Este blog desea servir de vehículo de encuentro y de divulgación de los mitos latinoamericanos, para contribuir a que los antiguos personajes y situaciones simbólicas arquetípicas se contacten de nuevo con nuestras conciencias, despertando esa antigua habilidad que tenían nuestros antepasados de leerlas intuitivamente y de servirse de ellas como alimento espiritual. Para contextualizar el tema recomendamos iniciar con las lecturas de Pueblos indígenas en Latinoamérica, Pueblos indígenas en Colombia, Sentir Indígena, Definición de Mito, Consecuencias de olvidar los mitos, Mitos en Latinoamerica, Formas del Mito y Mitos de Creación. En estos últimos se desea hacer un especial énfasis.



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sábado, 7 de marzo de 2009

Colombia - Mito Catío - El héroe Herupotoarra


Los Catíos, que habitan actualmente el occidente de Antioquia, pertenece a la comunidad de los Chocó, y el hecho de que sean conocidos con el nombre de la antigua tribu Catía se debe probablemente a que vinieron en siglos posteriores a ocupar su región. Este mito sobre el héroe Herupotoarra fue tomado y adaptado de la obra Mitología Americana, del R.P. Mariano Izquierdo, C.M.F.:

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Herupotoarra pertenecía, por parte de madre, al linaje aristocrático de los domicoes, y fue el artífice que buscó Caragabí para construirle la escalera del cielo, para exclusiva utilidad de los hombres.
El nombre de Herupotoarra significa «nacido de la pierna». Una india, del linaje catío de los domicoes, estaba pescando cuando he aquí que concibió de una nutria, entre los dedos de un pie. Nació Herupotoarra de la pantorra de su madre, la cual, de resultas, murió.
Llegado Herupotoarra a la mayor edad, averiguó insistentemente quién había sido el causante de la muerte de su madre. Aseguráronle que la luna fue la asesina de la autora de sus días.

Herupotoarra, dejándose guiar de su prodigioso ingenio, colocó dos palos en forma de escala y empezó a subir por ellos, resuelto a tomar venganza de la luciente reina de la noche. No la había de librar de su justo castigo la altura a que pasa por encima de los hombres.
A medida que Herupotoarra pronunciaba:
Uariade, uariade, sube, sube, se iba estirando verticalmente la mágica escalera, hasta que él llegó a la presencia de la luna, a la cual increpó repentinamente y, sin darle tiempo para replicar,
le descargó en la cara tan tremenda bofetada, que todavía se ven en ella las marcas, por las manchas que lleva.

Acaeció entonces que pasó volando un trienené, que los civilizados llamamos pájaro carpintero, y con su potente pico barrenó en breve tiempo la escalera encantada y dio al traste con ella.
Herupotoarra, asido a la escalera, iba diciendo por los aires: «
Mojopodo, mojopodo», es decir, sin peso, sin peso. Y como si escala y escalador tuviesen menos peso que una pluma, fueron a caer suavemente en otro planeta que hay debajo de la tierra llamado Armucurá. Halló que los habitantes de Armucurá eran inmortales, se alimentaban de vapor de chontaduro y estaban exentos de necesidades naturales.
Herupotoarra no se olvidó de la tierra; volvió a armar y enderezar su escalera y subió de nuevo a este mundo. Una vez aquí, le aseguraron que quien había causado la muerte de su madre era Ambuima, un indio brujo muy temido que vivía en un bellísimo bohío.
Herupotoarra hizo diez flechas, para quitar con ellas la vida a Ambuima, hábil como ninguno en sacrilegios y engaños. Flechóle, pero todas las flechas le pasaban rozando el brazo sin herirle. Ambuima, a su vez, aplicó la mano a Herupotoarra en el costado, y a la mañana siguiente apareció muerto. Al mediodía empezaron a salir de la boca de Herupotoarra moscas, tábanos, mosquitos inofensivos, en que se transformó su cadáver. Murió también Ambuima y se convirtió en avispas venenosas.

