Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito, Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamerica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.



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lunes, 19 de noviembre de 2012

Chile - Mito Mapuche - El Diluvio


Los Mapuches (o araucanos) han ocupado zonas de Chile y en Argentina en las Provincias de Neuquén y Río Negro. A la llegada de los conquistadores, superaban el millón de personas y nunca pudieron ser dominados por los españoles. Actualmente hay un movimiento de recuperación de sus aspectos culturales, su reconocimiento como etnia y de recuperación de sus tierras. Este mito fue tomado de la obra Mitología Americana: selección de los mitos aborígenes de América. Madrid: Ediciones Guadarrama, del autor Mariano Izquierdo G., R.P. (1956). El mito dice:

Según la leyenda araucana, hace muchos siglos, las
cataratas del Calfú (cielo) se abrieron de un modo arrollador.
Rápidamente las aguas empezaron a inundar la tierra de Arauco
con furia incontenible, produciendo estragos de muertes y
destrucciones por doquier. El gran pueblo araucano comprendió
que se hallaban abocados a una catástrofe universal sin
precedentes.
Y con serena disciplina buscaron refugio en un
cerro muy alto llamado Tentén. Como por una intervención
providencial, todos los animales, grandes y pequeños, se
apresuraron a un tiempo a guarecerse en la cima de otro cerro,
por nombre Caieaí. Cuenta la tradición que la avalancha de
las aguas era tan inmensa que llenó todas las comarcas,
rebasó todos los collados, y con furioso empuje el oleaje iba
escalando las cúspides de los dos cerros, únicos que aún
dominaban la rugiente superficie de las aguas.

En el momento más álgido, intervino Guinechén (Dios), él
cual reprimió el furor diabólico de Gueciifú (genio dal mal) y,
contrariando su malévolo designio de anegar a todos los
hombres juntos, hizo el más sorprendente milagro. A medida que
las aguas se iban aproximando a las cumbres de los dos cerros
descubiertos, crecían éstos en igual proporción; de forma que
los hombres y los animales veíanse constantemente a igual
distancia del embravecido mar universal.

Transcurridas largas lunas del más angustioso asedio,
comenzó a bajar lentamente el nivel de las aguas. Hasta que,
finalmente, la nación araucana, de tan grandes destinos, quedó
a salvo, por tan manifiesta merced de Guinechén, que hizo
ostentación de su poder y de su bondad en los dos cerros
milagrosos.

Chile - Mito Daguita - Diluvio

Diaguita es la denominación quechua con etimología aimara, que significa "serrano" impuesto por los incas, divulgada luego por los españoles, de un conjunto de pueblos independientes con un idioma común, el cacán; ellos se autodenominaban pazioca o paccioca. En el Noroeste argentino y en el Norte Chico de Chile, especialmente en los valles Calchaquíes, a partir de 850, los diaguitas desarrollaron una cultura de gran riqueza, que arqueológicamente se corresponde con la Cultura Santa María. Vivían en poblados organizados, usaban metales y eran alfareros. Este mito fue tomado de la obra Mitología Americana: selección de los mitos aborígenes de América. Madrid: Ediciones Guadarrama, del autor Mariano Izquierdo G., R.P. (1956). El mito dice:


 
 
 
Cuentan que en tiempos muy antiguos la tribu diaguita,
prevalida de su industrioso ingenio, incurrió en abominables
excesos, con abandono de los deberes para con Dios. En vez de servirse del maíz para su alimento cotidiano, dieron en
fermentarlo e inventaron la chicha y no pararon hasta
embrutecerse con tremendas y continuas borracheras.
Queriendo Dios que el pueblo diaguita escarmentara de
una vez para siempre y recobrara su antigua distinción y
nobleza, envió sobre sus campos ¡la más calamitosa sequía. Por
varios años arreo, cerró Dios los cielos y no envió lluvia
sobre los campos. Se perdieron todas 'las sementeras, los ríos se
secaron y hasta la hierba se agostó. Los animales y los
hombres perecían de hambre y de sed. Supremas angustias
sufrieron los diaguitas. Los muertos llenaban todos los caminos.
Todo era desolación y pavor.
Entonces los llantos y gritos de las mujeres, que clamaban
por sus hijos y esposos, eleváronse hasta el Supremo Espíritu.
Vio Dios que ya el pueblo estaba suficientemente castigado y
dio traza de que los hombres hallasen de repente repleta de
alimentos su despensa. Para ello infundió a todas las mujeres
un sueño o letargo profundo. Y he aquí que, en despertando,
viéronse todas extrañamente sorprendidas de hallarse a la
sombra de un grande plantío de árboles desconocidos y
cargadísimos de frutos maduros. Era un maravilloso algarrobal.
El Supremo Señor presentóse entonces y habló a las
mujeres de esta manera: «Aquí tenéis en abundancia un árbol
para vuestra hambre y para vuestra sed. Decid a vuestros ma-
ridos que el maíz es fruto para el alimento diario, y que aquel
que abusare de la chicha, será 'maldecido para siempre.»
Desde entonces, el algarrobo da pan al pobre y sabrosa
bebida en los estíos de intensos calores.

