Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito,Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamérica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.


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lunes, 9 de junio de 2008

Argentina - Mito Ona - Origen del sol y la luna


Los onas (hombres de a pie) eran básicamente cazadores. Habitaron en la Isla de la Tierra del Fuego. A comienzos del siglo XX, fueron sometidos a un exterminio por los estancieros dedicados a la crianza de ovejas. Algunos pocos lograron sobrevivir en misiones salesianas. Aquí se relata el mito que narra los orígenes del rito esencial de su cosmovisión sobre la Pelea del Sol y la Luna. Está relatado en la obra Leyendas de la Tierra del Fuego, compilado por Arnoldo Canclini, y tomado de la página web El Hilo de Ariadna:
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Hace mucho, mucho tiempo, Krren, el Sol, y Krah, la luna, vivían en la tierra de los onas. En esa época las mujeres dominaban a los varones, a quienes trataban como a sirvientes, obligándolos a cumplir con las tareas más bajas. Entonces eran ellos los encargados de cargar los bultos, cocinar, cuidar a los bebés o acarrear el agua hasta las chozas. En determinadas ocasiones las mujeres, dirigidas por Krah, se reunían en un amplio toldo para llevar a cabo una ceremonia secreta que se llamaba hain. El hain era una especie de fiesta donde las jovencitas eran proclamadas mujeres y donde la presencia de los varones estaba prohibida. Durante el rito, las participantes se reunían alrededor del fuego y se disfrazaban: se pintaban el cuerpo con arcilla roja y blanca y se cubrían de plumas. Los hombres, mientras tanto, escuchaban los gritos y no se atrevían a acercarse por miedo a contrariar a los espíritus convocados.

Pero un día tres hombres jóvenes, osados y curiosos llamados Sit, Kehke y Chechu se resolvieron a espiar a las mujeres durante el hain. Querían saber qué pasaba en la choza prohibida y develar el secreto del poder femenino. Los tres hombres se fueron acercando con sigilo, mirando atentamente a su alrededor y ocultándose cuando les parecía necesario. Al llegar junto al toldo y atisbar por entre las junturas de los cueros se dieron cuenta de la gran verdad: los temidos espíritus no eran más que sus propias mujeres, a quienes reconocieron una por una. Lleno de rabia, Sit lanzó un fuerte silbido de aviso, y todos los hombres corrieron hacia la choza donde se desarrollaba el hain provistos de piedras y palos. Todos juntos se lanzaron contra las mujeres y las golpearon hasta matarlas. Rápidamente Krah apagó el fuego sagrado y quiso organizar la defensa, pero Krren la enfrentó, furioso por el engaño. Enceguecido, le dio fuertes golpes en la cara y la derribó sobre las brasas de la hoguera. Su enojo era tan grande que mató a su propia hija, la hermosa Tamtam. Hijas, madres, hermanas, esposas fueron ultimadas, todas menos las niñas que todavía no habían llegado a la edad del hain.

Cuando los hombres se calmaron, contemplaron desolados los despojos. Comprendieron que no podrían seguir viviendo allí y decidieron marcharse. Hombres, niños y niñas pequeñas se dirigieron hacia el Este, muy lejos, más allá de los mares, donde el mundo se acaba. Y allí se quedaron durante mucho tiempo, llorando a sus mujeres muertas y su soledad.

Sólo cuando las niñas se convirtieron en jovencitas los hombres decidieron volver a su tierra para repoblarla y comenzar de nuevo. Pero la vida de los onas nunca volvió a ser la misma. Desde ese momento Krren y los hombres dispusieron que el hain fuera una ceremonia secreta de la que sólo ellos participaran. Y dominaron el mundo mientras las mujeres, privadas de la protección de Krah, fueron sometidas para siempre.

