Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito, Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamerica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.



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domingo, 19 de septiembre de 2010

Panamá - Mito Kuna - Creación

Kuna (o Cuna) es el nombre de un pueblo amerindio localizado en Panamá y Colombia. Su idioma hace parte de la familia lingüística Chibcha. En lengua Kuna, se autonominan como Dule (o Tule), que significa "persona". Por ejemplo, andule 'yo,' we dule 'esa persona.' Los Kunas no se autodenominan indios; sino Kunas o Dule. El presente mito fue relatado por Juan Alberto Aguilar D., y fue tomado de la página de Monografías.

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El planeta era una masa de tierra compacta sin mar ni ríos ni quebradas ni hombres. Los únicos pobladores eran los animales hablaban como las personas de hoy y aquellos que tenían cuatro patas andaban sobre dos. Tal fue el paisaje que vio Ipelele Opa a su llegada. Pero un día su esposa vino ebria y él no supo a qué atribuirle la causa. Entonces se sacó una muela que se metamorfoseó en arriera y ella anduvo, anduvo hasta llegar a Ipuwala: era un árbol grande, frondoso, cuya copa era un bosque donde tenían los animales plantaciones de maíz, arroz, cañas de azúcar, guineos de jugo embriagante y otras plantas que servían de alimentos a los animales.
Así fue como Ipelele Opa determinó talarlo. Congregó a los habitantes de la tierra y ellos obedecieron. Pese al esfuerzo que realizaron juntos aquel día lograron solamente la mitad de la tarea. Al día siguiente, cuanto Ipelele Opa y los animales llegaron para terminar de talar se maravillaron grandemente y no encontraron explicación alguna de cómo o por qué pudiese estar intacto el árbol. Acometieron con mayor esfuerzo. Trataron de terminar pronto. Trabajando los sorprendió la noche y se vieron obligados a irse al descanso. Ipuwala quedó solo, envuelto en la oscuridad, hasta la mañana siguiente en que llegó Ipelele Opa y su séquito de animales para reanudar el trabajo, pero el árbol estaba ya sin las cortaduras del día anterior. Pelele Opa montó en cólera, pero ninguno supo darle explicación alguna y volvió a mirar a Ipuwala: enorme, frondoso, intacto.
Al llegar la noche, el árbol estaba cortado hasta la mitad únicamente. Se suspendió el trabajo. En esta ocasión se escondieron entre las malezas. Disimulados por las sombras, aparecieron: Olo No, sapo de brillantes ojos: Olo Nia, diablo dorado; Olo Naipe, serpiente de áurea mirada; Olo Achu, perro de oro; cada uno por cada uno de los cuatros puntos cardinales, respectivamente. Al llegar estos animales al árbol juntaron sus lenguas al corte e Ipuwala volvió a cerrarse, pero ellos murieron atravesados por las saetas invencibles del terrible flechador Puksu.
Inmediatamente, en plena noche, Ipelele Opa y los animales se pusieron a talar y los pedazos que caían se transformaban en cangrejos, aretes, zorros, etc. Cuando llegó el sol, habían logrado cortar el árbol, pero no cayó por más que le mecían y remecían: sus frondosas ramas estaban enredadas con las nubes. Para desenredarlo, Ipele Opa llamó a una ardilla.
Llevaba entre los dientes un machete, mas habiendo escalado un poco se resbaló y cayó cortándose la espalda: desde entonces se le conoce como Esttinkana, cortado con machete. "Sube tú", le ordenó al mono, pero al llegar a la copa, el animal no pudo desenredar el árbol ni tampoco se bajó. Desde entonces vive en los árboles con el nombre de aullador.
En última instancia, llamó a una ardilla más pequeña, sin embargo ésta se negó aduciendo estar casado y en vista de ello Ipelele Opa le prometió otra mujer; la hija de Mastalipe.
A pesar de todo, el héroe esperó dos días porque el animal le dijo que antes era preciso acostarse con ella. Ipele Opa le entregó un hacha de oro y además determinó regalarle un vestido dorado al finalizar el trabajo. El animal se preparó a la vista del público. Tomó impulso. Se oyó el hachazo y en medio del más ruidoso de los estruendos se desplomó el árbol y de él nacieron los mares, los ríos y las quebradas; pero nunca más se supo de la pequeña ardilla.
Con una fiesta de gran solemnidad se celebró este hecho, pero hubo peleas al embriagarse los animales y por ello Ipelele Opa los castigó haciéndoles perder los caracteres humanos y así fueron arrojados hacia las selvas y aquellos que andaban sobre dos patas anduvieron sobre cuatro y las plantaciones quedaron para los hombres que nacerían con el tiempo.
Después de este acontecimiento el héroe subió al Cielo. Luego envió a Ipelele Sipukua y a su esposa a la tierra. A su arribo se detuvieron en las verdes pestañas del árbol del calabazo, en la cima de la montaña Takarkuna (la cuna de los kunas). Esta pareja tuvo hijos y sobrinos entre los cuales se puede contar a Ipelele Okkelele, que también tuvo hijos y sobrinos, como Ipelele Kakkatottokun, por ejemplo, quien a su vez tuvo hijos y sobrinos y así sucesivamente hasta que nacieron los Tule. Tal es la historia de Ipuwala, tal el nacimiento de los mares, de los ríos y de las quebradas, tal la genealogía de los kunas.