Colombia - Mito Catío - La escalera al cielo


Los Catíos, que habitan actualmente el occidente de Antioquia, pertenece a la comunidad de los Chocó, y el hecho de que sean conocidos con el nombre de la antigua tribu Catía se debe probablemente a que vinieron en siglos posteriores a ocupar su región. Este mito sobre la escalera al cielo fue tomado y adaptado de la obra Mitología Americana, del R.P. Mariano Izquierdo, C.M.F.:

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Tenía Caragabí una maravillosa escalera, muy distinta de las que labran los indios, la cual llegaba desde .la tierra al cielo, para que los catíos pudieran subir a conversar con él siempre que quisieran. Tan rara escalera era toda como de finísimo cristal, y tenía defendidos los flancos por unos pasamanos y barandas hechos como de un metal muy bruñido, a fin de vitarles el vértigo a cuantos subieran o bajaran, y descansaba en tierra sobre dos extrañas y hermosísimas flores.
Cuando los primeros indios pecaron, Caragabí les quitó la escalera, para que no volvieran a subir al cielo. Les pasó su mano creadora por los ojos, como sobándoselos, y les quitó aquella prodigiosa potencia visiva que primero tenían. Les derramó agua de coco en la cabeza, para que envejecieran.
El pecado, que acarreó a los hombres tamaño castigo, fue la fornicación. Algunos agregan ciertas circunstancias a la narración de la caída de los primeros hombres, diciendo que,
como una mujer pecadora, se dispusiese a subir por la escalera del cielo para conversar con Caragabí; el niño, fruto del pecado, tocó con sus manecitas inquietas una de las misteriosas flores sobre que descansaba la escalera, y en el mismo instante se derrumbó de los aires la escalera: los que iban ya subiendo por lo alto de ella, lograron entrar en el cielo; los demás cayeron a tierra.
Cuentan también los catíos que los primitivos indios oían muy bien desde la tierra los cantos y músicas del cielo, pues en aquel tiempo no estaba el cielo tan distante como ahora. Engolosinados los hombres por tan deliciosas melodías, proyectaron construir una escalera que llegara hasta el cielo; pero Caragabí se opuso a ello. Los indios persistieron en su intento y llevaban ya muy arriba su escalera, cuando. Caragabí, indignado por su rebeldía, los derribó de lo alto y se llevó mucho más lejos los pabellones del cielo, para que no volvieran los hombres a intentar la construcción de otra escalera.
Después de la muerte, el alma humana se presenta a Caragabí, quien la recibe en una antesala del cielo. Si el alma ha pecado, comparece negra; pero de lo contrario, se ve blanca. Caragabí somete al alma pecadora a la prueba del martillo, con el cual la va golpeando en la cabeza, como para hacerle saltar la roña del pecado, hasta que quede blanca del todo.
Allí tiene provistos dos baldes, uno de agua hirviendo y otro le agua fría. Pasa el alma, ya blanca, por estos dos baños sucesivos y queda en disposición de entrar en el cielo, a su Baha. Pero hay pecados para los cuales no son suficientes unas purgaciones tan expeditivas, como las dichas, sino que Caragabí somete a las almas pecadoras a trabajar, como jornaleros, por un mes, un año y hasta quince o veinte años. Una vez que han pagado el castigo que merecían, Caragabí las llama al cielo.
Todavía hay otros pecados mucho más graves, que no admiten remisión ni purgación en la otra vida, según los catíos. Esos pecados son la fornicación de indio con civilizado, el incesto y el homicidio. A las almas que comparecen en la otra vida cargadas con estos pecados y delitos, Caragabí las conviene en peces y las echa al infierno

Colombia - Mito Catío - Origen del héroe Sever


Los Catíos, que habitan actualmente el occidente de Antioquia, pertenece a la comunidad de los Chocó, y el hecho de que sean conocidos con el nombre de la antigua tribu Catía se debe probablemente a que vinieron en siglos posteriores a ocupar su región. Este mito sobre el héroe Sever fue tomado y adaptado de la obra Mitología Americana, del R.P. Mariano Izquierdo, C.M.F.:

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Caragabí produjo de la nada una gota de agua, la cubrió con una totuma nueva y al día siguiente, cuando la descubrió, estaba convertida en un indio catío. Produjo otra gota de agua, y, tapada con la misma totuma, salió de ella una mujer catía, la que dio Caragabí por compañera al primer catío que hubo en el mundo.
A esta mujer la enseño Caragabí a hacer otra gota idéntica a las anteriores, pero ella esparció la gota en forma de menuda llovizna y así se originaron multitud de indios cunas. Los cunas aprendieron a manejar el arco con admirable destreza y habitaban en bohíos muy hermosos. A los ocho días de haber sido creados los cunas, flecharon a Caragabí, pero no pudieron herirle. El dios llevó muy a mal tamaña ingratitud de los cunas y los desterró de aquel lugar ameno, y ellos se establecieron a orillas del impetuoso Atrato.
Caragabí suscitó un héroe que tuvo en incesante zozobra a los cunas. De otra gota de agua creó Caragabí a un hombre que se llamó Sever, al cual infundió las más extrañas aptitudes de guerrero y conductor de hombres. Le enseñó a flechar con toda perfección; descubrióle el secreto de sobarse todo el cuerpo con ojos de tigre pulverizados, a fin de obtener agilidad. Para poder ver de noche lo mismo que de día, hizo que se frotara todo el cuerpo con ojos molidos de venado, de león y de guagua.
Sever tuvo cinco hijos varones que llegaron a ser otros tantos héroes que heredaron las maravillosas cualidades de su padre. Sever prevalido de su potencia visual, fue una noche a espiar a los cunas, los cuales carecían de esa virtud. Entró Sever en el poblado de los cunas, bien pertrechado de flechas, pero ellos le trataron hostilmente, por lo que tuvo que devolverse sin conseguir por entonces nada de lo que pretendía. Tenía Sever escondidas sus flechas en el sagrado árbol genené. Subieron veinte guerreros cunas arriba, en persecución de Sever, pero éste los mató a todos y se retiró a su bohío, situado en los nacimientos del Atrato, durante ocho días y noches de camino, ya que Sever, viajaba lo mismo de noche que de día. Por espacio de un mes, dedicose a construir abundante material de guerra, consistente en arcos y flechas. Bien pertrechado de éstas sus armas favoritas, volvió de nuevo contra los cunas, mató de noche a todos los habitantes de un gran bohío y se volvió a las cabeceras del Atrato. Caragabí enseñó a Sever a construir canoas y, sobre todo, le ayudó a fabricar una magnífica del árbol sagrado genené, en la cual se fue por el Atrato abajo, acompañado de sus cinco hijos, a presentar pelea a los Cunas; los venció sin dificultad y con rico botín remontó de nuevo el río hasta sus nacederos. Un mes más tarde, Sever y sus hijos, bien equipados, emprendieron nueva expedición guerrera contra los cunas y bajando por el Atrato, alcanzaron a ver no menos de veinte canoas de los cunas que subían por el gran río. Entablada la lucha, salieron vencedores Sever y sus hijos, y en la misteriosa canoa se restituyeron como por ensalmo a su bohío. En la expedición siguiente se encontraron con los cunas, que subían a bordo de veinticinco canoas. Esta vez los cunas pudieron ufanarse de haber dado muerte al tercer hijo de Sever, de nombre Chiano, a quien su padre mandó atisbar a los enemigos a un cañaflechazo, en donde estaban escondidos, preparando una escaramuza. Mucho sintió Sever la pérdida del hijo, y en un arrebato de cólera, incendió el cañaflechal y obligó a los cunas a salir a las playas del Atrato, donde fueron aniquilados. Sever arrancó todos los dientes a los cunas, los ensartó en una pita, y los colgó alrededor de su bohío. Cuando aquellos dientes por sí solos se movían y sonaban, como diminutas campanillas, era señal de que Sever y los suyos vencerían en nueva asonada a los cunas.
Salió Emágay, hijo menor de Sever, a cazar a las márgenes del Atrato. Reconociéronle los cunas y le persiguieron a flechazos, hiriéndole en el costado. Emágay arrancó al instante la flecha envenenada y corrió a casa, pero fatigado en el camino, se refugió entre las raíces de un árbol llamado comba, donde le alcanzaron los cunas. Hubo entonces dos opiniones sobre lo que había de hacer de Emágay: unos decían que eran necesario acabar con él; otros eran del sentir que debían reservarlo como rehén. Esta segunda opinión prevaleció.
Sever, preocupado por la tardanza de su hijo, salió a buscarlo y halló rastros de sangre. Sospechó que los cunas se habrían ensañado en su hijo, y dándolo por cierto, juró vengarle con las más terribles represalias.
Presentóse Sever armado en el poblado de los cunas, donde supo que se hallaba Emágay prisionero. Aprovechándose de la noche que para Sever era como el día, incendió quince bohíos. Los cunas, según iba el incendio apoderándose de sus casas pajizas, se retiraban como Emágay. El capitán de los cunas era partidario de sacrificar allí mismo al prisionero en venganza contra el osado Sever, pero el pueblo no se lo permitió. Cada cuatro días se repetían los altercados entre el capitán y el pueblo, acerca de Emágay. Harto veía el cautivo los esfuerzos del caudillo cuna por perderle. Calculando la cólera y el despecho del capitán, Emágay resueltamente le desafió, y ambos contendientes se aprestaron para el duelo a muerto. Nunca en ello conviniera el caudillo de los cunas, de haber sabido que Sever y sus hijos fueron amaestrados en el mundo del arco por el propio Caragabí. Con la rapidez del rayo la flecha que Emágay puso en el arco, atravesó al guerrero cuna, el cual se desplomó inerte para no despertarse más.
El agilísimo Emágay, aprovechando el espanto y desconcierto de los cunas por la muerte de su capitán, huyó de en medio de ellos y emprendió el regreso a su casa. Verdad es que salieron en su persecución, pero Emágay hurtaba el cuerpo a todas las flechas enemigas y, al llegar la noche se desquitaba sobradamente el fugitivo, pues que para él era la noche lo mismo que el día, al paso que los cunas hubieron de renunciar a la empresa de darle alcance.
Al llegar Emágay a la casa paterna, Sever y sus hijos celebraron en su honor una fiesta familiar y ritual, con inusitada pompa y fiesta, por que ya habían perdido toda esperanza de verle vivo.

