parte de la población criolla. Este mito sobre el origen del mundo aparece en el texto Monitores Culturas Originarias, del Ministerio de Cultura Chileno y fue tomado de la web Ser Indígena.
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Los vecinos de la sierra cuentan, desde Cupo a Socaire, desde las cumbres hasta el llano, que en un comienzo en el mundo todo era sólo noche, todo era sólo penumbras, como cuando la neblina invade la quebrada. Nada iluminaba la existencia de los hombres, quienes deambulaban por los cerros, las quebradas y las vegas en busca de esquivos alimentos. Dicen que la falta de calor y de luz impedía la germinación de las semillas, el crecimiento de las plantas; sólo existía lo que ya estaba allí.
La tierra comenzaba recién a adquirir su forma actual, aparecían los paisajes de volcanes y planicies, con su amplia gama de colores. El agua caía copiosamente; llovía y llovía. Ríos caudalosos descendían desde lo alto, gastando los cerros, arrastrando grandes rocas con las cuales desgarraban el llano, abriendo profundas grietas.
"Saire", que significa agua de lluvia, frío, hambre y soledad eran los compañeros de algunos hombres "antiguos", los cuales difícilmente lograban sobrevivir. Se ocultaban en cuevas existentes en lugares tan separados como en Socaire, camino a las lagunas, y en la quebrada del Encanto, cerquita de Toconce, donde suelen verse sus sombras en las noches sin luna, pero es necesario ir sin compañía hasta dichos lugares para poder apreciarlo.
De estos hombres se dice que los de la cuenca del río Salado murieron por no resistir la presencia del sol; y los del sector socaireño, debido a la intensidad de las lluvias, acompañadas con sus truenos y relámpagos.
De ellos sólo perduran sus pueblos destruidos y sus tumbas saqueadas. También, a medio camino entre Toconce y Linzor, sus grandes pies quedaron marcados sobre las blandas rocas de aquella época. Hoy es posible ver esos rastros allí donde quedaron definitivamente grabados por ejemplo en Patillón.
En Socaire, cuentan algunos vecinos, cuando "los abuelos" habían hecho los terrenos y las eras, llovió durante cuarenta días y cuarenta noches, y el agua corrió y corrió, después, quizás cuántos años, demoró en terminarse el agua.
La gente en ese entonces era muy tímida, vivían en los graneros. No tenían casas, tampoco tenían nombres porque no eran cristianos. Aunque no eran gente educada eran personas muy buenas que vivían inocentemente. Trabajaban la tierra, sin herramientas porque no conocían la picota, ni la pala ni el chuzo; sólo usaban una rama de árbol y la pura mano. Sin embargo, ¡fue tanto terreno el que trabajaron!...
Ellos le cantaban al agua y el agua les ayudaba en sus trabajos, corriendo de piedra en piedra para hacer los muros de esos largos canales que aún se ven. Sin embargo, después de la larga lluvia lo perdieron todo: los terrenos, los sembrados, la vida. Por eso ahora, nadie sabe cantarle al agua para que vuelva a brotar como antes, para que haya tantos sembríos como antes, para que la gente sea buena e inocente, como antes.

Chile - Mito Chilote - Espíritu


Los chilotes son indígenas que habitan el archipiélago de Chiloé, de donde les viene el nombre. Sus antepasados fueron náufragos mapuches. Se han esparcido por toda la Patagonia en territorios de Chile y Argentina. El siguiente mito sobre el espíritu Millalobo fue recogido de la página web Ser Indígena:

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El Millalobo habita en lo más profundo del mar, y fue concebido bajo el mandato y protección del espíritu de las aguas Coicoi-vilu, por una hermosa mujer en amores con un lobo marino durante el período en que las aguas del mar invadieron la tierra.
Tiene el aspecto de una gran foca, su rostro tiene aspecto de un hombre y de pez.
La parte superior del tórax tiene aspecto humano y el resto de su cuerpo tiene formas de lobo marino. Está cubierto de un corto y brillante pelaje de color amarillo oscuro, de ahí su nombre Millalobo (de milla: oro) o Lobo de Oro.
Comparte su vida con la Hunchula, hija de una vieja machi, llamada la Huenchur, y cuando las condiciones lo permiten sale con su amada a las playas solitarias con la intención de disfrutar de los rayos del sol.
El Millalobo, fue envestido por Coicoi-Vilu, como amo y señor de todos los mares y por lo tanto es el jefe supremo de todos los seres que en ellos habitan. De esta manera está en el nivel jerárquico más alto del gobierno de los mares y se le puede comparar con Neptuno de la mitología griega. Como dueño y señor, de gran poderío, delega sus importantes funciones, en varios miembros subalternos encargados de hacer cumplir sus mandatos y voluntad. Esto va desde sembrar peces y mariscos, cuidar de su desarrollo y multiplicación, dirigir las mareas o controlar las calmas y tempestades. También están bajo su mandato las acciones de seres maléficos como la Vaca Marina, el Cuero, el Cuchivilu y el Piuchén.
De su unión con la hermosa Henchula nacieron la Pincoya, la Sirena y el Pincoy, quienes como buenos hijos ayudan y desempeñan importantes papeles en los vastos dominios de su poderoso padre.

miércoles, 9 de julio de 2008

Perú - Mito Huachipaeri - Cataclismo


La comunidad nativa de Queros se encuentra ubicada en la zona amazónica de la Reserva del Manu, en el departamento del Cusco, Perú. Sus habitantes pertenecen al grupo étnico Huachipaeri, quienes han habitado la zona desde épocas ancestrales, realizando intercambios comerciales con los Incas, y estableciendo alianzas pacificas en la zona. Actualmente, la población de esta comunidad se halla integrada por aproximadamente 40 personas. Este mito sobre Wanamei, el árbol de la vida, que presentamos a continuación, fue relatado por Julián Dariquebe Jerehua, poblador de la comunidad de Queros, y fue tomado de la página web de la Comunidad Nativa de Queros:
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Mucho tiempo atrás nuestros antepasados no contaban el tiempo, vivían de manera armónica y sin conocer la muerte, pasando la mayor parte del tiempo protegiéndose de las constantes y torrenciales lluvias. Pero hubo una época en que se produjeron grandes cambios e incluso la supervivencia de la gente se vio seriamente amenazada, logrando sobrellevar esa etapa el Wanamei, el árbol de la vida.
Esta amenaza surgió como resultado de un conflicto entre el fuego y el agua, manifestados a través de un gigantesco incendio y una gran inundación, que iban cubriendo todo el territorio y aniquilando a familias enteras, además de todas las personas, animales y plantas que encontraban a su paso.
Sin embargo, los pobladores se enteraron que en un determinado lugar crecía al Wanamei, un enorme árbol amigo donde muchas personas al subirse sobre sus ramas se habían salvado de las amenazas del incendio y la inundación.
Por ello se fueron a buscar el árbol, pero al llegar al lugar no encontraron al Wanamei, por lo cual disminuyeron sus esperanzas de sobrevivir, sin embargo, al poco tiempo apareció el loro Jokma, quien les ofreció la posibilidad de traerles la semilla del Wanamei si a cambio de esta le ofrecían a la doncella virgen mas joven que había entre ellos
El grupo aceptó las condicione del loro, y este les brindó la tan ansiada semilla. Al poco tiempo de plantarla, el árbol empezó a crecer y a desarrollar frondosas ramas. Los pocos sobrevivientes que quedaban, incluyendo personas y animales, subieron inmediatamente al árbol, pero algunos de ellos no lograron salvarse por que fueron alcanzados por las llamas o porque el humo no les permitía respirar.
Los que lograron alcanzar las ramas más altas permanecían inquietos, porque los ciclos normales del día y la noche habían desaparecido, permaneciendo todo el tiempo en la oscuridad. Ocasionalmente, cuando las aguas o el fuego se acercaban, ellos pedían al Wanamei que crezca un poco más para que puedan salvarse, y el árbol obedecía.
De ésta manera, el fuego empezó a apagarse hasta que un tiempo después desapareció, pero la tierra continuaba caliente y suave, por lo cual los habitantes del árbol todavía no podían bajar. Las pocas personas y animales que descendieron de manera prematura se hundieron en el suelo y desaparecieron.
Entonces los pobladores tuvieron que permanecer en el Wanamei por tiempo indefinido. Como eran tan pocos, se casaron y convivieron entre hermanos, estableciendo relaciones incestuosas que no estaban permitidas. Como resultado de la trasgresión a estas normas, las personas empezaron a morir después de poco tiempo. Desde entonces las personas conocen la muerte tal como es ahora.
El árbol de Wanamei estaba molesto por la conducta de las personas, por lo cual empezó a balancearse para hacerlos bajar. Cuando el árbol se movía, algunas personas caían al suelo y ya no volvían a subir, y lo mismo pasaba con muchos animales que resbalaban. Un tiempo después, las aves empezaron a volar y a explorar el estado del suelo, hasta que un día éstas comenzaron a cantar, indicando la proximidad de un amanecer que no habían visto en mucho tiempo, y el retorno de las condiciones de vida favorables. Después de eso la luz apareció, pero en el suelo no quedaba nada de lo que había antes.
Sin embargo, bajaron del árbol y se establecieron nuevamente en la tierra. Al poco tiempo empezaron a brotar algunas plantas comestibles que sirvieron para su alimentación, pero después de eso las personas se volvieron torpes y olvidaron muchos de sus conocimientos anteriores, y así como hemos visto hasta ahora”