Después de la derrota, Krah, desesperada de dolor y humillación, se sumergió en el mar, nadó hasta el horizonte y desde allí subió al cielo, que sería desde entonces su nueva morada. Estaba furiosa con Krren, con los hombres y con todos los espíritus masculinos, pero también se sentía ufana de ser la única que había salvado la vida. El Sol fue tras ella, burlándose de su cara manchada por los moretones y las quemaduras, pero no pudo ni podrá alcanzarla jamás. La gran persecución se repite todos los meses. Krah asoma poco a poco su rostro dolorido y se muestra por completo, clara y redonda, pero cuando divisa a Krren y comprende que él sigue dispuesto a maltratarla, comienza a esconderse hasta desaparecer. La Luna es rencorosa, recuerda siempre el tiempo en que era reina y señora y no perdona a los onas, que ayudaron a Krren a destronarla. Por eso envía desgracias a la Tierra y se lleva a los niños cuando las madres se descuidan. Los onas le tienen mucho miedo, no se alejan de sus toldos por las noches, no se unen con sus mujeres en luna llena y convocan a los hechiceros para que, con sus cantos, destruyan el influjo de Krah.

Muchas veces la maldicen levantando sus puños hacia el cielo, ordenándole que se vaya y deje de enviarles tormentas y enfermedades. Ella, como si obedeciera, desaparece por unos días, pero luego, burlonamente, vuelve a asomarse. Una vez cada tanto, Krah no adelgaza sino que empieza a ponerse oscura y permanece así, como tiznada por el odio. Entonces los onas siguen el mandato de sus hechiceros y resisten ensimismados, rogando todos juntos para que pasen pronto las horas angustiosas del eclipse.

domingo, 8 de junio de 2008

Argentina - Mito Guaraní - Origen de los nombres


Los guaraníes habitaban en el sur de Brasil, Paraguay y el noreste argentino. Se distinguieron por ser enérgicos guerreros y cazadores. Fueron parcialmente evangelizados por los jesuitas. Este mito sobre el origen de los nombres corresponde a este pueblo residente en Paraguay. Es relatado en la obra Argentina; compilación de mitos de guaraníes, tehuelches, matacos y tobas, onas, pampas, araucanos y collas, de Miguel Biazzi y Guillermo Magrasi, y fue tomado y adaptado de la página web El Hilo de Ariadna:
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El verdadero Padre Ñamandú, el Primero, de una pequeña porción de su propia divinidad, de la sabiduría contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabiduría creadora, hizo que se engendrasen llamas y tenue neblina. Habiéndo asumido la forma humana, de la sabiduría contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabiduría creadora, concibió el origen del lenguaje humano.

Creó nuestro Padre el fundamento del lenguaje humano e hizo que formara parte de su propia divinidad. Antes de existir la tierra, en medio de las tinieblas primigenias, antes de tenerse conocimiento de las cosas, creó aquello que sería el fundamento del lenguaje humano e hizo el verdadero Primer Padre Ñamandú que formara parte de su propia divinidad. Habiendo concebido el origen del futuro lenguaje humano, de la sabiduría contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabiduría creadora concibió el fundamento del amor al prójimo. Antes de existir la tierra, en medio de las tinieblas primigenias, antes de tenerse conocimiento de las cosas, y en virtud de su sabiduría creadora, el origen del amor al prójimo lo concibió.

Habiendo creado el fundamento del lenguaje humano, habiendo creado una pequeña porción del amor, de la sabiduría contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabiduría creadora, el origen de un solo himno sagrado la creó en su soledad.

Antes de existir la tierra en medio de las tinieblas originarias, antes de conocerse las cosas, el origen de un himno sagrado lo creó en su soledad para sí mismo. Habiendo creado, en su soledad, el fundamento del lenguaje humano; habiendo creado en su soledad, una pequeña porción de amor; habiendo creado en su soledad, un corto himno sagrado, reflexionó profundamente sobre a quién hacer partícipe del fundamento del lenguaje humano; sobre a quién hacer partícipe del pequeño amor al prójimo, sobre a quién hacer partícipe de las series de palabras que componían el himno sagrado.