Brasil - Mito Chamacoco - Creación desde abajo

Los chamacocos, también conocidos como Jeywo, son un pueblo indígena del Chaco Boreal que en el Paraguay habita el Departamento Alto Paraguay junto a la costa del río Paraguay, junto con pequeños grupos que han emigrado a otros departamentos, y en Brasil existe un pequeño grupo autóctono en la Reserva Indígena Kadiwéu del estado de Mato Grosso del Sur. Este mito fue tomado de la obra Mitología Americana: selección de los mitos aborígenes de América. Madrid: Ediciones Guadarrama, del autor Mariano Izquierdo G., R.P. (1956). El mito dice:
 
 
 
Los chamacocos, y también los blancos y los demás hombres,
vivían debajo de la tierra. Los chamacocos subieron hasta
la superficie por un bramante o hilo de cierto cáñamo que
llaman caraguatá. El primero que apareció en la tierra fue un
chamacoco muy pequeño; detrás fueron llegando otros
muchos. Un perro cortó el bramante. Sólo unos pocos subieron,
porque en la tierra había pocos animales para comer.
Por eso, más tarde, los chamacocos y, con ellos, los blancos
y los demás hombres, subieron por un palo altísimo hasta el
cielo, en donde hay más abundante caza. Entonces vino el
daola, que, según afirma el viejo cacique Orpa, es un pájaro
muy pequeño. Y ¿qué hizo el daola? Cortó el palo, y todos
los chamacocos, como también los blancos y los demás hombres
que subían palo arriba, se cayeron a tierra.
Por eso ahora hay tan pocos chamacocos.

Brasil - Mito Parecis - Origen de los seres

La comunidad de los Parecís, habitan la microrregión de su mismo nombre (Parecis), en el estado brasilero de Mato Grosso perteneciente a la mesorregión Norte Mato-Grossense. Su población fue estimada en 2006 por el IBGE en 83.511 habitantes y está dividida en cinco municipios. Posee un área total de 59.224,041 km². Cubre las ciudades que forman parte del inicio de la Meseta del Parecis. La principal fuente de sustento de esa región es la agricultura. Este mito fue tomado de la obra Mitología Americana: selección de los mitos aborígenes de América. Madrid: Ediciones Guadarrama, del autor Mariano Izquierdo G., R.P. (1956). El mito dice: 

Enore, que es el Ser Supremo, apareció
en Atiu, que está en Sakuriuiná, Ponte de Pedra.
Cortó un palo; esculpió en él una figura humana y lo fijó
en tierra. Luego cortó una varita, con la que dio unos
golpecitos en el palo; y el palo súbitamente trocóse en hombre.
Procedió Enore de igual modo con otro leño, el cual
luego al punto se volvió mujer.
Esta fue la primera pareja humana que hubo en el mundo.
Su primer hijo fue Zalúie, y su primera hija tuvo por nombre
Hoholaialo. Más tarde, a los primeros padres de los
hombres les nació otro hijo, a quien llamaron Kamáikore y otra
hija, por Uhaiuarirú.
Convocó Enore, al cabo de algún tiempo, a Zalúie y a
Kamáikore y preguntóles qué preferían en el reparto que
iba a hacerles de los bienes de la tierra.
Zalúie no quiso escopeta, ni buey, ni caballo; la primera,
por ser pesada y peligrosa; los últimos, porque ensucian
el piso de las casas. Escogió más bien el arco, la flecha y
demás enseres que usan los parecís.
Kamáikore quedó poseedor de los otros bienes de Enore
y fue más afortunado y feliz; dominó el mundo, y sus hijos
prosperaron.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Colombia - Mito Awá - Origen seres humanos

El pueblo indígena Inkal Awá (en español "gente de la montaña") está asentado en el municipio de Ricaurte, al sur occidente del Departamento de Nariño, República de Colombia, sobre la cordillera Occidental, a una altura que va desde los 300 hasta los 2500 m.s.n.m. Limita al norte con los municipios de Barbacoas y Samaniego, al Sur con el municipio de Cumbal y la República del Ecuador, al oriente con el Municipio de Mallama y al occidente con el municipio de Tumaco (Plan de vida AWA, 2002). El mito que se relata a continuación fue tomado de la página web Xexus Ventana Cultural, y es recogido por Jaime Miguel Silva. etnoeducador Awá. El mito narra lo siguiente:


Cuentan los mayores que en la antigüedad no existía gente, solo árboles cubiertos de barbacha, había un árbol grande que tenía bastante barbacha negra, esta fue desarrollándose con el agua hasta que creció y llego a tierra, transformándose poco a poco en Inkal Awá.
Los árboles en esa época se comunicaban entre ellos, hoy también se comunican por eso no se pueden cortar con el machete o el hacha, por que son personas y sangran como el Tangare, el Sangrario, y el Chino, Mancha-ropa, caucho, Sangre de Dagro entre otros.
En la realidad el hombre Awá viene de la selva y pertenece a ella, y a ella vuelve de nuevo.
Los árboles en la montaña se quieren transformar en árboles grandes y con el tiempo ser árboles gigantes y dar frutos, para servir al hombre Awá.
El primer hombre fue de nariz larga y hombre grande. Entonces Dios no quiso que este hombre estuviera solo e hizo aparecer de una barbacha más blanca a la mujer, ashampa watsal.
Y le luego Dios le pregunto a la mujer si quería vivir con el y ella respondió que si al igual que el hombre respondió que sí. Así quedaron viviendo ellos dos juntos.
Al tiempo llegaron a tener un hijo que les acompañaba y este cuando iba creciendo sus padres le iban enseñando todos los trabajos que ellos hacían.
Luego en una noche oscura nació una niña. Los dos hijos hicieron procrear la tierra y la poblaron.
El mundo de Dios
El mundo de los muertos
El mundo del Awá
El mundo de abajo
Los ancianos Awa cuentan que antiguamente los árboles y los pájaros salían a conversar entre los de su especie. También tanto los árboles como los pájaros conversaban con las personas.
Cuando una mujer se encontraba embarazada y se aproximaba el nacimiento del nuevo ser, los árboles se preocupaban y conversaban entre sí sobre el niño o niña que estaba por nacer.
Igualmente los pájaros salían a conversar entre sí sobre el nuevo Awa que la mujer estaba a punto de dar a luz
Los árboles deseaban que el nuevo ser que iba a nacer fuese niña porque ella no los mataría, pues la mujer no suele cortar los árboles y destruir la selva
Los pájaros por el contrario deseaban que la mujer diese a luz un varón porque él los alimentaría, pues los varones suelen tumbar los árboles y sembrar, y de esta manera habría sementeras a donde ir a comer
De esta manera cuando nacía un niño los pájaros se alegraban en tanto que los árboles lloraban, mientras que cuando nacía una niña los árboles se ponían contentos y los pájaros tristes.

Colombia - Mito Awá - Creación


El pueblo indígena Inkal Awá (en español "gente de la montaña") está asentado en el municipio de Ricaurte, al sur occidente del Departamento de Nariño, República de Colombia, sobre la cordillera Occidental, a una altura que va desde los 300 hasta los 2500 m.s.n.m. Limita al norte con los municipios de Barbacoas y Samaniego, al Sur con el municipio de Cumbal y la República del Ecuador, al oriente con el Municipio de Mallama y al occidente con el municipio de Tumaco (Plan de vida AWA, 2002). El mito que se relata a continuación fue tomado de la página web Xexus Ventana Cultural, y es recogida por el etnoeducador Awá Jaime Miguel Silva. El mito narra lo siguiente:

 
En un principio no existía nada.
Nació una hierba que dio origen a dos personajes: Dios y el Diablo;
cuando nacieron andaban conociendo el mundo.
Mirando que el mundo se encontraba vacío decidieron darle vida,
crear las cosas de acuerdo a sus intenciones de cada uno. Se sentaron
de frente y comenzaron a hacer la tierra.
Dios creó la tierra, el Diablo hizo las peñas.
Dios creó las aves, el Diablo hizo los murciélagos.
Dios creó las iguanas, el Diablo hizo las serpientes.
Dios creó las flores, el Diablo hizo las plantas con espinas.
Luego el Diablo quería hacerse dueño de todas las cosas. Entonces
ellos se colocaron a pelear. El Diablo tenía una escopeta para matar
a Dios.
Dios le dijo:
–Tírame –y el Diablo le disparó.
Cuando le disparó, Dios cogió en la mano los plomos. Luego le
disparó Dios al Diablo [y] este no murió, pero no pudo coger con su
mano los plomos como lo hizo Dios.
Dios le dijo:
–Como no pudiste agarrar los plomos perdiste.
Entonces el Diablo no pudo hacerse dueño de todo el mundo.
Luego Dios y el Diablo se pusieron a crear las personas. Dios sacó
tierra blanca de un metro de profundidad y empezó a hacer las personas.
Cuando terminó de hacer los dibujos estos se negrearon, eran
tres muñecos de barro.
El Diablo también hizo, pero de la misma raza del Diablo; este
creó todos los espíritus de la selva o montaña. Ellos asustan, hacen tener
miedo, en ocasiones enferman a la gente awá; en ocasiones matan
comiéndose el corazón, o el alma, en especial la de los niños, y la gente
que es débil de la sangre.
Luego Dios les dio vida a los muñecos de barro, y los mandó a que
fueran a bañarse al chorro, y les aconsejó que no se bañaran mucho,
pero el primero que entró no supo escuchar y se bañó más del tiempo
indicado. Este salió muy blanco. En seguida entró el otro al chorro el
agua, [que] se estaba secando, [y] alcanzó a bañar pero salió con la piel
amarilla. Este fue el indígena. Por último entró el otro y no alcanzó a
bañarse más que las palmas de las manos y las plantas de los pies. Este
fue el negro.
Después hizo dios los animales y las plantas; el diablo hizo toda lo
contrario: dios hizo el venado, el diablo el gusano; dios hizo la vaca,
el diablo la monchira.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Colombia - Mito Emberá Katío - Creación desde arriba