Colombia - Mito Catío - Origen demonio Antomiá


Los Catíos, que habitan actualmente el occidente de Antioquia, pertenece a la comunidad de los Chocó, y el hecho de que sean conocidos con el nombre de la antigua tribu Catía se debe probablemente a que vinieron en siglos posteriores a ocupar su región. Este mito sobre el demonio Antomiá fue tomado y adaptado de la obra Mitología Americana, del R.P. Mariano Izquierdo, C.M.F.:
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Entre los seres creados en un principio por Caragabí, distinguíase por sus excelentes cualidades, Antomía, que es el demonio. Aseguran que Antomía en sus principios era bueno, pero dejó de serlo desde un día que Caragabí se embriagó y se quedó desnudo. Visto esto por Antomiá y se burló de él a todo su sabor con algunos compañeros. Cuando Caragabí volvió en sí y supo lo ocurrido, convirtió en demonios a Antomiá y a sus compañeros, y los precipitó en el Edaa (infierno), que está situado dentro de la tierra, y atrancó la puerta para que no pudieran salir de allí. En otra ocasión, llevado de diabólico orgullo, Antomiá desafió un día a Caragabí a que era tan sabio como él. Quiso también hacer gente como Caragabí. Sorprendióle un día Caragabí trabajando afanoso en la creación de su gente, que no eran sino diablos, y le preguntó:
- ¿Qué estás haciendo?
Antomiá no quiso contestar. De nuevo Caragabí le preguntó de nuevo:
- ¿Qué es lo que estás haciendo?
Esta vez malhumorado:
- Estoy haciendo perros.
Antomiá desafió a Caragabí, pero salió vencido en la pelea, pero él y todos los suyos fueron convertidos en perros por Caragabí, y arrojados aullando a los infiernos (Edaa).