Perú - Mito Mochica - Creación ser humano

La Cultura Moche o Mochica se manifestó entre los siglos I y VI d. C., ocupando un territorio que se extendió por gran parte de lo que hoy es la costa norte del Perú, abarcando lo que vendrían a ser, los departamentos de Ancash, Lambayeque y La Libertad, en la actualidad. Este mito fue tomado de la página web del Boletín de Nueva York:
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Luchaban en todas las esferas cósmicas los dos poderes eternos: los Dioses y los Demonios, el genio del Bien y el Poder Maligno, para establecer la supremacía de sus propios derechos y rodaban por los diferentes mundos y los espacios siderales, en abierta y constante rebelión.
El Bien pretendía crear al ser que los ayudara en la obra de la evolución, al hombre, y el Mal quería impedir esta realización, que le conllevaría un enemigo declarado.
Surcando el Universo, llegaron aquellas fuerzas luchadoras a la Tierra, en la cual nada existía fuera del algarrobo, que era una planta rastrera, reptante, endeble y raquítica, la cual nada era, nada significaba, ni nada producía. Y a pesar de su mínima importancia, una de las lianas del algarrobo, se enroscó en los pies del Genio del Mal, accidente que fue aprovechado por su enemigo para dominarlo.
Entonces, y en agradecimiento, dijo el jefe de los Dioses: "Como si te hubieras adelantado a mis deseos, has contribuído a mi victoria. Tú serás desde hoy mi siervo, mi semejante y mi aliado. Para que tengas poder, tú serás el candidato elegido para ser Hombre y tendrás las características de un Dios encerrado, de un Dios en potencia, de un Dios encadenado. Hombre por fuera y Dios por dentro serás, desde ahora, grande y fuerte en tu aspecto; severo y sereno en tu forma; eterno y constante en tu vida. No necesitarás de Mí, el Sol, para vivir, porque a nadie debes tu emancipación sino a tí mismo y a mí."
Y al conjuro mágico se creó el indio mochica, que salió del propio árbol del algarrobo, ya mayestático.
Pero el demonio, que no estaba muerto sino cautivo, produjo su maldición, diciendo: "Puesto que te has tornado en mi enemigo y has contribuído a mi derrota, Yo, el Genio del Mal, en oposición a las virtudes que te han sido otorgadas, te concedo, para siempre una parte de mí mismo. Serás mi vasallo, mi prójimo y mi aliado. Aunque seas grande y fuerte, el fuego de la pasión te convertirá en cenizas; aunque seas severo y sereno, te conmoverás cuando el viento de la adulación te roce; aunque seas eterno y constante en tu vida, pesará sobre tí el soplo del olvido y de la ingratitud, y aun cuando sólamente necesitarás del Sol para vivir y perdurar, estarás unido a la Tierra, con todos sus vacíos y defectos, puesto que sólo así podrás aprovechar aquella primicia celestial. Y ten presente que a Mí también debes tu liberación. A tí y a Mí."