Los embera son un pueblo amerindio del occidente de Colombia, el oriente de Panamá. Son unas 70 mil personas (2004). Se conocen como Emberá katío a los que habitan en el alto Sinú y el alto Río San Jorge, departamento de Córdoba y en Urabá; en Colombia, Emberá chamí a los que viven en las cordilleras occidental y central de los Andes colombianos, departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío y Valle; Chocoes o simplemente Emberá a los que habitan las cuencas del río Baudó y del bajo San Juan, municipios de Istmina, Alto Baudó y Pizarro; el río Curiche, municipio de Juradó en el Chocó (Colombia); y en la Comarca Emberá-Wounaan en el Darién (Panamá); y como eperara siapidara o epená, a los de la costa Pacífica de los departamentos de Valle, Cauca y Nariño en Colombia. En Panamá se les acostumbra llamar emberá (con tilde). Emberá significa literalmente: "La gente del maíz". El mito que se relata a continuación fue recogido de la obra El sol babea jugo de piña en el que el autor Miguel Rocha Vivas compila mitos de los departamentos de Atlántico, Magdalena y Serranía del Perijá. La obra hace parte de la Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia, del Ministerio de Cultura. El relato fue recogido por Domicó et ál., 2002:

Les voy a contar una historia muy importante, la de Karagabí; así
sabemos cómo se creó el mundo y cómo fue el comienzo del pueblo
embera. Resulta que Karagabí se encontró con otra persona, la saludó
amigablemente para conocerla, y le preguntó:
–¿De dónde viene usted?
–De la tierra de abajo –le contestó el otro.
–¿Cuántos territorios hay hacia abajo?
–Cuatro.
–¿Y cómo se llama usted?
–Yo me llamo Tutruicá.
–¿Y cómo se llaman su papá y su mamá?
–Yo no tengo papá ni mamá, porque yo aparecí en el viento. ¿Y
usted cómo se llama?
–Yo me llamo Karagabí y tampoco tengo mamá ni papá, yo he
salido de la saliva, del agua.
–Yo quiero acompañarlo a usted.
Karagabí trabajaba en sueño, él soñaba y analizaba todas las cosas.
Tutruicá desaparecía y resucitaba como con magia, y un día le dijo a
Karagabí:
–Mientras andamos juntos, ¿por qué no buscamos la forma de
construir gente?
Karagabí se quedó pensando y dijo:
–Esta noche yo voy a pensar en eso y mañana charlamos.
Karagabí soñó esa noche que sí había forma de hacerlo, pero con
el apoyo de Tutruicá, porque él era el único que manejaba la tierra.
Karagabí solo tenía la peña sin nube y no era capaz de volar como
Tutruicá. Al otro día Karagabí le dijo:
–Bueno, entonces yo espero aquí mientras usted me trae una bolita
de tierra.
–Vamos juntos, porque yo no puedo coger la tierra. Usted la coge,
la traemos y trabajamos. Móntese en mi espalda, que yo lo cargo –dijo
Tutruicá.
Se fueron volando al territorio de Tutruicá, donde había tierra y
plantas; pero solo cogieron la tierrita, hicieron una bolita y la regaron
donde ellos vivían. En esa tierra empezaron a crecer las plantas, bejucos,
árboles, que les sirvieron para construir una casita. Como ellos
vivían en la oscuridad, Tutruicá dijo:
–¿Usted no tiene capacidad para que amanezca y oscurezca?
–Sí hay forma. Lo podemos hacer entre los dos.
Lo pensaron cuatro días. Tutruicá dijo que no podía ser y Karagabí
dijo que sí se podía, pero si le colaboraba trayendo tierra amarilla,
para que se convirtiera en el Sol.
–Listo, yo colaboro –contestó Tutruicá.
Volvieron a recoger la tierra y trajeron la bolita.
–Yo voy a tirar esta tierra hacia arriba, pero nosotros nos vamos a
acostar boca abajo porque de pronto nos morimos del susto cuando la
tierra se convierta en un sol brillante. Más bien nos vamos levantando
despacio.
Así fue, y quedó el día brillando, pero no oscurecía, entonces Karagabí
no podía soñar, porque no podía dormir.
–¿Qué podemos hacer para que oscurezca? –preguntó Tutruicá.
–Yo no puedo hacer más, porque no puedo dormir, no puedo
soñar.
–Entonces yo voy a intentar hacer la oscuridad.
Tutruicá buscó tierra negra, pero como no podía hacer la bolita,
Karagabí le dijo:
–Pues, présteme, yo hago la bolita.
Entonces empezó a hacer la bolita, la tiró y oscureció de verdad,
pero quedó oscuro, oscuro, y eso no le gustó a Tutruicá:
–No, así quedamos muy mal porque todo es oscuridad. Tenemos
que buscar que haya un cambio, algo de noche y algo de día.
Entonces Karagabí pensó durante una semana y dijo:
–Sí, sí hay forma. Tráigame una bolita de tierrita amarilla más
pequeñita y la convertimos en la Luna.
El Sol y la Luna quedaron hablando con Karagabí, pero no con
Tutruicá. Tutruicá únicamente hacía cosas rápidas, como magia,
pero no soñaba.
La Tierra no se movía, se quedaba quieta y Karagabí soñó que
tenía que buscar un pedazo de imán y supo dónde lo podía encontrar,
pero había que hacer una ceremonia para poder llegar allá y arrimarse
a una piedra grande para que el imán no lo arrastrara cuando estuviera
cerca de él. Karagabí le explicó todo a Tutruicá:
–Hay una forma para que la Tierra, el Sol y la Luna se muevan,
pero tenemos que hacer un trabajo para eso.
–¿Pero cómo lo vamos a hacer?
–Como usted vuela, yo me voy en su espalda hasta allá y consigo
ese imán. Después lo colocamos en cuatro partes, para que la Tierra
gire y gire.
Cuando llegaron allá se amarraron una piedra grande en la cintura,
se arrimaron despacio hasta el imán, cogieron un pedazo y lo partieron
en cuatro, para colocarlo en las cuatro esquinas de la Tierra, y