Colombia - Mito Catío - Origen del agua


Los Catíos, que habitan actualmente el occidente de Antioquia, pertenece a la comunidad de los Chocó, y el hecho de que sean conocidos con el nombre de la antigua tribu Catía se debe probablemente a que vinieron en siglos posteriores a ocupar su región. Este mito sobre el Árbol Generé fue tomado y adaptado de la obra Mitología Americana, del R.P. Mariano Izquierdo, C.M.F.:
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Fue Tatzitzetze, el dios supremo, quien creó todos los elementos y los primeros seres. Pero Caragabí fue el ordenador y plasmador de los seres que pueblan la tierra.
Aunque el mundo de Caragabí era sobremanera hermoso, para envidia de Tutruicá, tenía, sin embargo, un grave defecto: le faltaba el agua. El propio dios sentía mucha necesidad de ese elemento. Tres veces soñó que había agua en el mundo, pero ignoraba el punto fijo donde estaba depositada. Tenía Caragabí una paloma que andaba solícita en busca de agua para su dueño y al fin la consiguió, pero no en este mundo sino en otro cuyo soberano se llamaba Orré. Caragabí soñó insistentemente que había agua en este mundo.
Una vez vio en sueños Caragabí un árbol inmensamente grande, llamado generé y le pareció que el agua estaba encerrada dentro de él.
Consideró Caragabí que era necesario derribar el árbol generé para abastecer de agua al mundo. Fabricadas unas hachas de durísima piedra, fue Caragabí con todos sus peones a derriban el generé, pero les sobrevino la noche sin haber logrado su intento. Volvieron al día siguiente a proseguir la misma faena y vieron que el árbol misterioso no tenía ninguna señal de haberse trabajado sobre él en el día anterior. Acuciados por la necesidad de obtener el agua, empezaron con mayor fuerza y tesón el derribo del árbol. Todo el día trabajaron por turnos, sin cesar. Ya llegaba la noche y aun les faltaba mucho para derribar el inmenso generé. Entonces Caragabí, frotándose las manos, produjo una luz clarísima que iluminó alrededor del árbol, por lo cual pudieron seguir trabajando toda la noche. Al tercer día, como a media mañana, acabaron de cortar el árbol. No por esto quedaron vencidas todas las dificultades. Generé quedó enredado en multitud de bejucos que impidieron que se derribara en tierra y vertiera sobre el mundo sus aguas fertilizadoras. Caragabí en aquel nuevo conflicto, llamó a diversos animalitos (que por entonces aun eran seres racionales) y los mandó que se encaramaran por las ramas de genené a fin de cortar y desenredar los bejucos que impedían caer el árbol tronzado. Al brotar del genené las aguas, se inundó toda la tierra, sus ondas arrastraron a todos los vivientes, menos a Caragabí y a diez personas más que se salvaron en una elevada peña, a donde no alcanzaron las aguas. Un año duró la inundación, al cabo del cual Caragabí mandó a una garza que averiguara si había quedado algún paraje bueno para vivir. La garza halló mucho pescado y cebada en tan buen alimento que no se cuidó de volver. Mandó luego un gallinazo o zamuro, el cual tampoco volvió por haberse quedado comiendo peces muertos. Envió en tercer lugar un patogujo o pato del monte, el cual se entretuvo comiendo un pescado que llaman guacuco, muy de su gusto, sin acordarse de cumplir tampoco el mandato de Caragabí. Burlado por todos los emisarios, el divino señor de la tierra hizo valer su poder omnipotente. Escupió dos veces en el suelo y cubrió la saliva con una totuma, y en seguida, la saliva se convirtió en una blanquísima paloma y ésta fue la fiel mensajera que trajo a Caragabí de lo que se quedaron haciendo los precedentes emisarios, y la que dio con el lugar ameno y seco que podía ser habitado por los sobrevivientes de aquel diluvio. Al momento Caragabí y las diez personas salvadas, abandonaron la peña y se trasladaron al delicioso lugar que les indicara la paloma.
De la inmensa concavidad de genené procede el mar; de sus ramas, los ríos; de sus brotes, los riachuelos y arroyos; y de sus renuevos más pequeños, los charcos. El tronco de este árbol genené existe todavía pero en un lugar desconocido. A sus cuatro lados hay otros tantos cirios encendidos de una piedra durísima, llamada mompahuará, los cuales arderán hasta el fin del mundo. Cuando llegue el fin de los siglos, de aquellos pétreos cirios se originará un río de fuego, que irá siempre en aumento, desbordándose por doquiera, y arrasando todo el mundo, hasta acabar cuanto ahora existe, y entonces existirá. Con eso se renovará toda la faz de la tierra, quedando incomparablemente hermosa, para ser la definitiva morada de Caragabí con todos los que hubieren ido subiendo a poblar el cielo.