miércoles, 2 de julio de 2008

Colombia - Mito Arhuaco - Creación



Los Arhuacos son un pueblo amerindio que habita la vertinte meridional de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia. Son aproximadamente 9 mil personas. Viven en los valles altos de los ríos Piedras, San Sebastián, Chichicua, Ariguaní y Guatapurí, en un área reconocida como resguado indígena de propiedad colectiva. Su territorio encierra varios de los sitios sagrados a los cuales siguen acudiendo los indígenas a hacer sus ofrendas o pagamentos. Los mamos han mantenido la tradición desde inmemorables siglos y en ella relatan sobre la creación del mundo. El fragmento que transcribimos y adaptamos fue narrado por los Mamos José Francisco Zalabata, JJuan Marcos Pérez, Norberto Torres, Gregorio Pérez y Arua Viku, y fue tomado de la web de la Revista Prometeo:
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Al principio, en la formación del mundo, siendo un estado de tinieblas desde mucho antes de aparecer nuestro Padre Sol -Kaku Bunkuaku- y nuestra Madre Luna -Atytima- para dar luz al mundo, de cómo se había formado nuestra primera Madre la tradición, donde fue formándose la tierra se denomina el cerro Elunmake Gunllunmake. Allí fue donde empezó la creación de cuantos seres debían de existir en el mundo entero y fue el origen de nuestra primera población con su sangre roja y blanca de quienes son cuatro Madres y cuatro Padres. Estos seres existieron en Espíritu antes de formarse el mundo, y en esta forma espiritual vinieron, dando sus nombres para representarnos como nuestros primeros Padres y nuestras primeras Madres.
Desde entonces, ellos se hicieron amos de la sangre que circula en nuestras venas, nuestro cuerpo y en nuestros cabellos, y así existen entre los hombres y mujeres, lo cual quiere decir que ellos fueron nuestros primeros autores, Padres y Madres primitivos.
El mundo, para formarse en un principio, el creador en espíritu fue el mamo Ñiankua y otro hermano menor que se llama Kaku Serankua, los verdaderos constructores, empezando la obra en forma de un caracol. En esta forma se fue engrandeciendo, a medida que se iba esparciendo fuera de un peñasco por todos los lados hasta llegar la formación de las cordilleras y las altas serranías, pero tierra de producción y vegetación, no había aún.
Entonces, vino otro ser en Espíritu, de igual manera y con poder también que se llama Yuga -hermano Nansiki- y él se llevó al amo de las serranías, de los picos y nevados del punto que hoy mencionan como el Páramo de las Papas. Este es un ser potente, de sabiduría y virtuoso que nadie podía contenerlo o levantarlo según el peso que él mismo contenía. Con el buen trabajo y la lucha, hizo el esfuerzo para transformar el mundo, ayudado por Kaku Serankua quien representa a un Dios de todos, según la historia de las tradiciones, desde el comienzo del mundo, hasta quedar formado tal como ha quedado por los creadores mencionados: Mamu Ñiankua, Kaku Serankua y Yuga Mansiki.
Después de formado el mundo, Kaku Serankua estudió cómo conseguirse cuatro Simunu, unas varillas color de hierro llamadas Yuisimanu, y escogió para el sostén del mundo cuatro deidades de oro en reliquia, a imagen y semejanza de él. Los designó para ser dueños de los temblores y los colocó de Norte a Sur y de Este a Oeste, o sea en los cuatro puntos cardinales. Estas deidades, transformadas en Espíritu de gran potencia son quienes sostienen el mundo por las cuatro puntas de las varillas, que están colocadas para que no se derrumbe nunca jamás y permanezcan por siglos y siglos, hasta el confín del mundo.
Esto quiere decir, que son los seres designados para promover la acción del temblor de tierra, quienes están permanentemente sosteniendo el peso del mundo; la referencia de los temblores es muy significativa, ya por causa o como consecuencia de la humanidad en general.
Seguidamente, el padre Ñiankua quien hizo el mundo, también dio el principio de cómo debía construirse el mundo entero. Ahora, la que se destinó para bautizar las casas de tamaño grande o pequeño, o de la forma que quisieran construirla, fue nuestra madre Ronarivan y nuestro Padre Kakuno Anas, el hijo de ellos llamado Geinnkinamaku fue quien bautizó las serranías y los puntos históricos y también le dio el nombre a todas las cosas que se habían creado. Los grandes cerros que se formaron en un principio, son denominados como Kankuruas Sagradas. Son siete y están representando el amor de todas las demás Serranías que encierra el mundo entero.