entonces ahí sí se movió el Sol y de ahí ellos quedaron bien. Entonces
Karagabí dijo:
–¿Qué más hacemos? Lo que usted quería ya lo hicimos, pero seguimos
quedando nosotros dos solos, porque ni la Luna ni el Sol ni
la noche hablan.
–¿Entonces qué hacemos?
–Vamos a hacer una generación, vamos a crear al hombre.
–¿Cómo vamos a hacer?
–Conseguimos una piedra y comenzamos a hacerlo como un muñequito.
Entonces Karagabí empezó a hacer eso en piedra y soñó que partiendo
la piedra no podía hacer una generación, porque el hombre
nunca se moriría, y se lo explicó a Tutruicá:
–¿Por qué no hacemos al hombre de tierra, para que [cuando] se
muera haya generación y cambio?
–No, a mí no me gustaría eso, porque sería doloroso morir. No, a
mí no me gusta.
Entonces ellos empezaron a pelear por eso. Karagabí empezó a
trabajar su barro y Tutruicá empezó a trabajar la piedra diamante.
El muñeco de Tutruicá no hablaba ni se levantaba. Karagabí le sopló
la frente, las manos y los pies al muñeco, hasta que se levantó, pero
tampoco hablaba. Entonces dijo Karagabí:
–¿Sabes qué? Para que hable, para que ande necesita la fuerza de
uno. Tenías que haber soplado en la cabeza.
Karagabí ensayó y resultó verdad. Cuando sopló la cabeza, el
cuerpo se movió, y cuando sopló más, cuatro veces, el muñeco ya
quedó hablando… pero se moría. Entonces lo mataron y volvieron
a ensayar, y ya podían hacer a los hombres y a las mujeres. Entonces
Karagabí dijo a Tutruicá:
–¿Qué hacemos nosotros para llegar a un acuerdo y que cada uno
trabaje por aparte?
–Listo: yo hago el hombre a mi gusto y usted al suyo, y si su gallo
canta primero que el mío, usted gana.
Karagabí ganó porque su gallo cantó a las dos de la mañana y el de
Tuitricá cantó a las dos y media.
En ese momento había cuatro tierras hacia arriba, que eran de
Karagabí, y cuatro hacia abajo, que eran de Tutruicá. Como ya empezó
la generación de los hombres, Karagabí y Tutruicá comenzaron a
compartir lo que sabían y el uno le enseñaba al otro. Karagabí lo hacía
con buen corazón, pero Tutruicá no le enseñó a volar a Karagabí,
aunque ya estaba soñando.
–Como usted me está engañando, ya no vamos a ser hermanos y
nos vamos a separar. Usted se va para su tierra y yo me quedo en la
mía –dijo Karagabí.
–No. Si usted me gana yo me voy para mi tierra, y si pierde yo
me quedo aquí y usted se va para arriba. Vamos a conseguir una olla
grande para hervir agua y usted se mete ahí veinticuatro horas, y si no
se muere me gana. Y después yo también me meto y si no me muero
quedamos en paz y seguimos viviendo juntos.
Karagabí fue el primero que empezó a cocinarse, y cuando Tutruicá
destapó la olla, como a las seis horas, vio que el hombre estaba tan
tranquilo, sentado ahí, comiendo curadientes. A las doce horas volvió a
mirar y encontró a Karagabí pintado con jagua y adornándose con chaquiras.
Cuando se cumplió el tiempo el hombre estaba con su plantica
en la mano, cantando a su espíritu. Había ganado y salió de allí.
Tutruicá se empezó a cocinar por la mañana y Karagabí lo encontró
sentado a las seis horas, pero a las doce horas apenas había unos
huesos; él no estaba ahí sino un espíritu parecido. Resulta que el hermano
de Tutruicá lo sacó de ahí para salvarlo, porque no aguantaba
más de doce horas en el agua hirviendo, y metió los huesos para que
Karagabí creyera que Tutruicá había muerto.
Karagabí había ganado y por eso ya no siguieron viviendo juntos,
hicieron casa aparte. Como ya había bastantes hijos, los embera quedaron
de Karagabí y los chaberara de Tutruicá. Los chaberara son
los que viven bajo de esta tierra. Ellos y nosotros fuimos creados el
mismo día, por eso ellos son chaberara de nosotros.
–Bueno, hermano Karagabí, ¿usted mañana para dónde camina?
–No, mañana me voy a visitar al hijo mayor –le contestó el otro.
Y Tutruicá quedó pendiente en una cañada que Karagabí tenía
que bajar. Cuando pasó por allí, le tiró encima esa montaña y lo tapó.
Karagabí se demoró cuarenta y ocho horas en salir de ahí. Primero se
convirtió en armadillo, y hágale, hágale, pero no era capaz de salir.
Después se convirtió en lombriz y tampoco pudo. Cuando se convirtió
en agua salió y se salvó.
A los cuatro días Tutruicá se asomó a la casa de Karagabí y lo
encontró allí. A los seis días Karagabí fue a visitar a Tutruicá y le
preguntó que para dónde caminaba al otro día:
–Yo me voy a visitar a mi hijo.
Karagabí quedó pendiente para ver a qué hora pasaba la cañada y
también le volteó la montaña y lo tapó. A los cinco días salió y Karagabí
lo vio nadando río abajo.
–Como ya no podemos ser amigos, sería mejor que usted se fuera
para su tierra.
–No. Yo no me voy para mi tierra.
–No, usted tiene que irse para su tierra porque usted y yo no podemos
vivir juntos, porque si usted sigue así voy a tener que vengarme.
–Bueno, yo manejaría cuatro territorios de aquí hacia abajo y usted
cuatro hacia arriba.
–¿Cómo se va a llamar el territorio hacia abajo?
–El primero se va a llamar territorio de Chaberara. El segundo va
a ser el territorio de Umucá, el camaleón, después va a ser el territorio
del agua y de los peces, y después voy a vivir yo. ¿Y usted cómo va a
bautizar tu territorio?
–Mi territorio va a ser el territorio de nube, el territorio del gallinazo
blanco, el territorio del Sol y de la Luna y en el último territorio
voy a vivir yo.
Así quedaron ellos, ahí acaba esa historia.