Habiendo reflexionado profundamente, de la sabiduría contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabiduría creadora creó a quienes serían compañeras de su divinidad. Habiendo reflexionado profundamente, de la sabiduría contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabiduría creadora creó a los Ñamandú de corazón grande y valeroso. Los creó simultáneamente con el sol, reflejo de su sabiduría.

Antes de existir la tierra, en medio de las tinieblas originarias, creó al Ñamadú de corazón grande. Para padre de sus futuros numerosos hijos, para verdadero padre de las almas de sus futuros numerosos hijos creó al Ñamandu de corazón grande.

jueves, 5 de junio de 2008

Argentina - Mito Mapuche - La creación


Los Mapuches han ocupado zonas de Chile y en Argentina en las Provincias de Neuquén y Río Negro. A la llegada de los conquistadores, superaban el millón de personas y nunca pudieron ser dominados por los españoles. Actualmente hay un movimiento de recuperación de sus aspectos culturales, su reconocimiento como etnia y de recuperación de sus tierras. Este mito sobre la creación fue tomado y adaptado de la página web El Hilo de Ariadna:
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Antes, mucho antes de que llegaran los blancos y lo mataran, Dios vivía en lo alto con su mujer y sus hijos, reinando sobre el cielo y la tierra. Aunque siempre era Dios, tenia muchos nombres: Chau, el padre, y también Antü, el sol, o Nguenechèn, creador del mundo. A la reina, que era a la vez madre y esposa de Dios, le decían luna, Reina Azul, Reina Maga y también Kushe, que quiere decir “ bruja” o “sabia”.

Dios había hecho un gran trabajo: había creado el cielo, con todas sus nubes y cada una de sus estrellas, y la tierra de gigantescos cordones. Había hecho correr los ríos y crecer los bosques, y había entreabierto sus enormes dedos para sembrar aquí y allá los animales y los hombres, los mapuches. Ahora vivía en el cielo, vigilando sus creaciones e iluminando durante el día su reino inmenso. De noche, la reina tomaba su puesto y salía a cuidar el sueño de las criaturas dispersas. Como todos los hijos, crecieron también los de Antü y Kushe.

Poco a poco quisieron ser como su padre, crear ellos también nuevos seres y cosas; no por nada eran retoños de Dios. Y los dos mayores empezaron a murmurar, a criticar a sus padres, y a quejarse: “El Chau y Ñuke ya están viejos, ¿no será la hora de que reinemos nosotros?”. Dios sufría por ese deseo de sus hijos, sufría y juntaba rabia. Esa rabia trataba de barrerla Kushe, pidiéndole que no le diera importancia, que los perdonara. Pero los rebeldes no desistían; comenzaron azuzar a sus hermanos mas jóvenes y a confabularse. “Por lo menos, deberíamos mandar sobre la tierra”, decían, y se prepararon para bajar con sus enormes pasos la escalera de nubes.

Entonces el rey Chau dejo salir toda su furia. Con cada mano agarró a sus hijos del mechón de príncipes que colgaba de sus coronillas. Con todas sus fuerzas de Dios les sacudió de arriba a abajo y los dejó caer desde lo alto, sobre las montañas rocosas. La cordillera tembló con los impactos, y los cuerpos gigantescos se hundieron en la piedra formando dos inmensos agujeros. Mientras la furia de Dios se deshacía en rayos de fuego, madre luna se precipitó entre las nubes y se puso a llorar lagrimas enormes que caían sobre las montañas, lavaban de una vez sus paredes de piedra e inundaban rápidamente los profundos hoyos. Así se formaron los dos lagos vecinos, el Làcar y el Lolog, brillantes como la misma cara de Kushe, hondos como su pena.

Entonces el gran Chau quiso atenuar el castigo: permitió que la vida volviera a los dos cuerpos despedazados y los convirtió en la enorme culebra alada encargada de llenar los mares y los lagos, llamada Kai-Kai Filu. Pero, príncipes o serpiente, seguían albergando el deseo de derrotar a Dios y reinar de una vez por sobre todas las cosas. Rabiosa, imponente, Kai-Kai Filu se llenó de odio contra Antü y los mapuches, sus protegidos. Y por eso aun hoy azota el agua de los lagos con su enorme cola, levantando olas espumosas, se revuelve hasta formar remolinos devoradores, empuja la marejada contra los flancos de las montañas queriendo alcanzar los refugios de los hombres y los animales y, reptando por debajo de la tierra, provoca terremotos con la agitación enloquecida de sus alas rojas.