Colombia - Mito Catío - Origen dioses Caragabí y Tutruicá


Los Catíos, que habitan actualmente el occidente de Antioquia, pertenece a la comunidad de los Chocó, y el hecho de que sean conocidos con el nombre de la antigua tribu Catía se debe probablemente a que vinieron en siglos posteriores a ocupar su región. Este mito sobre los dioses Caragabí y Tutruicá fue tomado y adaptado de la obra Mitología Americana, del R.P. Mariano Izquierdo, C.M.F.:
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Sobre el mundo terrestre reinaba feliz Caragabí, después que se hizo independiente de Tatzitzetze, que lo había creado. Muy ajeno estaba Caragabí de creer que existiese en uno de los cuatro mundos inferiores al suyo otro dios no inferior a él en excelencia y poder. Tutruicá era el dios del mundo que hay, no dentro de la tierra sino debajo de ella. Tutruicá no recibió de nadie la existencia. En eso es semejante a Tatzitzetze pero Caragabí no se considera inferior a ninguna divinidad pues recibió todo el poder y toda la sabiduría de Tatzitzetze y hasta llegó a prevalecer sobre él.
Caragabí y Tutruicá vivieron mucho tiempo sin conocerse uno al otro. Cierto día, el dios de arriba divisó desde la región del aire un globo envuelto en sombras, suspendido en otra región por debajo de la tierra, y descendió a ver lo que era. Entonces Caragabí se encontró con un personaje yábea, es decir, contemporáneo, el cual era dueño de Armucurá, que era el mundo inferior y próximo a la tierra.
- ¿Quién eres tú?- preguntó Caragabí.
- Yo soy Tutruicá- contestó el yábea, el dios de abajo.
- ¿Eres nacido?
- No, resulté solo, nadie me hizo. Y tú ¿cómo naciste?
- Yo nací de la saliva de Tatzitzetze. Por eso me honro de tener a tan soberano progenitor.
- Pues lo que es yo no tengo ningún antepasado y en eso cifro mi honra y mi superioridad a ti.
Entonces Caragabí habló así al yábea:
- Vamos a probarnos mutuamente si somos dioses.
- Convenido. Yo trabajaré el barro, dijo Tutruicá.
- Pues yo labraré la dura piedra – repuso Caragabí.
Acabado este diálogo, cada cual se fue a su mundo como dos artistas a su taller.
Pasado como un año, Caragabí dio comienzo a su obra, esculpiendo en la dura piedra mompahuará dos estatuas, con intención de darles vida y convertirlas en personas. Tan pronto como las acabó, soploles en las extremidades de los pies y manos, y en la frente, con lo que les entró la vida. Las efigies abrieron los ojos y sonrieron pero no pudieron levantarse ni tampoco hablaban.
Mucho mayor éxito tuvo Tutruicá, el cual hizo de barro dos grandes muñecos, les sopló en la frente e hizo de ellos al primer hombre y a la primera mujer que habitaron en el Armucurá, donde todos los moradores son inmortales.