Chile - Mito Mapuche - Cosmología

Los Mapuches han ocupado zonas de Chile y en Argentina en las Provincias de Neuquén y Río Negro. A la llegada de los conquistadores, superaban el millón de personas y nunca pudieron ser dominados por los españoles. Actualmente hay un movimiento de recuperación de sus aspectos culturales, su reconocimiento como etnia y de recuperación de sus tierras. La historia que acá se relata sobre el Ánima y la Muerte es tomada de la página web de Wikipedia.
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La etnia Mapuche representa al mudo con una forma como de naranja, de la cual solo la mitad se puede apreciar por quienes viven en este mundo. Puede resumirse de la forma siguiente:
- En el plano vertical (espiritual): Tanto la humanidad (che), como los espíritus de los antepasados, Pillán, participan de los dos mundos, manteniendo un equilibrio dinámico entre el bien y el mal. El mundo donde vive el hombre es llamado Mapu, y sobre este, el Ankawenu (cielo). Son tres las dimensiones que, interrelacionadas, conforman la estructura del universo Mapuche en el plano vertical:

Wenu Mapu: En el extremo superior de la Nag Mapu está la Wenu Mapu, la tierra de arriba, espacio sagrado e invisible donde habitan la familia divina, los espíritus del bien y los antepasados mapuche.
Nag Mapu: Se denomina así a la tierra central, también conocida como "la tierra que andamos", aquel espacio visible que es habitado por los hombres y la naturaleza.
Miñcge Mapu: En el extremo inferior de la Nag Mapu, está la Miñche Mapu, la tierra de abajo, donde se encuentra la fuerza del mal o espíritus malignos.
- En el plano horizontal (terrenal o Nag Mapu)
Al conjunto de relaciones espaciales y particularidades territoriales del mundo Mapuche en el plano del Nag Mapu, se le denomina Meli Witran Mapu.
Corresponde a la manera de entender la tierra pengei (visible) que habita el mapuche organizada a partir de los meli zuam (cuatro lados de la tierra), lados que definen particulares modos de vida a partir de la manera en que el Mapuche se relaciona en cada uno de ellos con la naturaleza y el medio que los rodea. Como puntos cardinales quedaría definido el mapu como: Este (Pwel Mapu): Lugar de los dioses, los espíritus benéficos, los antepasados, rogativa a los dioses, la ayuda divina.
Norte (Pikun Mapu): Lugar de Mala suerte.
Oeste (Lafken Mapu o Nau Mapu): Lugar de los espíritus del mal.
Sur (Willi Mapu): Lugar de Buena suerte.
Igualmente, es por ello que, en el aspecto ritual, la religiosidad mapuche no se expresa por medio de templos u otras construcciones con carácter de sacralidad. Al contrario, se traduce en un íntimo contacto con la naturaleza, los Ngen, y la tierra representada en la Ñuke Mapu. Por lo tanto un claro en el bosque, rodeado por árboles (ojalá canelos) y purificado a través de bailes rituales, se covierte en el templo más sagrado. La sola construcción que admiten es el rewe, un tronco de canelo en el que han sido labrados unos altos peldaños que permiten al oficiante, el Machi, el Ngenpin, subir a su ápice.
La cosmogonía mapuche ubica el origen de los mapuches en el mapu. Se dice que, antes de poblar la tierra, los espíritus miraban desde arriba y veían todo desierto, hasta que les fue permitido enriquecerla con innumerables formas distintas, hechas con el material de las nubes; luego bajaron los hombres del cielo, conociendo el lenguaje de la naturaleza, y trajeron el idioma mapuche, que es el mismo que se habla en el cielo. Los espíritus les prometieron que los harían regresar en el futuro.