Al darse cuenta de que sus criaturas corrían grave riesgo, Dios busco una arcilla especial y modeló una serpiente buena. Dijo: “Tren-Tren, este es tu nombre”, y con esas palabras le dio vida. Y antes de dejarla bajar a la tierra, agrego: “Tu misión es vigilar a Kai-Kai Filu. Cuando veas que comienza agitar el agua del lago, tienes que prevenir a la gente para que busque refugio y se ponga a salvo...”. Paso el tiempo, y el rey Chau decidió enviar a otros de sus hijos a la tierra, para tener informes de lo que sucedía y hacer llegar sus instrucciones a los Mapuches.

El mismo quiso bajar al cabo, y ver con sus propios ojos los frutos de su obra. Dios apareció un día entre los mapuches como si fuera uno más, oscuro, cubierto por un cuero y con la cabeza desnuda. Les enseño a cumplir los trabajos y a respetar el tiempo: el arte de la siembra y la cosecha, la elección de las semillas y la conservación de los alimentos. Y les hizo un gran regalo: el fuego. Así fue como Dios ganó otro nombre: Küme Huenu, que quiere decir “lo bueno del cielo”, como lo llamaron los hombres.

El rey Chau volvió a su casa y paso otro tiempo muy largo, tan largo que la gente se fue olvidando de muchas enseñanzas que había recibido, dejó de ser buena y empezó a pelearse entre sí. Ya no había quien hiciera escuchar los consejos de Dios; los propios descendientes de sus hijos hablaban de sus antepasados sin ningún respeto. Y mientras, se quejaban de todo e insultaban mirando al cielo. Los hombres se robaban y se asesinaban entre ellos... Cada vez que se asomaba a contemplar el estado de su creación, el gran Chau se daba vuelta enseguida y apretaba los labios con amargura.

Así empezó otra vez a juntar su rabia divina, hasta que decidió recurrir a Kai-Kai filu: - Quiero que agites una vez más el agua del lago, que la superficie se ponga oscura, que chasqueen las olas unas contra otras y salte la espuma blanca, a ver si un buen susto hace que los hombres cambien su conducta- dijo. Pero también escuchó Tren-Tren, la culebra buena que vivía en la montaña de la salvación. Enseguida lanzó su silbido de alerta, la aguda contraseña que se coló por todas las quebradas como si fuera un viento, convocando a todos los mapuches.

Y el pueblo, lleno de miedo, comenzó la escalada. Pero ya el lago los perseguía y, bajo sus pies, las escarpadas laderas se movían, agitadas por los terribles movimientos de Kai-Kai. De modo que hombres, mujeres y chicos rodaban como pequeñas piedras hacia el fondo, mientras el gran Chau enviaba rayos de fuego que aniquilaban a los que lograban sostenerse. Y todos murieron, menos un niño y una niña que sobrevivieron en el abismo profundo de una grieta. Unicos seres humanos de la tierra, crecieron sin padre ni madre, desabrigados de palabras y amamantados por una zorra y una puma, comiendo los yokones que crecían en las alturas. De ese niño y esa niña descienden todos los mapuches, resucitados.

Pero el gran Chau debió de haber muerto un poco con sus criaturas, por que desde ese momento se mostró pocas veces y parecía no escuchar los ruegos de los hombres. Seguramente por eso fue posible que llegaran los blancos y le dieran la estocada final. Desde entonces la tierra ya no es lo que era: las semillas no brotan como antes y las cosechas son escasas; proliferan las enfermedades y los chicos no hacen caso a los mayores. En el cielo las cosas no marchan mucho mejor, rota la alianza entre los astros: la madre luna esconde entre las nubes su cara magullada y escapa, escapa siempre, perseguida por un sol muerto...