Supo Caragabí que su contemporáneo había hecho de barro dos muñecos, que, no sólo miraban y sonreían sino que se movían, andaban y hablaban. Con gran avidez mandó Caragabí un mensajero a Tutruicá, preguntándole cómo se las había arreglado para hacer una creación tan perfecta. Tutruicá dio respuesta desdeñosa e insultante a Caragabí. Le trató de idiota y le motejó de dios creado. Caragabí, vencido por Tutruicá en la obra de sus manos, se encolerizó en extremo, cuando oyó los insultos del yábea y corrió contra él, provisto de un largo lazo, con ánimo de ahorcarle. Desde lejos le enlazó con arte magistral, pero Tutruicá sujetó con tal fuerza el lazo escurridizo que enojado Caragabí hubo que reconocer mal de su agrado, que tampoco por la fuerza podría vencer a su contrincante. Con esta prueba quedaron ambos convencidos de su igualdad de fuerza.
Si en esta ocasión hubiera vencido Tutruicá, habría quedado dueño de ambos mundos, y todos los moradores de la tierra habríamos gozado de inmortalidad como los habitantes de Armucurá.
Otro día, Caragabí, calmado de su enojo, consideró que debía mandar otro mensaje a Tutruicá, rogándole que le enseñara cómo había él formado tan perfectas criaturas. Tutruicá se negó por segunda vez.
De allí a algunos días, se compadeció Tutruicá de Caragabí por que no podía crear al hombre con la debida perfección y le mandó a decir que no hiciera al hombre de piedra sino de barro. Humillóse Caragabí a obedecer esta insinuación de Tutruicá y mandó un tercer mensajero a pedir al yábea un pedacito de su barro, siquiera como la lengua de una paloma. El dios de abajo complació esta vez al dios de arriba, enviándole lo que pedía, y aquel minúsculo pedacito de barro creció tanto en manos de Caragabí, que bastó para formar la efigie de un hombre. Se sacó Caragabí un pedacito de costilla y con ella sopló al gran muñeco en las extremidades y en la frente, y en seguida la introdujo dentro de la efigie, la cual, al punto se transformó en un hombre, que se puso de pie y veía, sonreía, andaba y hablaba con perfección. Caragabí se alegró mucho de su obra y le mandó que se arrodillara para darle la bendición.
Hecho esto, Caragabí se fue a recorrer el mundo. Pasados diez años pensó en darle compañera al hombre que había formado. Para ello mandó nuevo mensajero a Tutruicá pidiéndole otro poco de barro, por que la primera cantidad se le había perdido. Tutruicá creyó en este engaño y le mandó una cantidad semejante a la primera. Con ese barro hizo Caragabí una figura de mujer, por semejante procedimiento que siguió al formar al hombre. Para darle vida, quitó al hombre la primera costilla del lado derecho y con ella sopló a la efigie, introduciéndosela cuidadosamente, y he aquí que la efigie se animó, el barro cobró aspecto humano, y resultó una encantadora mujer. Al verla con vida e inteligencia perfectas, se alegró sobre manera el corazón de Caragabí.
Por virtud de las sendas costillas introducidas en ambas efigies, se les quitó la pesantez propia del barro.
Tutruicá que no despreciaba oportunidad para buscar reparos en todas las obras de Caragabí, viéndole tan alegre y satisfecho por la creación del primer hombre y la primera mujer, quiso zaherirle que, al fin y al cabo, los hombres que había hecho eran mortales. A lo cual repuso Caragabí: “no importa, después de la muerte, yo recogeré sus almas y las llevaré al cielo, donde serán inmortales.”