Colombia - Mito Kuna Tulé - Origen de los seres humanos

Kuna o Cuna o Kuna Tulé es un pueblo amerindio localizado en Panamá y Colombia. Su idioma hace parte de la familia lingüística chibcha. En lengua kuna, se autodenominan como dule (Se pronuncia Tule) que significa "persona". Según las convenciones lingüísticas de este pueblo indígena su nombre se debe escribir Gunadule en la grafía aprobada en 2010 por el Congreso General de la Nación Gunadule, aunque su pronunciación se mantiene como ha sido tradicionalmente: suena Kuna Tule según la fonética de la lengua española. El mito que se relata a continuación fue recogido de la obra El sol babea jugo de piña en el que el autor Miguel Rocha Vivas compila mitos de los departamentos de Atlántico, Magdalena y Serranía del Perijá. La obra hace parte de la Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia, del Ministerio de Cultura. Estas son Palabras atribuidas a la Gran Nele Olonakekiryai:



El bejuco sube ondeando por los tallos de los grandes árboles –decía
Nakekiryai– y desde las alturas empieza a llorar, a gemir nanapipiye, nanapipiye,
y la madre, la gran Madre Tierra le grita desde abajo, essarey (ven a mis
brazos hijo mío), y el bejuco cae confiado y silencioso sobre la Madre Tierra.
La Madre Tierra da confianza a todo, es la serenidad de lo creado por Papa.
Por eso, cuando el bejuco cae a tierra se vuelve duro, resistente porque ya la
Madre le ha dado el beso, la consistencia entre sus brazos. Así venimos todos
nosotros, así nos movemos todos –cantaba Nakekiryai–, todos venimos de
Sappipeneka, desde allá arriba empezamos a llorar, a gritar mupipiye, mupipiye,
nanapipiye; buscamos seguridad, buscamos confianza. Y nuestra gran
Madre Napkuana nos ha gritado essarye, «ven hija, ven hijo a mis brazos».
Nuestra gran Madre Tierra nos ofreció sus pechos, nos respondió essarye.
Cada vez que lloramos allá el Sappipeneka, ella nos dispuso a bajar, dándonos
confianza, y así llegamos a su seno… Lloramos cuando somos niños, y
nuestra Madre nos irá conociendo de acuerdo a nuestros lloros.

Colombia - Mito Wayúu - Creación

El pueblo Wayú habita la península de la Guajira al norte de Colombia y noroeste de Venezuela, sobre el mar Caribe. Según los censos realizados, su población está constituida por 144.003 personas y constituyen el 48 % de la población de la Península de la Guajira. La mayor densidad de su asentamiento se presenta en Nazareth. El mito que se relata a continuación fue recogido de la obra El sol babea jugo de piña en el que el autor Miguel Rocha Vivas compila mitos de los departamentos de Atlántico, Magdalena y Serranía del Perijá. La obra hace parte de la Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia, del Ministerio de Cultura. Esta narración fue recogida de UNICEF. La historia cuenta lo siguiente:


 
 