Argentina - Mito Toba - Origen de las mujeres


Toba es el apelativo en guarani, con el cual se conoce a una etnia del grupo pámpido que hacia el siglo XVI habitaba gran parte del Chaco Grande y del Chaco Austral. Este mito sobre la aparición de las mujeres fue tomado y adaptado de la página web El Hilo de Ariadna:
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Cuando recién comenzó a existir la tierra, había algunas personas, pero eran muy poquitas, y no había ninguna mujer. Solamente había hombres, pero no eran seres humanos como nosotros porque no habían nacido de mujeres. Por eso aquellos hombres para poder reproducirse dijeron: Vamos a usar calabazas secas. Entonces tomaban calabazas secas (como las que se usan para tomar el mate) y depositaban en ellas los reproductores y las tapaban muy bien con cera que sacaban de los panales de avispas. Pero cuando llegaba el nacimiento de las criaturas, ellas querían alimentarse y comenzaban a chupar la tierra porque no tenían leche para mamar y luego se morían por alimentarse solamente de tierra.

Esos hombres iban mucho al río, a pescar para comer. Después se volvían a sus casas y comenzaban a prepararse la comida. Comían cosas crudas, pues no había fuego tampoco. Un día que fueron a pescar, dejaron a uno de ellos para cuidar la comida que tenían en sus casas. Cuando ya estuvieron lejos, el que dejaron de casero escucho risas y percibió que las risas venían de lo alto. Entonces levanto la mirada y vio que venían unas cuantas mujeres, bajando del cielo. Cuando él se fue hacia ellas, queriendo enfrentarlas, ellas lo golpearon en la boca con un pedazo de braza y él no pudo hablar más. Entonces le robaron la comida y se fueron de nuevo para arriba.

Ese hombre que fue dejado como casero era un Loro, y pasó mucho tiempo hasta que regresaron los otros hombres, sus compañeros. Ellos venían muy cargados de peces. Y delante de ellos venían uno llamado el Zorro Sagaz, todo enrojecido por la sangre de una presa, y caminaba delante de ellos. Y cuando llegaron a sus casas comenzaron a prepararse su comida. En ese momento vieron que les habían robado la comida que dejaron antes. Entonces le preguntaron el Loro:- ¿De donde venían los que robaron la comida? Entonces el loro indicó con la mano hacia el cielo, porque el no podía hablar, ya que su boca había sido golpeada con un tizón de fuego.

Al otro día, esos hombres se fueron a pescar de nuevo. Esta vez dejaron de casero a uno llamado Aguila, que era un águila chiflón, que chiflaba de esta manera: “Viuf, viuf”. Y si alguien venia, el Aguila iba a chiflarles y les iba a avisar.

Cuando sus compañeros se habían alejado, el Aguila se escondió. Poco después escuchó que venían las mujeres, y mientras venían, se reían todo el tiempo. Entonces él se dijo: -Ellas son las que vinieron antes. Las mujeres cada vez se acercaban más a la tierra, bajando en una soga desde el cielo, y cada vez que bajaban un poco más, les salía un resplandor que iluminaba el lugar. Cuando la soga tocó la tierra, ese hombre llamado Aguila quedó enceguecido, y las mujeres le echaron brazas encima. Él pegó un salto para escaparse, pero ya había sido quemado. Ellas volvieron a robarles la comida que guardaban en las casas.

Más tarde volvieron los otros hombres aquellos, y el Aguila les explicó lo sucedido. Y agregó: -Yo digo que solamente el compañero Chiiquí (el Carancho) pueda saber la manera de atraparlas. Entonces el Carancho dijo: - Sí, mañana voy a hacer mi plan, cuando ellas aparezcan. Porque primero tengo que verlas y saber bien de dónde provienen. Entonces el llamado Chiiquí quedó de casero. Y dejaron convenida una señal. Si él las estaba capturando, tenia que chiflar “Viuf, viuf”. En caso de que no pudiese contra ellas, tendría que escaparse.