Colombia - Mito Catío - Orígenes del mundo

Los Catíos, que habitan actualmente el occidente de Antioquia, pertenece a la comunidad de los Chocó, y el hecho de que sean conocidos con el nombre de la antigua tribu Catía se debe probablemente a que vinieron en siglos posteriores a ocupar su región. Este mito sobre Los orígenes del mundo fue tomado y adaptado de la obra Mitología Americana, del R.P. Mariano Izquierdo, C.M.F.:
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De la saliva de Tatzitzetze brotó el dios de la tierra llamado Caragabí a quien atribuyeron suma sabiduría no adquirida con el estudio sino infusa. Caragabí se rebeló contra su padre y le derrotó, adueñándose entonces de la tierra. Dicen que sobre el mundo que habitamos hay otros cuatro mundos e igual número debajo de él, cada uno con sus respectivos dioses. Pero solamente conocen de esos dioses a Tutruicá, dios de uno de los mundos que están situados debajo del nuestro. Ese conocimiento se originó de una lucha que sostuvieron Caragabí y Tutruicá, en la cual ninguno de los salió vencedor. El mundo de Tutruicá llámase Armucurá y está poblado por habitantes inmortales. Porque, cuando ya se van haciendo viejos, su dios les echa agua azul en la cabeza y rejuvenecen.

Colombia - Mito Chibcha - Espíritu


Los Chibchas o Muiscas, son un pueblo amerindio perteneciente a la familia lingüística chibcha que habitaron las riberas del río Magdalena, cerca de Bogotá, Colombia. En el pasado ocupaban parte de la actual Panamá y los altiplanos de la cordillera Oriental de Colombia. El siguiente mito sobre el la Gran Sombra fue tomado y adaptado de la obra Mitología Americana, del R.P. Mariano Izquierdo, C.M.F.
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En el principio del mundo hizo su aparición en la tierra, a la banda izquierda del anchuroso Magdalena, una gran sombra, como de forma humana, que permaneció tendida sobre el suelo. Durante algunos días, el misterioso espectro, a quien los muzos en su idioma llamaron are se ocupó en labrar en madera varias figuras de hombres y mujeres. Cuando hubo concluido su trabajo, echólas a la orilla del río, y luego al punto quedaron animadas las figuras, se agitaron llenas de vida y salieron del agua los hombres y mujeres radiantes de juventud. La sombra creadora los distribuyó en parejas y los dispersó para que cultivasen la tierra. Formados ya los primeros padres de los indios, la sombra viva desapareció.

lunes, 2 de marzo de 2009

Argentina - Mito Tehuelche - Creación

Los tehuelches se dividen en dos grandes grupos: los del Norte y los del Sur. Los primeros vivían en una amplia área desde el río Chubut en la Patagonia, Argentina, hasta la región pampeana incluida; los segundos tenían sus territorios tradicionales al sur del río Chubut, hasta el Estrecho de Magallanes. Este mito tehuelche fue tomado y adaptado de la web page de La Leyenda:
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El que siempre existió vivía rodeado por densas y oscuras neblinas allí donde se juntan el cielo y el mar, hasta que un día, pensando en su terrible soledad, lloró y lloró por un tiempo incontable... y así sus lagrimas formaron a Arrok, el mar primitivo... El eterno Kóoch al advertirlo dejó de llorar, y suspiró... Y su suspiro fue el principio del viento... Entonces Kóoch quiso contemplar la creación: se alejó en el espacio, alzó su mano y de ella brotó una enorme chispa luminosa que rasgó las tinieblas. Había nacido el Sol.
Con él la sagrada creación tuvo la primera luz y el primer fuego, y con él nacieron las nubes...
Y los tres elementos del espacio armonizaron entonces su fuerzas para admirar y proteger a la tierra de la vida perecedera que Kóoch había hecho surgir de las aguas primeras.
Andando el tiempo Elal, el héroe-dios, el nacido de la Nube cautiva y el cruel gigante Nóshtex, creó a los Chónek (hombres) de la raza tehuelche en las tierras del Chaltén... y fue su organizador, protector y guía.
Y entre otras muchas cosas, como Elal viera que sus criaturas tenían frío y oscuridad, cuando el Sol no estaba en el Cielo, les enseño a hacer fuego, el mismo que les permitiera vencer a la nieve y al frío en las laderas del Chaltén, el que brota cuando golpean ciertas piedras... Dicen que a partir de entonces los tehuelches ya no temieron a la oscuridad ni a las heladas porque eran dueños del secreto del fuego, y el fuego era sagrado para ellos porque se los había dado su padre creador...