 
Hace años, milenios, solo existía el viento, la oscuridad, el frío, la Tierra –Mma–, el Lluvia –Juyá–, y su mujer –Pulowi–.
Juyá en sus andanzas conoció a Mma, la Tierra, y se enamoró de ella y entonces
también la hizo su mujer. La fecundó y así nacieron los primeros hijos
de la Tierra, que son todas las plantas que hoy existen, grandes, medianas,
pequeñas.
Juyá volvió a fecundar a Mma y dejó a un lado a Pulowi. Cada vez
que nacía un nuevo hijo se escuchaba una voz del interior de la tierra.
La voz decía:
–Tú serás Uriana, tú serás Epiayu, tú serás Pushaina.
O sea, nombraba todos los grupos familiares, clanes que hoy existen.
Así aparecieron las personas. Luego algunas sufrieron una transformación:
se convirtieron en animales.
Pulowi se quedó en los picos de la serranía de la Macuira, en la
Alta Guajira. Es un sitio sagrado por los misterios que allí existen. En
el pico hay una laguna pequeña. Algunos dicen que el agua es la tapa
de un gran hoyo. A veces Pulowi sale a la orilla de la laguna a lavar
bajo la sombra de los árboles que ahí crecen.

Colombia - Mito Yukpa - Origen de los seres humanos

Los Yukpa son un pueblo amerindio que vive en la Serranía de Perijá, a ambos lados de la frontera entre Colombia y Venezuela y habla un idioma de la rama norte de la familia lingüística Caribe. Los colonos los denominaban motilones 'cabezas rapadas', aunque dicho nombre es ambiguo y fue aplicado también a otros pueblos, como los Barí, de origen chibcha. También se les ha conocido con los nombres de chaques, macoitas e irokas. El mito que se relata a continuación fue recogido de la obra El sol babea jugo de piña en el que el autor Miguel Rocha Vivas compila mitos de los departamentos de Atlántico, Magdalena y Serranía del Perijá. La obra hace parte de la Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia, del Ministerio de Cultura. Quienes recogieron esta narración fueron Armellada y Bentivenga, 1991. La historia cuenta lo siguiente:


Un día Dios se dirigió al bosque, donde anduvo de un sitio a otro;
mientras lo hacía golpeaba árboles diferentes con su hacha. Así pasó
de uno a otro hasta encontrar uno que dejó salir sangre desde el momento
en que el hacha cayó sobre él. Dios derribó este árbol y de su
madera labró dos figuras de dos niños; en seguida derribó un segundo
árbol, de cuyo tronco fabricó una caja y dentro colocó las dos
figuras. Luego llamó un pájaro, el pájaro carpintero, al que ordenó
sentarse sobre las figuras. Luego cerró la caja con una tapa y la dejó
en el bosque.
Días más tarde, la compañera de Dios fue al bosque y se sorprendió
enormemente de escuchar voces repentinamente. Siguiendo la
dirección de los sonidos descubrió la caja. Con muchísimo cuidado
levantó su tapa. Cuál no sería su sorpresa al encontrar dentro dos niños
y un pájaro. Ella (la compañera de Dios) se llevó los niños a casa
y los crió hasta que fueron grandes y pudieron convertirse en marido
y mujer. Muchos niños nacieron de esta joven pareja, y eventualmente
se casaron unos con otros. Al transcurrir unos pocos años hubo gran
número de gente sobre la tierra.
Un día Dios bajó entre los hombres y los reunió frente a él. Les
contó cómo habían surgido ellos de las figuras de madera y que, por
tanto, todos eran descendientes de una pareja original de seres nacidos
de unos mismos padres y al mismo tiempo. Les advirtió que, puesto
que ahora había gente suficiente sobre la tierra, de allí en adelante
ningún hombre podía tomar como esposa a su hermana.
La gente convino en aquello y prometió guardar esta ley. Entonces
Dios presentó a los yupa el pájaro carpintero como su ayudante en el
trabajo y le dio forma humana.
El último día de la permanencia de Dios entre los yupa, organizó
una fiesta y les enseñó el arte de preparar la chicha; finalmente, antes
de irse, les prometió que después de esta vida llamaría a los yukpa a
unírsele allá en su tierra.

Colombia - Mito Yukpa - Origen del mundo

Los Yukpa son un pueblo amerindio que vive en la Serranía de Perijá, a ambos lados de la frontera entre Colombia y Venezuela y habla un idioma de la rama norte de la familia lingüística Caribe. Los colonos los denominaban motilones 'cabezas rapadas', aunque dicho nombre es ambiguo y fue aplicado también a otros pueblos, como los Barí, de origen chibcha. También se les ha conocido con los nombres de chaques, macoitas e irokas. El mito que se relata a continuación fue recogido de la obra El sol babea jugo de piña en el que el autor Miguel Rocha Vivas compila mitos de los departamentos de Atlántico, Magdalena y Serranía del Perijá. La obra hace parte de la Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia, del Ministerio de Cultura. Quien recogió esta narración fue Villamanan, 1982. La historia cuenta lo siguiente:



Kemoko es como el padre de todos los yukpa. Se le llama también «Amorétoncha» entre los yukpa de Makoa y de Atapshi. Los de Irapa le llaman también «Maihpore». En Maraka y Sokorpa le conocen como «Aponto».
Al principio vivía él solito en el aire. Para descansar un poco hizo una tierra pequeñita como de una cuadra. La tierra fue creciendo y se hizo muy grande. Kemoko fue haciendo los árboles y los animales, que al principio eran como personas. Escogió a la ardita para que fuera como su criada, para que le preparara la comida. De la cabeza de Kemoko sacaba granos de maíz, los preparaba y se los daba a comer a Kemoko.
Cuando la tierra se hizo muy grande Kemoko fabricó como unos muñecos de tierra. Hizo cuatro: dos hombres y dos mujeres. De ellos salieron los primeros que vivían en las sabanas de Manastara: los Atancha y los Atumsha. Con ellos vivió Kemoko mucho tiempo, pero se hicieron malos y Kemoko se marchó a otro sitio.
Kemoko andaba solo por el monte y el pájaro carpintero picaba todos los palos. Cuando picó unos palos salió sangre. Entonces Kemoko los cortó e hizo con ellos un hombre y una mujer, doblándoles los brazos y las piernas para que pudieran caminar. De aquí salieron los yukpa.

Colombia - Mito Barí - Creación del mundo

Los Barí viven en la frontera con Venezuela en la serranía de los Motilones, departamento de Norte de Santander, Colombia. Habitan una región del bosque húmedo tropical en la hoya del río Catatumbo. Su población se estima en 3.617 personas. Su lengua pertenece a la familia linguística Chibcha. El mito que se relata a continuación fue recogido de la obra El sol babea jugo de piña en el que el autor Miguel Rocha Vivas compila mitos de los departamentos de Atlántico, Magdalena y Serranía del Perijá. La obra hace parte de la Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia, del Ministerio de Cultura. Quienes recogieron esta narración fueron Triana y Mendoza. La historia cuenta lo siguiente:



Cuentan que antes la tierra era oscura, sin orden. Todo era un caos
y nada tenía una forma precisa. Entonces de la región por donde ahora
se oculta el sol llegó Sabaseba con su familia. Allá vivían.
Sabaseba, con mucha curia y paciencia, trabajó modelando la tierra
hasta darle orden. Así la tierra obtuvo su forma actual: llana y con
un sentido para que corran las aguas y la puedan habitar y disfrutar los
animales, la gente, los bosques.
Cuando Sabaseba ordenó la tierra comenzó la vida: caía la lluvia
y las nubes viajaban por los cielos, y el trueno retumbaba; ya se veía
al arco iris llenar el aire de color. Y se hizo de día con el sol y con la
noche vino la luna.
Este dios Sabaseba trabajó mucho, como lo haría un barí, y cuando
tuvo hambre cortó piñas. De la primera piña que partió salió un
barí hombre, de la segunda una mujer: Barira y de la tercera un niño:
Basurita.
Todos ellos alegres. Esta primera gente ayudó a Sabaseba en
su trabajo de arreglar y ordenar el mundo.
Ellos, además, enseñaron a los barí las artes y los oficios: pescar,
cazar, construir un bohío, tejer las cestas, hacer los chinchorros y los
vestidos.
Los animales, la otra gente que no es barí y muchos otros seres que
no son gente ni animal, son dioses y espíritus buenos y malos, salieron
todos de las cenizas de una vieja que mató a su nieto, lo asó y se lo comió.
Entonces los padres del niño la mataron y la quemaron, y luego
esparcieron esas cenizas. De ellas nacieron los blancos, los negros, los
yuko-yukpa, los guajiros y muchos espíritus.
Por último, Sabaseba les dio a los barí reglas de respeto entre ellos
y normas de comportamiento.

Colombia - Mito Chimila - Creación desde arriba

Los Chimilas o Ette ennaka ('gente propia') es un pueblo amerindio que desde 1990 vive congregado en el resguardo Issa Oristunna (Tierra de la Nueva Esperanza), San Angel, municipio de Ariguaní, departamento del Magdalena, Colombia. Este relato está tomado de El sol babea jugo de piña en el que el autor Miguel Rocha Vivas compila mitos de los departamentos de Atlántico, Magdalena y Serranía del Perijá. La obra hace parte de la Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia, del Ministerio de Cultura. Quien recogió esta narración fue el antropólogo Gerardo Reichel-Dolmatoff:

Cuando los primeros chimila bajaron del cielo no sabían a dónde
ir. Hubo mucha agua entonces en todas partes y mucho monte sin
comida ni buenas aguas.
Entonces Papá grande tomó el Arco Iris y cogió sus tres flechas,
todas hechas de la caña maná. Disparó sus flechas sobre la tierra para
mostrar a los chimila el camino por donde debían seguir.
La primera flecha cayó allá en San Ángel y todavía hay mucho indio
allá. La segunda cayó allá en el río César y así parte de los chimilas se
fueron por allá. La tercera flecha cayó allá lejos, donde está hoy el gran
pueblo que llaman Cartagena y para allá se fueron los otros chimilas.
Así los chimilas encontraron el camino y quedaron en toda esta
tierra.
Desde entones la caña maná sirve para flechas porque es de la familia
del Sol. Cuando uno se chuza con la caña maná en el monte de
noche, puede ver al Sol.