Al otro día, ellos se fueron otra vez a pescar. Y cuando ya se habían alejado bastante, el Chiiquí escuchó que venían las mujeres. Cuando estuvieron cerca de la tierra, el Chiiquí se dijo dentro suyo: - Ellas son poderosas. Pero yo también soy poderoso, como ellas. Y las miraba para arriba. Con toda rapidez voló hacia el cielo, y cuando ya estuvo en medio del cielo, agarró la soga y la cortó. Las que estaban abajo de la soga cortada se cayeron, y las que estaban arriba del corte se escaparon, volviéndose hacia el cielo.

Entonces, aquel llamado Chiiquí con toda rapidez se fue hacia donde se hallaban los otros, que estaban pescando, y dio unos fuertes chiflidos “Viuf, viuf” (que era la señal convenida). Los otros se dijeron: - Rápido, vamos para allá, seguro que Don Chiiquí las está capturando. El que era el jefe, el más grande en estatura, llamado Tuyango, se fue adelante. Toda su ropa era roja. Pero el Zorro Sagaz corrió más rápido y llego primero que todos ellos, que tenían alas (únicamente el Zorro Sagaz no tenia alas ni plumas). El zorro observó hacia todos lados y vio una mujer, la más bonita de todas, y se apoderó de ella y la metió dentro de su casa y sin perder tiempo la cubrió con su cuerpo y copuló.

Pero la mujer le cortó su miembro reproductor y se lo comió con la vulva, y el zorro Sagaz salió corriendo de su casa, mostrándose muy dolorido. Los otros le preguntaron: - ¿ Que le pasó, que le pasó? Y él respondió:- No tengo más el miembro viril, es como si ella tuviese dientes en la vulva, que me arrancaron el miembro. Ahora no lo tengo más. Así fue accidentado el Zorro Sagaz, y los otros le decían: - ¿Acaso no puede resolver su problema? Entonces él dijo:- Voy a buscar la manera de arreglarlo. Se fue a caminando por adentro de un monte hasta que encontró un árbol Garabato, y le saco una ramita, y la limpió muy bien, y luego se la injertó en el lugar del miembro que había perdido. Por eso, hasta el día de hoy se puede notar que los zorros tienen una cicatriz por causa de ese defecto. Después del Zorro Sagaz, todos agarraron para sí mujeres.

Argentina - Mito Guaraní - Origen del fuego

La subfamilia de lenguas guaraní es un conjunto de lenguas amerindias que se hablan en la Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Guayana Francesa, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. El siguiente mito argentino sobre el Origen del fuego está referido en la obra Mitos y leyendas guaraníes, de Girala Yampey, Universidad Nacional del Nordeste, Resistencia (Chaco, Argentina), 2003. Fue tomado y adaptado de la página web El Hilo de Ariadna:
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Los guaraníes habían perdido el fuego pero lograron hacerse nuevamente del valioso elemento. Los Mellizos lo recuperaron de los cuervos, seres despreciables y egoístas, que se habían apoderado del indispensable factor y lo guardaban celosamente, custodiándolo en todo momento para que nadie pudiera utilizarlo. Las negras aves carroñeras se habían convertido en sus exclusivas dueñas.

Ñanderyke'y, planeó un artilugio para rescatarlo de sus detentadores, pues resultaba esencial para el desarrollo de la vida. El fuego tiene una aureola sagrada que atrae a todo los seres vivientes. Siendo capaz de destruir la existencia, a la vez, ofrece condiciones de fatalidad tan poderosas que la vida no podría desarrollarse sin él. En los fogones, las miradas se encandilan en la danzas de sus llamas que cobijan las imaginaciones de la mente. Su energía es la que cuece los alimentos. Su fuerza provee tibieza para el hogar y purifica de todo el mal. Su calor protege del crudo invierno y madura las ideas y los sentimientos.