Guatemala, Mito maya, Leyenda de la tejedora y el colibrí

La leyenda La tejedora y el colibrí proviene de la región de Huehuetenango, en Guatemala, en donde existe una composición étnica muy variada, con diversos grupos, todos provenientes del tronco común maya. Este relato está tomado del artículo Literatura popular de un área indígena de Guatemala: El Caso de Huehuetenango, del investigador Celso Lara F. La narración es la siguiente:

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Una vez había un patojo que estaba paseando. De repente llegó a un rancho donde había un naranjo enfrente. El naranjo tenía muchas flores muy blancas, y había una patoja muy chula sentada debajo tejiendo. Al patojo le gustaba mucho y cuando la vio desde lejos quiso estar con ella y platicar, pero no podía entrar porque el papá de ella estaba en el rancho y el patojo tenía miedo. Pero le gustaba mucho y quería estar ya ahí con ella, pero tenía mucho miedo.El patojo vio que el naranjo tenía muchas flores y dijo:
—¿Qué hago ahora para poderme enamorar a esta patoja? No aguanto la gana de no hablar con ella, no aguanto que ella no Ilegue a ser mi mujer. Lo que voy a hacer es convertirme en un animal, pero no un animal malo, porque si me convierto en un animal malo se asusta la patoja y a lo mejor me mata. Mejor que me convierta en un colibrí para que le guste yo.
Entonces, se convirtió en un colibrí, salió volando y se fue a parar al naranjo. Estaba volando muy rápido y empezó a comer en las flores. Estaba haciendo mucho y era de color muy bonito. La patoja estaba tejiendo y cuando se dio cuenta del colibrí, de una vez fijaba los ojos en él y le gustaba mucho, ya no hacía su huipil, le gustaba mucho el colibrí y su color. El colibrí vio que la patoja se fijaba en él y por eso hacía más todavía, a veces llegaba muy cerca. Entonces, la patoja dijo:
—Es muy bonito ese animalito, pues ¿qué hago para poder tenerlo?, ¿se dejará él o no? Si se deja voy a hacer uno en mi huipil, igual a ese, lo voy a hacer muy chulo. Y que el colibrí nunca se iba.
Entonces, la patoja llamó a su papá y llegó el señor, el indio. Ella le dijo entonces:
—Tata, mira a ese animalito ahí. Me gusta mucho, ¿por qué no me lo matás? Quiero hacer uno en mi huipil, me gusta mucho.
Entonces, con mucho cuidado se fue el papá de la patoja, pero el colibrí no hacía nada, ni siquiera se movía para que no lo matara. Poco a poco llegó el señor con él y en la primera prueba lo agarró. La patoja estaba muy contenta, luego dejó su huipil y lo agarró de su papá. El colibrí no hacía nada, estaba en las manos de la patoja y estaba muy alegre. Y la patoja le dijo a su papá:
—Tata, buscále un lugar y pongámoslo dentro, no aguanto soltarlo.
Y buscaron una jaula y lo pusieron adentro y cerraron la puerta. A la patoja le gustaba tanto que no comía y también al colibrí le gustaba la patoja. Al anochecer lo pusieron en el rancho, pero el rancho estaba dividido en cuartos y los papás dormían en un cuarto y la muchacha dormía en otro, sólita ella. Cuando se fueron a dormir los papás lo pusieron con ellos, pero el colibrí no se conformaba con quedarse con ellos y se quedó apenado; comenzó a hacer ruido, que se tiraba con los lados de la jaula y chillaba mucho y todo.