Esperando lograr que su plan sea exitoso, Ñanderyke'y, se hizo acompañar de su hermano menor a la zona donde moran las grandes aves de rapiña. Al avistarlas, ocultó a Tyvra'i entre unos arbustos y, simulando estar muerto, se echó en el suelo, emitiendo nauseabundamente olores. Los cuervos descubrieron enseguida la presencia del supuesto cadáver. Sus finos olfatos percibieron muy pronto el olor del alimento y sus penetrantes miradas ubicaron rápidamente la presa. Con prudencia, rondaron el lugar sobrevolando al bulto tumbado. Al notar que todo estaba tranquilo y comprobar la ausencia de otros poderes, trajeron el fuego.

Una vez dispuestos los encendidos carbones sobre el cuerpo tendido, se posaron en las ramas de unos árboles cercanos y esperaron que se cocinara la presa. Repentinamente, el mayor de los Gemelos, se incorporó y, sacudiéndose enérgicamente, arrojó una multitud de brasas a su alrededor. En ese momento, un sapo, implicado en la artimaña, saltó desde su escondite sobre las ascuas desparramadas y tragó varias de ellas. Los engañados cuervos recogieron prestamente sus fuegos y emprendieron una veloz huida despavorida.

Entonces, Ñanderyke'y, ordenó al sapo que le entregara lo que había recogido pero este se resistió y queriendo engañarlo, dijo no haber tomado ninguno. Ante la insistencia y la amenaza de castigo, optó por vomitar varios carbones encendidos. Cuentas que, desde aquel tiempo, el sapo quedó con la piel rugosa, como ampollada, debido a la lumbre que había tragado.
Al recuperan el fuego, el héroe guaraní lo deposito dentro del tronco de varios árboles cuyas ramas, hasta hoy, contienen la fuerza ígnea que se les entregó en custodia. Ñanderyke'y, conservó ése secreto y conoce cómo obtener el fuego. Sabe cómo usarlo y controlarlo. Él, lo preservó al almacenarlos en esos gajos que, cuando están bien secos, frotados unos con otros, reproducen el valioso elemento.

Ese conocimiento lo transmitió a la descendencia guaraní que aprendió cómo generarlo desde esas ramas. Es uno de los legados que Ñanderyke'y, ha dejado para uso perenne.

martes, 3 de junio de 2008

Perú - Mito Jíbaro - Creación


Los Jíbaros son tribus indígenas encontradas en la región amazónica del Perú, en el este del Ecuador y en Colombia occidental. El Jíbaro era violentamente agresivo con otras tribus y extranjeros, luchando con lanzas, y cerbatanas. Las cabezas de sus enemigos caídos eran preservadas con humo y conservadas como trofeos. Los jíbaros eran reacios a todo tipo de influencias del exterior, ya fuera la subyugación Inca, la influencia europea (sobre todo española) y la cristianización. El mito que se relata a continuación, fue tomado de la página web Scribd: Medio ambiente y cultura.

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La tierra, al principio, estaba desnuda y fría. Yus, el dios creador, pensó en vestir la tierra seca con árboles gigantes y pequeñas plantas. Entre las ramas el viento silbaba, lo que recordó a Yus que necesitaba poblar su creación con pequeños animales que silbaran con el viento. Creó así a pequeños animales como las moscas y otros insectos, serpientes que también silbaban. Junto a ellos colocó pequeños animales que saltaban de rama en rama, muertos de sed.

Entonces se dio cuenta que éstos no tenían agua, por lo que tomó un jarro de oro y derramó el líquido sobre las copas de los árboles formándose entre ellos primeros manantiales y después enormes ríos, poblándose de inmediato de innumerables peces.

Miró entonces al cielo, y lanzando su pañuelo a las alturas, cubrió el cielo apareciendo entonces el sol, la luna y las estrellas.

Pero Yus no estaba satisfecho con su creación ya que sus criaturas eran demasiado simples para comprender la grandeza de su obra, por lo que tomó un puñado de barro y modeló una figura de hombre. Luego subió a un gran volcán y sobre su cráter se coció el hombre. Dios dio un soplo sobre la figura para enfriar el cuerpo, dándole así la vida y la inteligencia para que se extendiera por la tierra.