La patoja lo estaba oyendo y se puso muy triste, y dijo:
—Y si se muere este colibrí... está muy agitado, no lo aguanto. Y se levantó pues. Abrió la puerta, entró donde estaban durmiendo sus tatas y dijo:
—Voy a llevarme este pajarito porque está muy agitado y tal vez se va a morir, ¿a'l'oyen?
—Ta'bueno pues, llevátelo pues, a ver si no te quita el sueño— le dijeron.
Se lo llevó ella y lo puso al lado de su tapexco y se acostó otra vez. Y el colibrí ya no hacía nada y comenzó a pensar:
—¿Qué hago ahora, pues? A saber si se asustará esta patoja por mí (pensaba el colibrí). A él le gustaba tanto la patoja que quería enamorarla y quería que llegara a ser su mujer.
Entonces, con mucho cuidado, despacito, se convirtió otra vez en patojo. Y así, poco a poco se le acercó y le habló (a la patoja):
—No te asustes, te quiero mucho. Te quise hablar ayer, pero ahí estaba tu tata y tuve miedo, por eso busqué la forma de verte y me convertí en colibrí. Ahora que estamos solos, ¿qué me decís? De veras, es cierto, te quiero mucho y no aguanto dejarte. Y quiero que me digas ahorita: ¿me querés, vos?, porque lo que es yo te quiero con todo mi corazón y para siempre.
El patojo era muy blanco y cuando la patoja lo vio quedó toda chiviada y no le dijo al patojo que lo quería a él. El patojo era muy blanco, ella sólo le dijo:
—Pues, muy bien —le dio su promesa al patojo, ¿verdad?
Entonces, como ellos estaban en un cuarto aparte, por fuerza tenían que pasar por donde estaban durmiendo sus papas de ella.
Y él le dijo a la patoja:
—Lo que yo quiero es que nos vayamos ahorita mismo.
—Muy bien, si querés nos vamos ahorita —le dijo la patoja.
Y es que ella quería mucho al patojo y por eso no le costó darle su promesa. Entonces le dijo:
—Espérate, que se queden bien dormidos mis tatas y cuando salgamos, pues, que estén dormidos de seguro.
Y él le preguntó:
—Es cierto lo que me decís. ¿No me mentís, verdá?
—No, pues, es verdad —le dijo ella.
El patojo ya estaba muy contento. La patoja con mucho cuidado abrió la puerta del cuarto donde estaban sus papás y le dice que estaban bien dormidos. Y le dijo el patojo:
—Vonós, ahora, vos, pues.
Poco a poco, despacito, salieron, pasaron con ellos, le quitaron la tranca a la puerta del rancho y salieron. Cerraron quedito y se fueron, pues. Al amanecer, los papás de la patoja vieron que ya no estaba. Y la nana, alaraquienta, comenzó a llorar y a entristecerse, y le dijo a su marido:
—Andá a buscar a mi hija, donde sea, y me la encontrarás. ¡Ay, mi hija! —decía la vieja—. Y es que es mi única. ¿Dónde se ha ido mi corazón? —decía, pues.
Y se fue el señor, el tata de la patoja, mandado por su mujer y los buscó en todo lugar pero nunca los encontraron. ¡A saber a dónde se fueron, si lejos o cerca!; la gente dice que nunca los hallaron.